La determinación provisional del ‘en sí’ transfenoménico
En el “Ser y la nada” de J.P. Sartre
I
No es fácil emprender la lectura de este ensayo de J.P. Sartre publicado en 1943, no sólo por la envergadura de la obra, sino porque propone algo intrincadísimo para el lenguaje filosófico “tradicional”: realizar una ontología fenomenológica (como reza el subtítulo del libro[1]).
Sartre se propone explicar esta enigmática propuesta en las primeras 34 páginas del libro (la introducción): mostrar cómo este ensayo fenomenológico es ontología es mostrar la conexión entre ser y fenómeno. A esto lo denomina “la determinación provisional del ser en sí” (transfenoménico) y corresponde a la determinación de un “prius” o “a priori” necesario para sustentar cualquier intento metafísico-ontológico. Dicho de otra manera, se trata de la justificación radical de esta propuesta filosófica y desde aquí se levanta la arquitectura de toda la obra.
II
Algo que ha conquistado definitivamente la filosofía es que el busilis del problema onto-crítico está en que no hay cosas si no nos damos cuenta de que las hay. Lo que haya que negar o conceder en este asunto fundamental decide el predominio histórico-filosófico de una concepción u otra. A este “terreno fundamental” lo llamaremos “ontológico”, concediendo que entre lo ontológico y lo crítico no existe prioridad de ninguna clase:
“Si toda metafísica, en efecto, supone una teoría del conocimiento, en cambio, toda teoría del conocimiento supone una metafísica”. (E.N. pág. 17).
La fenomenología se sitúa en este contexto proponiéndose a sí misma como un método para llegar a las cosas mismas, esto es, a su más íntima y pura realidad. Pero en este método –que Sartre asume—se hallan rezumados ciertos postulados establecidos por las ontologías anteriores.
Dos postulados son asumidos sin objeción: a.- que hay cosas si las cosas son y b.- que una cosa sea tiene sentido si se muestra. Son dos axiomas que vertebran la historia del pensamiento filosófico occidental, reafirmando que la realidad se halla en el ser de lo que es (el ente) y que el camino que nos conduce a ella y nos sumerge en ella es su mostrarse (jαinhsqαi). En definitiva si nada se muestra, nada es, no hay nada. Lo real se muestra siendo. Sobre esta plataforma común se levanta la tesis diferenciadora de la fenomenología acotando la idea de fenómeno, pues fenómeno es lo que aparece. La apariencia, la ob-jetividad del fenómeno, es toda la realidad de la cosa (p. 13 E. N).
“El ser del existente es, precisamente, lo que aparece” <ce quil parait>. (E.N. pag. 12)
Se trata de una tesis novedosa respecto de las históricamente precedentes, como el realismo y el idealismo en todas sus acepciones, en tanto nada queda antepuesto al fenómeno, ni una esencia ni una potencia ni un noúmeno. Todo lo que es se reduce al fenómeno y si no es fenómeno simplemente no es. Sartre pretende así superar los dualismos del sujeto-objeto y los privilegios dualísticos del realismo “cosista” que atribuye la realidad a una sustancia poseedora de autonomía existencial “extra animam” y del idealismo “subjetivista” que atribuye la realidad fundamental al sujeto, sin el cual las cosas “objetos” no serían. El fenómeno (‘lo que aparece’) queda propuesto como vía superadora del problema onto-crítico. Pero ¿puede el fenómeno responder por sí mismo suficientemente al problema de lo real, al ser de lo que es?
Habría que someter al fenómeno a una pequeña prueba, a cierto análisis previo para descubrir su alcance como vía de resolución ontológica. Esto es precisamente lo que se teje en la introducción del “El ser y la nada”, llamada con justicia “en busca del ser”. Allí se topa uno con “giros” un tanto laberínticos; tres de los cuales sería conveniente resaltar para recabar bien la cuestión:
a.- “Lo que es equivale a decir existente”; existente como una piedra, un libro o un árbol. El existente no es algo que tiene el poder de mostrarse, antes bien, consiste en mostrarse, consiste en aparecer. A esto se lo llama “fenómeno”; fenómeno que se agota en su aparecer, sin manifestar nada trascendente (circunscribiendo así el campo de lo óntico).
b.- Ahora, si el existente es fenómeno, el “ser del fenómeno” es aparición de ser. No como un ser que se reparte proporcionalmente entre los existentes, porque el existente fenoménico sólo da cuenta de sí; el ser del fenómeno en sí mismo se devela como condición de toda develación (p.16) y que Sartre denomina “fenómeno de ser”, que no es otra cosa que el “ser del aparecer” válido para todo fenómeno. Fenómeno de ser no es exactamente el ser del fenómeno, o sea, del que aparece, sino del aparecer mismo. Fenómeno de ser apunta al sentido o razón de ser de los fenómenos y del cual tenemos ‘a fortiori’ una “intuición relevante” (p.16) o como dice Sartre (en lenguaje heideggeriano) una “comprensión pre-ontológica” (p.32).
c.- Pero todo fenómeno se constituye en relación a aquello ante quien aparece: la conciencia. Esta relación no significa reducir “el ser del fenómeno” al “ser de conciencia”, porque ella misma niega – en su vaciedad entitativa – dicha posibilidad.
“Es lo que se ha llamado la prueba ontológica: la conciencia nace conducida sobre un ser que no es ella misma”. (E. N.pag. 30)
Puesto que la conciencia es siempre conciencia de algo trascendente. De donde se ve que frente al fenómeno relativo-absoluto (relativo porque exige alguien a quien aparecer; absoluto porque se devela sin ir más allá de sí mismo) la conciencia es trascendente y también absoluta en tanto todo está fuera de ella; ni siquiera es relativa a la experiencia, ella es experiencia misma. Sin contenido no puede ser anterior a él. Pero el contenido es apariencia. De donde la existencia de la conciencia no es nada sustantivo, es mera apariencia. Y al no poder dar (la conciencia) el ser que no tiene a lo percibido (que aparece) y así fundarlo ontológicamente, vemos que lo que aparece exige un ser transfenoménico del fenómeno, en el cual se funda y que haga que una mesa que soporta libros sea muy distinta de una mesa en la conciencia, aunque el “ser del fenómeno” sea sólo aparición. Lo que aparece exige un ser transfenoménico.
“El primer paso de una filosofía ha de ser pues, expulsar s cosas de la conciencia y restablecer la verdadera elación entre esto y el mundo” . (E.N. pag.18)
Ahora podemos retomar la pregunta inicialmente formulada: ¿puede el fenómeno resolver el problema ontológico de lo real?, lo que se trasunta en preguntar ¿cómo se alcanza el ser desde la pura apariencia? Se trata de fundar la validez ontológica del fenómeno y al mismo tiempo fundar ontológicamente el conocimiento. (Ver págs. 16 y 31)
III
El nudo de este problema lo encontraremos en una enigmática fórmula que Sartre presenta:
“La conciencia es un ser cuya existencia pone la esencia e inversamente, es conciencia de un ser cuya esencia implica la existencia, es decir, cuya apariencia exige ser”.
(E.N.pag.31)
Que la existencia de la conciencia implique su esencia – ya lo hemos dicho – significa que la conciencia no posee su contenido y por tanto no es posible que sea antes de ser conciencia de algo; algo que no es ella misma. Para que haya esencia de amargo es preciso que exista conciencia de amargo. Con esto se afirma decididamente que la trascendencia de la conciencia es el elemento fundamental de su constitución. Lo que redunda en que eso otro (más allá de la conciencia) no se agota en ser objeto de conciencia, sino que “tiene” un ser que se “da” como existente “ya” cuando es revelado por la conciencia: se trata del ser “transfenoménico” o “transfenomenal” de lo que aparece. Es el ser en sí de lo fenoménico, exigido por la índole propia del fenómeno (y por la índole de la conciencia), aunque no esté más allá de la percepción. La idea es clara: la estructura del aparecer conlleva algo que de suyo no se agota en ser fenoménico.
Pero entendamos bien lo que aquí se dice. No es que “haya” algo antes de la conciencia de ese algo, porque el ser en sí transfenoménico del que hablamos no es el ser en general. Hablamos del ser transfenoménico del ser de los fenómenos, circunscritos al fenómeno y sólo eso. De modo que lo que Sartre nos señala con la determinación provisional del en sí transfenoménico es el fundamento ontológico del fenómeno. Este es el tema del “Ser y la nada” (E.N.). Hemos alcanzado lo absoluto del fenómeno: lo ontológico. Hemos alcanzado justamente el tema de la ontología fenomenológica.
El fenómeno es el eje que articula la dinámica de lo real, una dinámica pendular entre dos regiones del ser exigidas por “lo que aparece”; regiones que categorizan la ontología sartreana: por un lado el ser en sí y por otro el para-sí (de la conciencia). La llave para desentrañar el misterio que incomunica estas regiones ontológicas es el fenómeno, el que al mostrarse hace patente el fenómeno de ser a la conciencia, abriendo con ello el rumbo fenomenológico del pensamiento metafísico de Sartre. Así escribe en la Introducción:
“La ontología sería la descripción del fenómeno de ser tal como se manifiesta”. (E.N. pag.15)
A final de cuentas lo alcanzado es bastante simple: sin la determinación provisional del ser en sí transfenoménico el fenómeno quedaría abandonado a una dimensión meramente psicológica, sin un fundamento que lo capacite para ser vía de interpretación de la realidad.
“La conciencia puede siempre sobrepasar al existente, no hacia su ser sino hacia el sentido del ser. Por eso se la puede llamar ”óntico-ontológica’, pues una característica fundamental de su trascendencia es la de trascender lo óntico hacia lo ontológico”
(E. N.pag.32)
[1] J.P. Sartre. L’etre et le nèant. Essai d’ontologie phénomenologique. Ed Gallimard. 1943 692 págs.
Pero obvio!!