La verdad en la inteligencia mítica
Carlos Zárraga Olavarría
La realidad es el lugar de “cohabitación” del hombre y las cosas; realidad verdadera, aparente, ficticia, onírica, lógica, ilusoria e incluso irreal, todo ello es realidad. El problema ha sido y es saber definir con claridad la verdadera realidad y la realidad de su verdad. Esto, por cierto, constituye un problema para la inteligencia, pero nuestro trato con las cosas reales no es primeramente un asunto teórico que se resuelva en un noema intelectual, sino que ya estamos mucho antes en la realidad sintiéndola, viviéndola, experienciándola, sin expresión temática de lo que verdaderamente son las cosas (in actu signato), sino que interactuando con ellas ejecutamos las funciones que nos ofrecen las cosas (in actu excercito). Las cosas producen dolor o placer, sirven, valen, posibilitan, obstaculizan, se sienten, vienen y se van, llamadas así en la antigüedad “ta prágmata” (τα πραγματα) y que podríamos traducir hoy por “asuntos”, de dónde al parecer proviene el sentido de la palabra “cosas”, como casos o causas que ocupan nuestro diario vivir. A primera vista las cosas no son ni constituyen un problema teórico, sino que se sienten en su dinámica propia, sus funciones y operaciones; las cosas primariamente se viven y nos “aprobleman” en la vida como un dolor de estómago o una dificultad económica.
La primera forma de verdad no es una develación del ser de una cosa, sino algo anterior. El hombre entra en “trato” con las cosas, se las “ha” con las cosas, ha de “habérselas” con ellas, como un manejo en el que el hombre, a su vez, se maneja a sí mismo entre las cosas, con las cosas, desde y hacia las cosas, so pena de quedar perdido entre ellas. Se habla, entonces, de la nuda realidad y no de la realidad des-nuda, en un compromiso, como se ha dicho a veces, vivencial y práctico y no teórico o teorético. Las cosas originariamente no están a las vista (das Vorhandenen) sino que a la mano (das Zuhandenen).
Lo extraño, pues, no proviene del ocultamiento de las cosas, sino de la resistencia que ofrecen en su trato. Saber, primigenia y primitivamente, es un acto de comunión armónica con las cosas del entorno; consiste en saber cómo funcionan. Aprender a manejar las manos o a caminar sólo se aprende manipulando o caminando, en una repetición cuyo sentido se consigue cuando la ejecución del acto “funciona”. Por ello el lenguaje antes que significar posee una función ejecutiva, sirve para hacer cosas, para hacer vivible la vida, pues en eso se trasunta primariamente la verdad; la que a su vez es transmitida a través de relatos que enseñan cómo vivir, sin entrar en la lógica de las explicaciones, sin argumentos ni demostraciones.
El vehículo utilizado para transmitir estas verdades son simples relatos que narran el acontecer de las cosas y que la historia conoce como “mitos” (μυθος). El mito es un relato con fuerza de verdad que no sólo narra un acontecimiento, sino que además conlleva la fórmula para hacer más vivible la vida. El mito es un relato, no una explicación causal lógico-demostrativa susceptible de discusión. El mito vehicula una verdad atesorada en la memoria colectiva de los pueblos y ha de ser creído para ser aceptado como válido. El mito representa la primera actitud metafísica humana, común a todas las culturas; representa la forma primera y primitiva de verdad. Y no coincide con la versión peyorativa racional que los presenta como “relatos fabulados y ficticios sin base real”. La inteligencia mítica constituye el primer diseño de la inteligencia, el primer nivel de cohabitación del hombre y las cosas.
El estudio de la inteligencia mítica que cautivó a la filosofía de la segunda mitad del siglo XX permitió asistir al nacimiento de nuestra cultura, obteniendo así un marco adecuado para calibrar con justeza nuestro actual modelo de inteligencia y comprender que no constituye un modelo “natural”, sino fruto de una decantación histórica. La razón, como modelo representativo de la inteligencia occidental, no es más que un invento — según el decir de Max Scheler –, un mero formateo diferente a la inteligencia mítica.[1]
La inteligencia o conciencia mítico-primitiva posee un carácter claramente vivencial y operativo, creencial y concreto; la verdad ha de ser vivida para ser válida y constituye el preámbulo de una fórmula ritual que ha de ejecutarse para recuperar la pureza de una originaria armonía con el cosmos, de una pureza desvirtuada con el tiempo. Mito y Rito son las dos caras de esta inteligencia primitiva, más no preterida. El mito “re-crea” una situación, un estado de pureza y perfección, un momento paradigmático y perfecto en el que todas las cosas tienen su sentido. Sentido que el hombre parece haber perdido en el transcurso de los tiempos. Por eso el mito ofrece un acto de “comunión o fusión”, de “re-encuentro” con la verdad perdida y distante, una verdad enmarañada por el pasar de los tiempos. El mito es una reminiscencia de lo que fueron las cosas “in illo tempore”. Entender es en este mundo de cosas “aceptar, confiar, asentir, re-vivir”.
El relato mítico no es cuestionado, no se solicita prueba ni análisis de lo que se narra. El fundamento de su aceptabilidad o credibilidad es triple: a.) Porque funcionan; de hecho configuran la base de todas nuestras creencias, incluso religiosas b.) Porque suelen ser transmitidos por boca de quienes ya lo han aceptado y que poseen la memoria y la autoridad que protege el ‘status’ de las cosas vigentes, como son los ancianos, los chamanes, los sacerdotes y los protectores de la cultura, hombres de reconocida sabiduría c.) Porque los mitos relatan un momento sagrado, puro, sobrenatural, no contaminado ni deficitario ni corroído por el tiempo, en el que los personajes están revestidos con el ropaje de lo divino.
El mito ofrece un camino de vida y de salvación.
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Saludos cordiales:
Estoy empezando mi tesis de licenciatura, en filosofía, y he tomado a Zubiri como autor central. Me gustaría poder tener mayor contacto con usted y compartir mis reflexiones e investigación al respecto. Por lo pronto sigo leyendo y aprendiendo en su blog.
Gracias!
kilagr@gmail.com
querido profesor
me encanto la pagina y para que decir sus clases
soy uno de los alumnos de filosofia suyos de viña de la universidad andres bellos ( filosofia antigua ) jaja le pondre atencion a estos textos suyos, les sacare el mejor provecho posible
ya profesor saludos y nos vemos en clases
adios
Hola profesor!
Fui alumno de su clase de antropologia filosofica en Lo Contador. Pienso que su curso fue uno de los que me marcó en lo que segui. Mis proyectos los he conceptualizado a partir de la inteligencia mitica, y en como estos se comunican con el usuario.
¿En dónde puedo leer más papers suyos?
Saludos
A mi siempre me ha llamado poderosamente la atención la “inteligencia de colmena” que posee el hombre. Todos los demás están en mí; lo que piensa uno lo está pensando otro, pero “inconscientemente” como ha dicho Jung, inventando así aquella famosa expresión “inconsciente colectivo”. Una forma de “estar en la realidad” es estar inconscientemente, conectados al anónimo “Gran Servidor” de la Cultura, hoy manejado por las grandes redes de comunicación (La Web). Red que sirve además de Oráculo en la actualidad. Pero esto siempre ha sido así. No sólo tenemos una inteligencia de colmena sino que además tenemos una “inteligencia atávica”, pues nuestras más íntimas figuraciones del mundo y de nosotros mismos las tomamos de este pasado que pervive en nosotros inconscientemente revestido con el ropaje del mito. La más original y fresca de las ideas responde con toda seguridad a paradigmas míticos atávicamente enraizados en una anónima mentalidad universal que sirve de cauce a todas las inteligencias. Notables arqueólogos de estos mitos han sido Mircea Elíade, Campbell, Frazer …
Czárraga