DIMENSIÓN TEOLOGAL DEL HOMBRE: FUNCIÓN TRASCENDENTAL Y REALIDAD PERSONAL EN XAVIER ZUBIRI

DIMENSIÓN DEL HOMBRE: FUNCIÓN TRASCENDENTAL Y REALIDAD PERSONAL EN XAVIER

Por: Diana Jessica Gálvez Rodríguez

 

Estamos obligados a existir porque,

previamente, estamos religados a lo que

nos hace existir. Este vínculo ontológico

 del ser humano es <<>>

NHD P.428

 

Introducción 

La naturaleza de este trabajo comprende un intento, breve e introductorio, de abordar parte de la filosofía de Xavier Zubiri mediante su propuesta de religación  vista como la estructura de la función trascendental de la realidad personal y como respuesta a la dimensión teologal del hombre1. Dicho análisis invita a un previo entendimiento de conceptos clave como realidad, trascendentalidad y personeidad, términos que Zubiri retomó de una larga tradición filosófica, pero que imprimió en ellos, a su vez, novedosas características fundadoras de su sistema.

Exponer la relación y definición de dichos conceptos (realidad, trascendentalidad y personeidad), para poder argumentar cómo es que ellos participan del sentido de la religación, es con la finalidad de captar hasta qué punto la filosofía zubiriana puede resultar vigente en una nueva apertura y diálogo con la realidad. Realidad que toma de suyo la libertad en la realización del ser en la realidad.  

Dicho lo anterior, dividiré el texto en cuatro apartados. El primero comprende la significación de la realidad y su modo de intelección. Se expondrá la importancia del estudio de la realidad mediante una nueva inteligencia, la cual amplia y enriquece los modos de conocimiento: <<Saber no es raciocinar ni especular; saber es atenerse modestamente a la realidad de las cosas. (NHD 74)>>. Más allá de los conceptos clásicos de inteligencia como meros actos de juzgar, el concepto zubiriano de inteligencia Sentiente se torna como un problema vital que compete a la realidad y su actualidad. El segundo momento del trabajo corresponderá al concepto de trascendentalidad o función trascendental. Se expondrá una breve síntesis de los significados tradicionales de trascendencia y cómo es que Zubiri se aparta, de lo anteriormente convenido, para dar paso a un nuevo modo de entender lo trascendental como actualidad de la realidad en una inteligencia sentiente siempre en busca de su realización personal.  En el tercer apartado se resaltará la importancia en la distinción zubiriana entre personalidad y personeidad. Se  expondrá cómo es que se da el acto de la realización humana, la cual tiene que ver con la religación como búsqueda personal hacia Dios. Para finalizar, se retomará de manera breve el problema de la libertad dentro del concepto de religación para entender cómo es que el hombre se encuentra atado a la vida, mas no atado por la vida, sino por la realidad.

  

I.-La Realidad y su Intelección 

Cuando Zubiri afirma que: <<Lo que la filosofía estudia no es ni la objetividad ni el ser, sino la realidad en cuanto tal (NHD 15)>>, sitúa a la realidad como determinante en todos nuestros saberes y acciones. Adentrarse en el significado de la realidad es una tarea que va más allá del mero intelectualismo (entendido como un absolutismo de la razón), sino más bien compete a la intelección la cual implica una inteligencia que logra captar la actualidad de la realidad, es decir, la actualidad común entre la inteligencia y lo inteligido. Así, la propuesta zubiriana de inteligencia sentiente es la que dará cuenta de cómo el hombre capta la realidad de las cosas y, a la vez, cómo el poder de la realidad misma se manifiesta.

La siguiente cita: << La realidad no es, pues, un carácter del contenido ya concluso, sino que es formalidad ya abierta (IS 119)>> nos conduce a pensar en una realidad que acepta de suyo una mismidad numérica, es decir, no hablamos de otras realidades sino de una misma realidad en donde caben otras, y de una apertura formal que hace de ella un momento del mundo: <<Todo lo que el hombre intelige es inteligido como algo de suyo. Esta es la esencia formal de la intelección (HD 33)>>. Hablamos de una realidad que en todo momento se actualiza y se expande desde sí misma hacia las demás realidades, lo cual hace que se mantenga abierta a otras cosas y nunca se agote; una realidad infinita. Es por ello que Zubiri hablará de una realidad trascendentalmente dinámica, es decir, un movimiento en función de aquello en lo que todo coincida en lo propio de suyo y a la vez en la expansión de éste en otras cosas. Pero, además de ser realidad en sí, también es realidad en aprehensión, es decir, en la percepción de una inteligencia. La pregunta en este punto sería: ¿cómo dar cuenta de una comprensión que logre captar la realidad de las cosas?

Zubiri hará referencia a una inteligencia sentiente que posea un trayecto que va desde un punto de partida a un punto de llegada, pasando por un proceso entre ellos. Así, tenemos la aprehensión primordial de la realidad como la primera etapa de la comprensión humana, el logos como el proceso y la razón como el punto de llegada. Es, en palabras de Juan Bañon, un: <<movimiento intelectivo que va del punto a la profundidad>>1.

En la aprehensión primordial de la realidad, primer momento en la inteligencia sentiente, Zubiri fundamenta todos los demás actos en un acto simple y elemental. Se refiere a una especie de realidad compacta en la cual el hombre necesariamente se ve atraído pero sólo como mero observador. La inteligencia, en este sentido zubiriano, va más allá del mero acto de juzgar, es decir, de una inteligencia concipiente que resalta la dualidad entre el sentir y la razón. La inteligencia sentiente, en cambio, le otorga al primer acto de la comprensión humana, la aprehensión primordial, la condición de posibilidad para que se dé la razón y no que la razón domine en la intelección. << Razón no es juicio de “ser-inteligible” sino de “realidad en profundidad”. Ante todo, no hay dos seres, el ser de lo sensible y el ser de lo inteligible, sino un solo ser, el ser de lo real (IRA 166)>>.

La aprehensión primordial es un primer momento de la inteligencia humana, inmediata y accesible al sentir, en donde la realidad atrapa al sujeto y éste se ve con la necesidad de continuar un trayecto como estimulo de su maduración. Dicha maduración pertenece a la unión de los tres momentos de la inteligencia sentiente en un mismo acto de la intelección de la realidad. <<El sentir, como realidad, es la patencia real de algo. En su virtud, podemos decir que el sentir es ser de veras, esto es, el sentir es la primaria realidad de la verdad (NHD 75)>>.

El logos, segundo momento de la inteligencia Sentiente,  representa la captación de nuevos puntos que hacen más extenso el campo de realidad, es el proceso por el cual la inteligencia comienza a relacionar, nombrar y diferenciar las cosas, a partir de una dualidad en la intelección. La dualidad refiere a dos momentos de realidad que sólo es posible inteligir mediante el logos. Es decir, si la aprehensión primordial de la realidad es un primer acercamiento a la realidad compacta y puntual, puntual en cuanto a captar un primer punto de realidad, el logos vendría siendo el segundo momento al inteligir otro punto, o nuevos puntos, de la realidad a partir del primero. <<Esta segunda aprehensión ya no es aprehensión primordial de realidad. Es algo distinto: es una aprehensión que llamaré dual. Porque ciertamente se aprehende una cosa real pero es con la mirada de otra anteriormente aprehendida (IL 56)>>.

De este segundo punto, que se intelige a través del primero, se comienza a crear una unidad de realidad en la inteligencia de aquel que lo concibe al juzgar y establecer relaciones. Es así como la razón, tercera etapa y punto de llegada del proceso, es la inteligencia que se interna en la profundad del mundo. Diverge de la idea tradicional de racionalismo, va más allá de meros planteamientos de problemas, es una búsqueda constante, dinámica: <<Pues bien, la intelección de algo en su realidad profunda, es decir, la intelección racional, es lo que formalmente constituye el conocimiento (IRA P.161)>>. Es así como, a grandes rasgos, Zubiri define tres momentos de un mismo acto, el acto de intelección de la realidad.

Ahora bien, para Zubiri la distinción entre campo y mundo será donde repose la diferencia entre logos y razón. El campo se constituye por todas las cosas presentes en la aprehensión de realidad, se ubica más allá de significaciones metafísicas o conceptuales, sino más bien refiere a lo inmediatamente dado. Campo vendría siendo para Zubiri una dimensión de lo real tal y como está dada en la aprehensión misma. Considera dos tipos de campos: el campo perceptivo y el campo de realidad. Para hablar del segundo campo es necesario definir el primero, sin embargo, no es que sean dos campos distintos sino más bien dos momentos de un mismo campo.

El campo perceptivo da cuenta de la impresión de contenidos específicos en su unidad según las cosas que hay en él. Pero más allá de ser un campo de impresión de contenido especifico, es también un momento de impresión de realidad. Este momento es el campo de realidad, momento que concierne a las cosas al ser inteligidas (formalidad campal), es decir, en su formalidad de realidad en la aprehensión humana. Es la expansión y apertura de la formalidad de la realidad.

Para Zubiri el mundo vendría siendo la dimensión de profundidad del campo, es decir, la aprehensión de la realidad que lleva consigo la aprehensión del mundo (formalidad mundanal): <<Mundo es para mí la respectividad de lo real en cuanto real (HD 166). >>. Dicha respectividad  no es mera relación de relatos, sino más bien el momento de la constitución mismas de cada relato <<La respectividad remite cada cosa real a otra. (HD. 24)>>. Heidegger, influencia directa en Zubiri, consideraba que el mundo correspondía a todo lo que es unidad que determina el todo, es decir, el conjunto de todos los fenómenos y objetos de la experiencia posible, donde el Dasein pone ante-sí-mismo el mundo, configurándolo y dejándolo acaecer. Así, el mundo ya no se designará como algo contrapuesto al sujeto ni se distinguirá la dicotomía entre el mundo externo e interno.  Zubiri adoptará esa unidad pero en tanto respectividad de todas las realidades: <<Todo  lo real  meramente por ser real es  intrínseca y formalmente respectivo, es decir está presente, es actual en el mundo (HD  26). >> El mundo para Zubiri no es más que uno y único. Ir del campo al mundo (Logos a razón) es algo que no se elige, más bien viene dado por la fuerza de la realidad que nos embarca en la tarea de inteligir.

La fuerza, el poder de la realidad se manifiesta activamente al imponerse ante la sola razón, como raíz, sustento y fundamento de las cosas. Aquí, fundamento no hay que entenderlo en el contexto tradicional de la filosofía como causa última o finalidad. Ya Heidegger había señalado las inconsistencias del principio de la razón como principio supremo. La trascendencia sería para Heidegger el nuevo campo de la pregunta por la esencia del fundamento: <<Trascendencia significa: lo que pertenece, entre lo demás, a lo ya fácticamente-presente, respectivamente, al ente aumentable hasta lo incalculable>>.2

Zubiri entenderá el fundamento como la realidad que se realiza en lo fundado, es decir, un conocimiento que da cuenta de las manifestaciones de la realidad profunda. << Profundidad no es sinónimo de ultimidad. Todo lo último es naturalmente profundo, pero no todo lo profundo es lo último. La profundidad tiene grados; y esta gradación va hasta el infinito (IRA 168)>>.

 

2.-Trascendentalidad o Función Trascendental dentro del concepto de Religación 

Hasta aquí se ha intentado llevar un bosquejo de lo que Zubiri entiende por realidad, además de definir aquellos conceptos que están necesariamente implicados como: inteligencia sentiente, aprehensión primordial, logos, razón, campo, mundo, fundamento y profundidad. Ahora bien, haciendo seguimiento al lo expuesto en la introducción, el segundo concepto a desarrollar, en base a la tarea de analizar la definición de religación como la estructura de la función trascendental de la realidad personal, es el de trascendentalidad, o mejor dicho, función trascendental.

Etimológicamente el termino trascendental (del latín trans o de transcenderé, sobrepasar, superar) significa aquello que supera el limite de lo sensible, o bien, lo que está más allá del mundo sensible. Los escolásticos aplicaban dicho concepto para categorías más allá de la experiencia como: verdad, unidad, bondad y belleza. Descartes, por otro lado, afirmaba que la trascendencia, la ultimidad filosófica, se encontraba en el yo pensante. Así, lo trascendental cartesiano se definía como una abstracción mental que despojaba aquello conferido por las experiencias, capaz de trascender sus propios objetos. Más adelante, Kant aplicará dicho concepto a toda condición de posibilidad necesaria, universal y a priori, reconociendo como trascendental aquello opuesto a lo empírico, lo garante de objetividad.  

A diferencia de las posturas anteriores, Zubiri propone lo trascendental como algo determinado en virtud de una inteligencia sentiente. Es decir, si como ya vimos anteriormente la inteligencia sentiente critica el paradigma dualista entre sentir e inteligir, la trascendentalidad que propone Zubiri será en base a la actualidad de la realidad en la impresión de la realidad, es decir, en el dinamismo de la realidad que nace a partir de la admisión de nuevas realidades que se dan a partir de una aprehensión primordial de la realidad. <<Sentimos la apertura, sentimos la respectividad, sentimos la suidad, sentimos la mundanidad. El completo sentir la cosa es formalidad de realidad. El sentir mismo es entonces trascendental (IS 123) >>.

Zubiri intenta, al emplear en su filosofía la función trascendental, proponer un nuevo orden que bajo ninguna circunstancia corresponda con el propuesto por la metafísica tradicional, o mejor dicho, que no suponga dualidad o sustantividad alguna dentro de su modo de intelección, ya que, para Zubiri lo trascendental no es ser sino realidad.

La propuesta zubiriana de una metafísica sentiente verá por las exigencias filosóficas de nuestro tiempo y, por medio de la función trascendental, dará cuenta de la actualización constante de la realidad, tanto es su contenido como en su formalidad. Es así, que para que sea posible esta función trascendental, es necesario que su contenido este abierto a ser tal realidad y su formalidad este abierta a ser realidad tal.

El orden trascendental no es el orden del ser en cuanto tal sino el orden de la realidad en cuanto tal. Y esta realidad no nos es presente tan sólo  como algo que esta ahí, sino también y a una como algo en hacia; el orden trascendental nos es presente en la intrínseca y formal unidad de todos sus modos en la intelección sentiente (PTHC. 291)

Ahora bien, al definir el término de religación como la estructura de la función trascendental de la realidad personal, se está haciendo referencia a una estructura no abstracta, sino más bien a una realidad abierta que corresponde a una inteligencia sentiente que va en busca de su maduración. Esta maduración es la tendencia a una realización personal, la cual se expresa dentro de su propia experiencia de lo real. El poder de lo real nos acerca, como parte de su realización, a una fundamentalidad de lo real que, como vimos anteriormente, no es una fundamentalidad en el sentido estricto de causas o principios últimos, sino más bien, fundamentalidad en el sentido de experimentar la vida profundamente como parte ultimante de la trilogía (aprehensión primordial, logos y razón) de la inteligencia sentiente. Diego Gracia, en su ensayo Zubiri y la experiencia teologal, explica el fundamento zubiriano como algo que se impone realmente, la forma de poder que se impone, que religa. El poder de lo real es lo que fuerza a la persona a la plena realización de aquello que desea ser.    

La apelación al poder de lo real y al Dios que lo funda tiene tres dimensiones. De un lado, la realidad es aquello último, en que el hombre se apoya. La realidad es, en segundo lugar, posibilitante: es realidad es finalmente impelente: Aquello que de una o de otra manera le empuja precisamente a vivir. (PTHC. 78).

Para Zubiri la religación es aquella condición posibilitante de la religión o, más aún, la religión es la plasmación de la religación. <<En la religación está, pues, el primordium de los momentos esenciales de la religión (PFHR. 56)>>. Para entender esto con mayor claridad es necesario exponer la distinción entre teología y dimensión teologal que Zubiri emplea en su filosofía, pues dicha distinción resulta conveniente dentro del estudio del hombre en torno a lo divino y la dimensión constitutiva y estructural de la realidad humana.

Por un lado, se entenderá por teología el estudio de la experiencia concreta de lo sagrado y la realidad divina tal como se da en ella misma. Es decir, aquello que envuelve a Dios mismo. En cambio lo teologal será lo que nos envuelva formal y constitutivamente al problema de Dios. Lo teologal se presenta para Zubiri como una dimensión abierta al problema divino. Cree que, más allá de presentarse dicha problemática como algo arbitrariamente planteado por la curiosidad humana, el problema de Dios es la realidad humana en su constitutivo problematismo. La dimensión teologal revela cómo es que el hombre se hace persona en su búsqueda divina: <<Decía, en efecto, que iba a tratar de una dimensión teologal del hombre, entendiendo por teologal un concepto que expresa no algo teológico, sino algo previo a toda teología y supuesto fundamental de toda ella. Una dimensión del ser mismo del hombre que da a Dios (HD 364)>>.

El momento de religación está íntimamente ligado a la dimensión teologal del hombre pues es la que lleva al hombre a vivir de modo teologal. La religación da cuenta del poder que la realidad tiene en la persona para conducirla a su realización personal por medio de la dimensión teologal. El hombre se hace persona religando su ser mismo al poder de lo real. Es, en palabras de Zubiri: <<la marcha del hombre a Dios (HD 364)>>. Sin embargo, cada marcha esconde diversas expresiones y caminos, esto conducen a un relativismo en cada realidad personal. Cada quien, en la aventura de dotar de razón a la realidad, es decir, de adentrarse profundamente a ella, vivirá de diversas maneras dicha experiencia de maduración o realización personal. Así, la manera en que se presenta en mí la religación, no puede ser igual como se le presenta a otro.  

Heidegger encontraba en el acontecimiento (Ereingis) de propiación la verdad del ser y su despliegue como tal en la búsqueda: << ¿Cuán alejado de nosotros está el Dios, aquél que nos nombra como fundadores y creadores, por que su esencia ha menester de tales>>3. El despliegue esencial del ser será concebido históricamente, histórico no ya en tanto presencialidad, sino como pleno despliegue del des-fundamento témporo-espacial de la verdad. Para Zubiri, el despliegue de cada persona se encuentra religada de un modo distinto, bajo la tarea de madurar y realizarse como tal. Estamos religados a la realidad. Sin embargo, la tarea de hacernos personas nunca, al parecer, estará conclusa o terminada, puesto que la realidad como trascendentalidad es dinámica y ello supone fases y momentos diferenciales en su conformación. <<Hacerse persona es búsqueda. Es en definitiva buscar el fundamento de mi relativo ser absoluto. Toda búsqueda es problemática cuando lo buscado es enigmático (HD 109)>>.

  

3.- Personalidad y personeidad 

Una vez instalados en el problema de la búsqueda personal que el hombre lleva a cabo por medio de la religación, habrá que definir lo que, dentro de la filosofía zubiriana, se entiende por personalidad y, más aún, por personeidad. Para Zubiri, el hombre, a lo largo de su vida, va configurando su ser por medio de los actos que ejecuta, por ello, puede decirse que el hombre nunca es lo mismo, en cuanto forma y figura del ser (personalidad), pero siempre será lo mismo como personeidad. Gracias a ella es que el hombre empieza a ser hombre, es decir, la personeidad no es una cosa que se adquiera, sino una forma de realidad que perdura a lo largo de toda la existencia humana: <<Así como en el ser per se ha solido hablar de perseidad, o en el ser a se, de aseidad; así también al ser persona como forma de realidad le llamo personeidad (HD 49)>>. La personeidad es el carácter que tiene la realidad humana que, mediante la personalidad,  se va modelando en sus actos.

De esta forma Zubiri entenderá la personeidad como el  de suyo de la persona, es decir aquello que es estrictamente suyo por siempre. La personalidad, en cambio, será aquello abierto a los cambios que el hombre puede hacer de sí mismo. Afecta a la personeidad y sin embargo, no la puede cambiar. La relación que existe entre personalidad y personeidad, es el dinamismo, que nada tiene que ver con cambio. El hombre posee de suyo la personeidad, pero también está abierto a su realidad en cuanto realidad. La realidad personal pude caracterizarse como abierta al trayecto de maduración que la convierte en una persona más real, mediante la función que la personalidad ejerce en la personeidad para que ésta pueda realizarse en mayor medida y sea más suya que antes. Para Zubiri, la personalidad  es el momento de concreción de la personeidad, es decir, se trata de dos momentos de una realidad única: de la concreta persona humana: <<El hombre existe ya como persona, en el sentido de ser un ente cuya entidad consiste en tener que realizarse como persona, tener que elaborar su personalidad en la vida (NHD 427)>>.

Ahora bien, al hablar de religación como la estructura de la función trascendental de la realidad personal estamos haciendo hincapié en el complejo proceso que la personalidad del humano debe llevar a cabo para obtener lo que de suyo la liga a una maduración y realización de su personeidad. La personalidad lleva a cabo la actualización que es menester de la función trascendental. Se es persona en la medida en que se vive, la personalidad es la máxima simplicidad que para Zubiri se conquista a través de la complicación de la vida. La diferencia entre personalidad y personeidad que propone Zubiri, va ligada a la vida como proceso de maduración o realización que atraviesa una serie de fases. <<Se trata de fases en las que la figura humana, en su trato con las cosas queda configurado por ellas>>1.  Es decir, cada persona tiene que alcanzar su modo de realización y, a partir de aquella serie evolutiva, tanto en la dimensión exterior como interior de maduración, se va configurando cada persona metafísicamente:

Si la maduración es posible, y según parece tiene que serlo, si es cierto que la persona camina constitutivamente hacía ella no como un término último sino como algo que se va conquistando día a día, entonces tiene que ser posible una dominancia de la personeidad. Y si esto es así, entonces la personalidad tiene que ser progresivamente reactualizada de modo diferente para cada realidad personal, en virtud del cual sea susceptible de ser dominada, en el modo ya indicado, por la personeidad>4.

  

4.- Conclusiones  

En este trabajo se trató de abordar el carácter de la religación zubiriana como un poder de la realidad que fuerza a el hombre a su plena realización personal. Para Zubiri nos encontramos religados a la realidad del mundo, realidad donde acontece, formalmente, el problema de Dios. Es decir, religados al problema teologal. Podemos preguntar entonces ¿dónde queda la libertad en esta realidad religante?

La libertad, para Zubiri, va más allá de la mera arbitrariedad de los actos u opciones del hombre en el mundo. Consiste, más bien, en cómo es que determinamos y hacemos nuestra la atracción de la realidad. El hombre es libre en  la realidad en cuanto tal. Podemos hablar entonces de una libertad de y una libertad para.  La libertad es, en un primer sentido, libertad de. << El hombre puede ser libre de determinadas coacciones, de determinados impulsos, del peso de una atracción que no es reflexiva sino recibida rutinariamente, etc. Liberarse de esto en una o en otra medida es lo propio de un aspecto de la libertad, que es la libertad de (HD 329)>>. Libertad en sentido de liberación de algo que oprime al hombre. Existir implica liberarnos de las cosas, distanciarnos para después lograr un entendimiento de ellas y poder cambiarlas, hablamos de libertad para. El hombre está libre para ser una forma de realidad frente a otra realidad, ser sí mismo.

Para Zubiri, la experiencia de ser libre en la realidad se encuentra en la experiencia radical de Dios. En la religación subsiste la experiencia de la propia filiación divina. El hombre existe por la religación y es ella quien le confiere libertad, libertad interior de la vida que se implanta y constituye al hombre en el ser como persona. De esta manera, el fundamento de la libertad descansa, para Zubiri, en Dios y la religación. Gracias a ello el hombre constituye su persona propia, su propio ser. <<La libertad no solamente es divina por que es una propiedad de Dios, sino por que además es el modo de hacerse a sí mismo divinamente (PTHC 215)>>.  

El hombre queda posibilitado y con total libertad de dar cuenta de la realidad, dar sentido, contenido y explicar lo que la realidad realmente es. Sin religación, más aún, sin una personeidad que la posea, no hay libertad, pues si no perteneciéramos al poder de lo real, aquello que nos fuerza a hacer nuestro ser, entonces no tendría sentido hablar de libertad. Sería una libertad contenida en la nada. La vigencia de la teoría zubiriana de la religación radica en los estudios de la libertad del hombre como hecho, y no como simple teoría, en la realización personal que  implica  la importancia de la aprehensión de la realidad mediante una inteligencia sentiente. 

  

Citas

1.-Bañon, Juan: Metafísica y Noología en Zubiri, Salamanca, 1999. Pág 85

2.- Heidegger, Martín: Ser, Verdad, Fundamento. Pág. 23

3.- Heidegger, Martín: Aportaciones a la filosofía, Del acontecimiento. Pág. 18

4.- Bañon, Juan: Metafísica y filosofía en Zubiri, Salamanca, 1999 Pág. 261

 

BIBLIOGRÁFIA:

(IS) ZUBIRI, X. Inteligencia sentiente. Inteligencia y realidad. Alianza Editorial. Madrid, 1980

(HD) ZUBIRI, X. El hombre y Dios. Alianza editorial. Madrid, 1998

(IL) ZUBIRI, X. Inteligencia y logos. Alianza Editorial. Madrid, 1982

(IRA) ZUBIRI, X. Inteligencia y Razón. Alianza Editorial. Madrid, 1983

(NHD) ZUBIRI, X. Naturaleza, Historia, Dios. Alianza Editorial. Madrid, 1994

(PFHR) ZUBIRI, X. El problema filosófico de la historia de las religiones. Alianza Editorial. Madrid, 1994

 (PTHC) ZUBIRI, X. El problema teologal del hombre: cristianismo. Alianza Editorial. Madrid, 1997

BAÑON, JUAN, Metafísica y Noología en Zubiri, Salamanca, 1999

GRACIA, DIEGO:  El problemas teologal del hombre en Zubiri (en: Patricio Brickle: La filosofía como Pasión, Homenaje a Jorge Eduardo Rivera Cruchaga en su 75 cumpleaños. Trotta, Madrid, 2003).

PINTOR RAMOS, A. Realidad y Sentido. Desde una inspiración zubiriana. Universidad Pontificia, Salamanca, 1994

TARÍN CERVERA, V. Tesis doctoral. Religación y libertad en Xavier Zubiri. Universidad de Valencia, 2005.

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4 Responses to DIMENSIÓN TEOLOGAL DEL HOMBRE: FUNCIÓN TRASCENDENTAL Y REALIDAD PERSONAL EN XAVIER ZUBIRI

  1. Agradecemos este inteligente estudio que nos ha enviado Diana Galvez desde México.Constituye un valioso aporte para la comprensión del Problema Teologal del Hombre.Nuestras sinceras felicitaciones. Desde Santiago de Chile
    Carlos Zárraga Olavarría

  2. Mis felicitaciones a la srta. Diana Gálvez, quien ha mostrado un gran empeño e interés en el estudio de Zubiri. Estaremos atentos a sus publicaciones, así como aceptos a todo tipo de colaboración. Saludos.

  3. Jorge Camiro Bobadilla says:

    Qué tal Diana, me da mucho gusto que estés expandiendo tus conocimientos y más la obra de este gran autor, te saluda un colega

    Lic. en Filosofía Jorge Camiro Bobadilla

  4. ramona soraida robles says:

    en si la realidad es lo que se desarrolla internamente sin poderse ocultar mas aquellos que prefieren no adoptar sus propios pensamientos son ireales por y para si mismo.

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