A continuación reproducimos la Lección inaugural del curso 1981-82 pronunciada por Xavier Zubiri en el Paraninfo de la Universidad de Deusto (Euskadi-1 de Octubre de 1980) intitulada “Reflexiones teológicas sobre la Eucaristía”, con motivo de su investidura como Doctor Honoris Causa en Teología otorgado por dicha universidad. Luego viene un esquema ideográfico de las 15 páginas de esta clase magistral, acompañado de un corto resumen comentado por Carlos Zárraga, con motivo del seminario de Filosofía Contemporánea- 2010 (cuyo tema central ha sido “La eucaristía”) realizado en el Seminario Mayor Pontificio San Rafael de Valparaíso-Chile.
REFLEXIONES TEOLOGICAS SOBRE LA EUCARISTIA
por
XAVIER ZUBIRI
INTRODUCCION
La Eucaristía es la forma suprema de la vida de Cristo en cada uno de nosotros. Es un misterio. A fuer de tal, es algo que no se puede «explicar». Pero, sin embargo, es algo que se puede «tratar» conceptualmente para precisar cuál es el punto radical en que se halla lo misterioso del misterio. Esto es la teología. Por tanto, una cosa es el misterio y la fe en él, otra la conceptuación teológica: es evidente que para creer en la Eucaristía no se precisan conceptos teológicos.
La conceptuación teológica puede ser de índole muy diversa. En este estudio me limitaré a la conceptuación propiamente metafísica. Y en esta conceptuación las teologías difieren según sea el elenco de conceptos metafísicos a que apelen. Aquí seguiré una vía metafísica bastante simple, y atenida a los nudos datos de la fe. No necesito decir que lo haré de un modo sumamente elemental, trazando tan sólo un esbozo de lo que debieran ser desarrollos conceptuales ulteriores.
No pretendo decir cosas nuevas sobre la Eucaristía, sino que intento conceptuar a mi modo las ya sabidas. Es esta conceptuación el tema formal de esta Lección. Es muy posible que tal conceptuación parezca a muchos insuficiente. Pero insuficiente ¿para qué? Ciertamente para el misterio; pero esta insuficiencia es esencialmente inherente a toda conceptuación teológica del misterio. Insuficiente ¿metafísicamente? Todo depende de la idea que se tenga de la metafísica. No voy a entrar aquí en este tema. Me bastará con que esta aparente insuficiencia metafísica deje transparecer suficientemente la fe integral en el dato revelado, y en el dogma eclesiástico.
La Eucaristía plantea muchos problemas esenciales. En esta Lección me limitaré a tres de ellos, íntimamente conexos entre sí, como veremos en el curso de la exposición:
1. La presencia real de Cristo en la Eucaristía.
2. El modo de esta presencia.
3. La razón formal de la Eucaristía.
PRIMER PROBLEMA
LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN LA EUCARISTIA
Procedamos por pasos contados.
1) Ante todo, el hecho mismo de la presencia real.
A) El texto escrito más antiguo es, como se sabe, debido a San Pablo: toûtó moú estìn tò sóma, «esto es mi cuerpo». Para simplificar la exposición, me referiré tan sólo al pan, dejando de lado el vino. Aquella frase tiene tres partes. Primeramente, sóma, que el latín tradujo por corpus, cuerpo. Pero Cristo no se expresó ni en latín ni en griego, sino en arameo. Sôma traduce el arameo guph, o también basar, que significan ciertamente cuerpo, pero no sólo como parte material del hombre (es decir, no es el cuerpo como diferente del alma), sino que designan el hombre completo entero, «yo mismo». Veremos más tarde la conceptuación rigurosa de este hecho lingüístico. En el propio griego, la palabra sôma expresa a veces el «yo mismo», como puede verse en algunos pasajes de San Pablo. Entonces la frase de San Pablo habría de traducirse: «esto soy yo mismo». La frase tiene un sujeto: toúto, «esto». En arameo da, en hebreo ze, significan «este, esto»; pero pueden significar a veces también «aquí». Las dos posibilidades no se excluyen a mi modo de ver porque se trata siempre de «esto que está aquí». Sea cualquiera la traducción que se adopte, la frase dice «esto (aquí) soy yo mismo». Finalmente, en la frase griega está el verbo ser, esti. Ahora bien, en arameo y hebreo no hay cópula verbal; la frase es puramente nominal. Es esfuerzo perdido todo cuanto se ha discutido acerca del sentido del «es» en la frase de la institución eucarística. Por tanto, habrá que traducir: «esto (aquí), yo mismo». La frase nominal expresa la realidad misma con mucha más fuerza que la frase verbal copulativa. Volveré sobre ello. Cristo mismo, pues, en su propia realidad concreta, está presente en el pan consagrado. Todo ello es sobradamente sabido, pero era conveniente recordarlo para entrar en su conceptuación.
B) ¿Qué es este pan en el que Cristo está presente? El hecho mismo de que Cristo invitara a comer el pan nos dice ya que aquí pan no significa una realidad físico-química; no se trata de la realidad del pan en y por sí misma, sino del pan en cuanto alimento, es decir, pan sub ratione alimenti. No es lo mismo razón de alimento y razón de realidad físico-química. Ya en el siglo xiii Santo Tomás y San Buenaventura discutieron sobre este problema, sin llegar a ponerse de acuerdo. Para San Buenaventura no hay presencia de Cristo sino cuando el pan es alimento. El creía que los ratones no se alimentan de pan, y afirmaba en consecuencia que Cristo no está presente en el pan si aquel roedor come pan consagrado: aquel pan no tiene para el ratón ratio alimenti. Santo Tomás, por el contrario, pensó que la presencia de Cristo es una presencia en el pan en cuanto realidad en y por sí misma. Modestamente, pienso que San Buenaventura tenía razón. En la Eucaristía el pan es pan como alimento y no la realidad fisico-química del pan. El alimento es principio de vida. Ser alimento es ser principio de vida. Por esto Cristo está presente en el pan como alimento, como principio de vida. La presencia de Cristo en el alimento significa que Cristo es principio de vida.
C) La Iglesia no se ha limitado a consignar este hecho, sino que acentúa la presencia diciendo que se trata de una conversión, mirabilis conversio. Preguntémonos: ¿conversión de qué?
Si el pan es alimento, la conversión consiste en transformar el alimento material en alimento espiritual: pan de vida, pan vivo, pan vivificante, otras tantas traducciones posibles de la expresión que pone San Juan en boca de Cristo en razón de alimento espiritual: «Yo soy la vid, y vosotros los sarmientos», palabras que San Juan pondrá en boca de Cristo en la última Cena, después de la institución de la Eucaristía.
Después de Cristo, lo que hace presente a Cristo en el pan es el poder sacramental del sacerdote, el cual al actuar en nombre de la persona de Cristo, no sólo «recuerda», sino que «repite» lo sucedido en la Cena del Señor.
D) Esta presencia de Cristo en el pan consagrado es real. Es decir, no es una metáfora ni un mero símbolo. Pero además la realidad de esta presencia no es meramente moral, ni tampoco una especie de virtud dinámica, sino que es realidad física. Ya lo indicaba: la frase nominal expresa no sólo el ser, sino la realidad física con mucha más fuerza que la frase predicativa. Si digo «tú, mi hijo», digo mucho más que si digo «tú eres mi hijo». Por esto, tratándose de lugares, la frase nominal expresa la realidad «aquí». Del pan nos dijo Cristo: «esto (aquí), yo mismo». En muchos casos (y a ellos pertenece la frase que estudiamos), si hubiera que expresar la realidad verbalmente, habría que emplear no el verbo ser, sino el verbo estar. Estar envuelve una connotación de realidad física propia: «aquí estoy yo mismo».
2) Pero entonces la pregunta es inexorable: ¿qué resulta, para los efectos del pan, de esta presencia real de Cristo que hace de este pan alimento espiritual?
La respuesta a esta pregunta necesita aclarar tres puntos: qué es ser real, qué es el pan como alimento real, qué es la realidad de la presencia de Cristo en el pan.
A) Primer punto: Qué es ser real. La metafísica clásica ha recurrido aquí al concepto de sustancia. Lo real sería sustancia. Ninguna de sus propiedades tendría realidad sino apoyada en la sustancia como en su sujeto. Las propiedades serían accidentes de la sustancia. La sustancia seria el sujeto al que las propiedades le son inherentes como accidentes.
Pienso, sin embargo, que esto no me parece aceptable. Radical y formalmente, lo real no es sustancialidad, sino sustantividad. Entre otras cosas, nuestra filosofía necesita una metafísica de la sustantividad. Voy a explicarme.
Sustancialidad y sustantividad son cosas muy distintas. A mi modo de ver, las cosas están formalmente constituidas por propiedades, notas, cualidades (poco importa ahora el vocablo que se emplee) coherentes entre sí: cada una en cuanto propiedad es propiedad de todas las demás, es «propiedad-de». Es lo que con un vocablo tomado de la gramática de las lenguas semíticas, llamo «estado constructo». En el estado constructo los vocablos entre sí, y por tanto lo por ellos designado, constituyen formalmente una unidad intrínseca propia. Y esta unidad del estado constructo es lo que yo llamo sistema. El estado constructo es la unidad intrínseca y formal de dos nombres, y por tanto de dos cosas. Si digo en cualquier lengua indoeuropea «hijo de Pedro», tengo dos nombres y dos realidades, hijo y Pedro, el uno dependiente del otro. Pero en estado constructo no tengo, por así decirlo, sino un solo nombre y una sola cosa, construida en dos momentos suyos: algo así a como si dijera «hijo-de-Pedro». Bien sé que a uno de estos momentos se le llama estado absoluto, pero este término es absoluto porque es la base sobre la que está construido el todo. Aplicada a nuestro problema, la idea del estado constructo es lo que he llamado sistema. En un sistema cada uno de sus momentos está construido sobre la unidad misma del sistema. Radical y primariamente, pues, las cosas son sistemas de propiedades: cada propiedad es «propiedad-de» el sistema». Este sistema tiene dos momentos. Uno es aquel según el cual las propiedades en sí mismas son algo «completo» en la línea de las propiedades: cada propiedad lo es de las demás en cierto modo cíclicamente. Pero hay otro momento. Tomada la cosa a sí misma, este carácter completo del sistema es una unidad clausurada y total. No es una unidad por razón de las propiedades, sino una unidad con carácter propio, un carácter según el cual lo ya completo tiene suficiencia para ser una unidad clausurada y total. En virtud de este segundo momento, las propiedades de la cosa no son tan sólo completas, sino que tienen suficiencia para determinar la cosa como «una» cosa. Esta suficiencia es lo que llamo sustantividad. Sustantividad es suficiencia para ser unidad clausurada total. Ambos momentos, ser completo y ser unidad clausurada y total, no son independientes. Las propiedades completas modalizan la unidad sistemática de la sustantividad. Y esta modalización es lo que llamo constitución: es el modo de ser «uno» en virtud de las propiedades completas. Es el modo según el cual «una» cosa es «esta» cosa.
La unidad sistemática, en cuanto unidad constitucional, no es un sujeto substante, sino que es suficiencia constitucional, esto es, capacidad de la cosa para constituir una unidad propia. Las propiedades son en una sustancia inherentes a un sujeto, pero en la sustantividad no son inherentes a nada, sino que son coherentes entre sí en unidad de suficiencia.
Los dos momentos a que me estoy refiriendo (repito, ser completo en sus propiedades y ser una sustantividad) no son idénticos. Es que la unidad de sustantividad puede abrirse sin romper el carácter completo de las propiedades. Esta apertura es lo que hace que la sustantividad pueda cambiar sin cambiar las propiedades. La sustantividad puede adquirirse y perderse de muchas maneras, y siempre formalmente, sin cambiar de propiedades. Así, la glucosa en un frasco es algo que en la metafísica clásica se llamaba sustancial, pero a la vez es algo sustantivo. En cambio, ingerida en un organismo (prescindiendo de las alteraciones metabólicas), a pesar de conservar íntegras su presunta sustancia y sus propiedades, sin embargo ha perdido su sustantividad. La sustantividad la tiene solamente el organismo entero: sólo el organismo es el sistema clausurado y total. Por ello la sustancia misma de la glucosa es en el organismo perfectamente insustantiva. Lo radical y primario de las cosas no es, pues, sustancialidad, sino sustantividad. Y la transformación de la sustantividad no es ni remotamente transformación en la sustancialidad: no es transmutación de realidades. La transformación de la sustantividad consiste en que el sistema de propiedades pierde su unidad constitucional. Es una apertura de la unidad de sustantividad a beneficio de una unidad de orden superior. Entonces las propiedades ya no modalizan totalmente la unidad sustantiva. Esta unidad sustantiva tiene entonces un modo distinto, una unidad constitutiva distinta. En el caso del organismo, éste es una unidad sustantiva que no está modalizada constitucionalmente tan sólo por las propiedades de la glucosa. A su vez, la nueva unidad no constituye necesariamente una nueva propiedad de la glucosa. Así, la unidad del organismo no es una propiedad nueva, sino tan sólo una unidad distinta meramente funcional, etc. La apertura de la unidad de sustantividad puede tener lugar, pues, de muy distintas maneras. La ingestión no es más que una de ellas. Hay otras.
Esta sustantividad es, pues, lo que formalmente constituye lo que llamaré la nuda realidad de las cosas.
B) Segundo punto: qué es el pan como alimento. El pan como alimento no es lo mismo que el pan como nuda realidad, como sustantividad. Como alimento, el pan lo es tan sólo respecto de la vida humana, pero el pan como modo de realidad, como sustantividad, no tiene nada que ver con la vida. ¿Qué es el pan como alimento?
Para comprenderlo observemos que muchas cosas reales no sólo tienen un estado constructo en sus propiedades, sino que se hallan en estado constructo también respecto de la vida humana. Así, por ejemplo, una mesa, una silla, una habitación, etc. En su virtud, las propiedades de este otro carácter constructo no pertenecen formalmente a la nuda realidad de la cosa. Por su nuda realidad una cosa actúa sobre las demás tan sólo por las propiedades que su nuda sustantividad posee, pero no por lo que constituye su respecto a la vida. Así una silla actúa sobre la tierra no en cuanto silla, sino en cuanto que tiene cierta materia, masa, forma, peso, etc.; por tanto, el ser silla no pertenece a la nuda realidad de lo que llamamos silla. La silla es el sentido que tiene esa cosa real respecto del vivir. A la cosa en su nuda realidad llamo «cosa-realidad». A las cosas en su respecto a la vida llamo «cosa-sentido». No son lo mismo. Una caverna es, en cuanto caverna, un fenómeno puramente geológico, es una propiedad de la nuda realidad de una montaña; pero el ser habitáculo humano hace de esta cosa-realidad una cosa-sentido.
Evidentemente, estos dos modos, aunque son muy distintos, no son independientes. El que una cosa-realidad sea además cosa-sentido pende, cuando menos, de las propiedades que tenga como cosa-realidad. No todas las cosas reales tienen capacidad para ser cosa-sentido, y aun en el caso de que las tuvieren, no todas tienen la misma capacidad para ello. La capacidad de una cosa en su realidad para constituir una cosa-sentido es lo que llamo «condición». Así hay cosas que por el modo de su nuda realidad son, sin embargo, de buena o mala condición. Cuando la nuda realidad, esto es, la sustantividad, es de tal condición que puede constituir una cosa-sentido, podemos permitirnos, por extensión, llamar a esa cosa-sentido, sustantividad, y aplicar a la cosa-sentido lo que hemos dicho de la sustantividad de la nuda realidad.
Esto supuesto, el pan como nuda realidad fisico-química es cosa-realidad. El pan como alimento es cosa-sentido, pues es un principio de nuestra vida. Y aquella cosa-realidad es de tal condición que puede constituirse como alimento. Por esto llamo al pan como alimento «pan-alimento». La sustantividad, decía antes, puede adquirirse y perderse sin cambiar de propiedades. Las propiedades del pan como nuda realidad sustantiva no cambian al constituirse como alimento o al dejar de serlo. Al hacerlo no se rompe la unidad sistemática de sus propiedades, sino que se abre su sustantividad clausurada y total a una unidad superior, con lo cual adquiere una nueva condición para ser cosa-sentido.
Pues bien, es lo que acontece en el pan consagrado.
C) Tercer punto: qué es la realidad de la presencia de Cristo en el pan consagrado. Cristo es principio de nuestra vida espiritual. En cuanto tal, pertenece en modo constructo a las cosas-sentido, pues es alimento. Ahora bien, el pan no tiene la condición de poder constituir alimento espiritual. Pero la presencia de Cristo, dejando intactas las propiedades de la nuda realidad del pan, confiere a éste una nueva condición. Abre la unidad clausurada y total de la sustantividad del pan-alimento a una unidad superior, a la unidad de El mismo. Entonces el pan, conservando lo que clásicamente se llamaba sustancia, ha perdido su sustantividad y su condición y ha adquirido una condición de alimento de que antes carecía: la condición de ser alimento espiritual. La unidad del cuerpo de Cristo es ahora lo que constituye la unidad de la sustantividad del pan-alimento. La sustantividad del pan consagrado es así la sustantividad divina de Cristo mismo. En la consagración, al pan consagrado, en cuanto realidad fisico-química, no le sucede nada, sino que pierde su anterior sustantividad alimenticia. Esta sustantividad de material que era se ha convertido, por la mera presencia real de Cristo, en espiritual, en la sustantividad divina de Cristo. La presencia real de Cristo ha cambiado la condición del pan. Por consiguiente, la conversión del pan consagrado no es transsubstanciación, sino transsubstantivación Ciertamente, esto no es una «impanación», porque Cristo y el pan, en virtud de la consagración, constituyen una sola sustantividad.
Entonces hay que preguntarse qué relación hay, digámoslo así, entre esta conversión de sustantividad y la presencia real. La metafísica clásica ha pensado que la presencia real es una consecuencia de la conversión. Como no puede haber accidente sin sustancia, la conversión sustancial determinaría la presencia de la sustancia de Cristo en el pan. Entiéndase esta conversión como conversión formal (Santo Tomas) o como conversión equivalente (Suárez), siempre será que el fundamento de la presencia real es la conversión. Modestamente, pienso de otra manera. Creo que la conversión es la consecuencia de la presencia real del cuerpo de Cristo en el pan-alimento. La presencia real es el fundamento de la conversión. Sólo porque Cristo está presente en el pan, este pan, como sustantividad de alimento, ha perdido sustantividad material y ha adquirido sustantividad de alimento espiritual. Por la presencia real de Cristo el pan se convierte ratione alimenti. La conversión afecta formalmente a la condición del pan.
He aquí, pues, el hecho de la presencia real de Cristo conceptuada como transubstantivación. Pero ello nos plantea inevitablemente un gravísimo problema: ¿en qué consiste el modo de la presencia real del cuerpo de Cristo en el pan? Es el segundo de los tres problemas que antes enuncié.
SEGUNDO PROBLEMA
EL MODO DE LA PRESENCIA REAL
En el hecho de la presencia real de Cristo en el pan consagrado se trata de que el pan sea Cristo mismo, o expresado en términos neo-testamentarios, se trata de que el pan sea cuerpo de Cristo: es la transsubstantivación. La transsubstantivación se funda en la presencia real de Cristo en el pan; por tanto, la transsubstantivación presupone la presencia real de Cristo en el pan. ¿Qué es esta presencia real en cuanto presencia? Este es nuestro problema. Cristo se hace actual en el pan y nos preguntamos qué es esta actualidad. El sentido de la «cosa-sentido» se funda en la «condición», y a su vez la condición se funda en la «actualidad» de la presencia. ¿Qué significa esto?
Los latinos llamaron actualitas, actualidad, al hecho de que algo sea en acto lo que es. Ser perro en acto consiste en ser plenamente lo que constituye la «caninidad», por así decirlo. Pero precisamente por esto yo llamo a esto actuidad: es el carácter de ser en plenitud formal la realidad que se es. En cambio, actualidad es el carácter no de ser «acto», sino de ser «actual». No es lo mismo actuidad y actualidad, como no es lo mismo estar en acto y ser actual. A mi modo de ver, esto es esencial para entender lo que es soma, cuerpo. Según pienso, sólo así puede entenderse por qué «cuerpo» puede significar «yo mismo». Y por consiguiente, esto es esencial para entender el modo de presencia del cuerpo de Cristo en el pan consagrado. El modo de presencia de Cristo en el pan consagrado por transsubstantivación es «actualidad». Ello nos obliga a examinar cuidadosamente tres puntos: Qué es actualidad, qué es el cuerpo humano, y qué es el modo de presencia real del cuerpo de Cristo en el pan consagrado.
Primer punto: qué es actualidad. La actualidad es siempre el carácter de una realidad respecto de otra, y este respecto es «presencia» de algo en algo. Este respecto presencial puede ser de diversa índole.
Ante todo, puede ser una presencia extrínseca a la cosa real que es presente: es actualidad «extrínseca». Así, los virus tienen actuidad desde hace millones de años, pero sólo en este siglo tienen actualidad, esto es, presencia actual para nosotros. Evidentemente, es una actualidad extrínseca a la realidad viral.
Pero no siempre es así: la actualidad puede ser «intrínseca» a la realidad presente. Cuando una persona se «hace presente» en algún sitio o entre otras personas, su actualidad es intrínseca a la realidad de la persona en cuestión. ¿Qué significa aquí «intrínseco»? Significa que la actualidad no consiste en mera presencialidad ante alguien, no consiste en mera presentidad, sino que consiste en «estar presente». Su actualidad no consiste en el «presente» del estar, sino en el «estar» mismo de lo presente. Es ella, la realidad misma de la persona, la que al hacerse presente «está» presente: tiene actualidad intrínseca a su realidad. La persona está haciéndose presente desde sí misma, desde su propia realidad. Esta actualidad es resultado de un «hacer». Pero la persona en cuestión podría no hacerse presente. Es claro que la actualidad del hacerse presente no envuelve formalmente modificación ninguna de sus propiedades. Ciertamente, en el caso del hombre el hacerse presente envuelve una modificación de propiedades. Pero esta modificación no pertenece al estar presente en cuanto tal, sino que es solamente algo que conduce a hacerse presente. De la misma manera como los complejos procesos de la percepción no forman parte del estar presente de lo percibido en cuanto tal: los potenciales y las reacciones químicas no están formalmente en el color verde presente ante mí. Algo podría hacerse presente sin modificación de propiedades; tal es el caso de Dios.
Pero la actualidad puede ser aún más honda. Puede ser un estar presente que no pende de ningún «hacer», sino que pertenece formalmente a la realidad de lo que está presente. No es mera presencia desde su propia realidad, sino en su realidad en cuanto realidad. Es actualidad no «desde» su realidad, sino «en» su realidad misma. Es actualidad «intrínseca y formal». Entonces el estar presente es un carácter de lo real por el mero hecho de ser real: la realidad está presente eo ipso por ser real, y no por un «hacer» o cosa semejante. Pertenece a la realidad misma de lo que está presente. Es evidente que en tal caso la actualidad no envuelve modificación ninguna de propiedades. Es el caso de Dios por razón de la creación. Como vamos a ver en seguida, tal es también el caso del hombre por razón de su cuerpo. El hombre no «tiene» cuerpo, sino que «es» corpóreo. Por esto su actualidad corpórea pertenece a la realidad humana misma, no sólo intrínsecamente, sino también formalmente. El hombre no se «hace» presente por su cuerpo, sino que por su cuerpo «está ya» presente. Y en otras dimensiones, este tipo de actualidad intrínseca y formal es propio de toda realidad en cuanto tal: es el ser. Es un tema en el que no puedo entrar aquí. Tan sólo dejo taxativamente consignado que hoy estamos necesitados también de una metafísica de la actualidad; no nos es suficiente una metafísica del acto.
Toda actualidad intrínseca, y sobre todo la actualidad intrínseca y formal, tiene caracteres propios y una estructura formal propia.
Primeramente, caracteres propios:
1. La actualidad es un momento real; no es algo meramente simbólico o cosa similar.
2. La actualidad es un momento físico, no es una presencia moral ni una presencia de virtualidades dinámicas. Este carácter físico es lo que expresa el verbo «estar». Estar significa no el mero ser, sino el «estar siendo». El verbo estar es un verbo que denota siempre algo físico. Por esto es por lo que en latín fue cópula, pero como dicen los lingüistas, en sentido fuerte. Sin embargo, no nos dicen en qué consiste lo fuerte de este sentido. Pues bien, añado, sentido fuerte es a mi modo de ver actualidad física.
3. La actualidad es un momento que admite un devenir. Ante todo, el devenir de actualidad no es un devenir de propiedad, pero es, sin embargo, un físico devenir: se llega a tener actualidad o a dejar de tenerla sin el menor cambio de propiedades en quien es actual: el devenir de actualidad no es un devenir de actuidad. Este devenir es un momento de la actualidad misma, no sólo por parte de aquello en que algo se hace actual, sino ante todo por parte de aquello mismo que se hace actual: es la realidad misma la que deviene en actualidad. Así, poniendo ejemplos teológicos, Dios es actual en la encarnación, en el hombre justo, etc. Dios tiene un estricto devenir en la línea de la actualidad. No es sólo que en el Verbo encarnado (que es Cristo) sea la humanidad la que adquiere actualidad divina, sino que es Dios mismo quien en su realidad divina adquiere libremente una actualidad, la actualidad humana: es el Verbo mismo el que se hizo carne, es El quien adquiere actualidad. No es sólo que la carne fue hecha Verbo, sino que el Verbo mismo se hizo carne. Lo propio debe decirse de la habitación de Dios en el hombre justo. Es Dios mismo el que se hace actual en el hombre justo, y es Dios mismo el que deja de ser actual en el hombre pecador.
La actualidad tiene además una estructura propia. Una misma realidad puede tener diversas actualidades, no sólo sucesivamente, sino también simultáneamente. Es que la actualidad tiene un principio radical por el que lo real está presente. En el hombre, este principio, como lo he indicado ya y lo vamos a ver inmediatamente, es el cuerpo. Pero fundado en su principio radical, lo real puede tener otras muchas actualidades, que por esto llamo ulteriores. Así, el hombre por su principio radical, por su cuerpo, tiene la actualidad ulterior de estar presente, por ejemplo, como padre, como hermano, como médico, etc. Trátase de actualidades ulteriores fundadas en un principio radical de actualidad. Son modos diversos de la actualidad radical, esto es, son modalizaciones suyas. En cuanto tales, son formalmente diversas. Estos diversos modos pueden ser simultáneos: Dios es actual en la encarnación, y al mismo tiempo en la gracia; el hombre es actual como padre, y a la vez como hermano, como médico, etc. Estas modalizaciones son la expresión real y física de la riqueza radical del principio de actualidad.
Pero esto nos obliga a reflexionar más detenidamente sobre la actualidad humana. Anticipando ideas> he dicho que el principio intrínseco y formal de la actualidad humana es el cuerpo. Hay que explicarlo someramente. Es el segundo punto.
Segundo punto: qué es el cuerpo humano. El cuerpo humano es un momento intrínseco y formal de la realidad humana: el hombre «es» corpóreo. Este momento tiene, sin embargo, diversos sub-momentos que a mi modo de ver es menester discernir cuidadosamente. Para simplificar la frase, les llamaré también simplemente momentos.
1. El cuerpo es un sistema de propiedades, cada una de las cuales tiene su «posición» rigurosamente determinada respecto de las demás propiedades. Esta posición estructural es para mí lo que constituye la organización. Según este momento, el cuerpo, pienso, es organismo.
2. Por su organización, el cuerpo es una complexión propia, una compago según la cual todas sus partes son solidarias entre si, y confieren al cuerpo su configuración propia. Este momento de configuración es evidentemente distinto del momento de organización: con muy diversas funciones orgánicas, se mantiene una misma configuración, lograda, por así decirlo, por vías muy distintas.
3. En su organización y en su configuración propia, el cuerpo determina la presencia real y física del hombre en la realidad. Según este momento, el cuerpo es corporeidad. Que el hombre sea corpóreo significa que la corporeidad es el principio radical mismo del estar presente en la realidad: el cuerpo es soma. Por esto es por lo que, a mi modo de ver, «cuerpo» ha podido significar «yo mismo»: es yo mismo el que está presente «aquí». No confundamos, pues, cuerpo y organismo. Cuerpo es corporeidad, y a fuer de tal, es principio intrínseco y formal de actualidad.
El cuerpo tiene, pues, tres momentos: organización, configuración y corporeidad. Son esencialmente distintos. La función somática no se identifica ni con la función configuracional ni con la función de organización. Pero cada uno de estos momentos está fundado en el hombre en el siguiente. El principio radical del hombre como corporeidad, como soma, es el que funda una configuración, y esta configuración es la que funda una organización. Si se me permite la expresión, configuración y organización son modos de realizar la corporeidad.
De hecho, estos tres momentos o funciones no son separables. Pero esto es así tan sólo de hecho: ser principio de actualidad no implica de suyo ni tener configuración ni tener organización. Digamos de paso que este momento de principio de actualidad sin configuración ni organización es lo que a mi modo de ver constituye el «cuerpo glorioso». El cuerpo glorioso no será un organismo ni una configuración, sino que a mi modo de ver será, pura y simplemente, principio de actualidad en Dios y en los demás glorificados. ¿Cómo? Lo ignoramos. No nos perdamos en imaginaciones y fantasías. Nos basta con haberlo conceptuado.
Evidentemente, el cuerpo como corporeidad, es decir, como principio de actualidad, no es principio de localización. La localización es siempre algo derivado del puro estar presente> del principio de actualidad. Por razón de su organismo y de su configuración, el hombre no puede estar ocupando en muchos lugares a la vez; pero por su corporeidad puede tener actualidad en muchas partes de la realidad a la vez, sin por eso dejar de estar en sí mismo.
Esto supuesto, entremos en el tercer punto.
Tercer punto: el modo de presencia real del cuerpo de Cristo en el pan. Enunciado en forma de tesis: Cristo toma el pan como principio de su actualidad personal aquí, y por tanto está realmente presente en el pan. Para explicar esta afirmación me bastará con recurrir a los conceptos que acabo de exponer.
1. Cristo está presente en el pan como actualidad y no como acto. Cristo no está localizado en el pan como si fuera algo encerrado en éste, sino que está actualizado en él. Y dicho más precisamente: no es cuestión de sustancia y accidentes (esto sería «acto»), sino de actualización. Esta actualización es un momento de lo actualizado mismo, pero sin que ello implique modificación ninguna en sus propiedades. Ni las propiedades del pan ni las de Cristo cambian por la presencia actual de Cristo en el pan. Por esto me parece ociosa toda la dificultad clásica de cómo el cuerpo de Cristo puede estar en muchísimos panes consagrados a la vez: no se trata de localización, sino de actualidad de presencia.
2. Cristo está formalmente como actualidad desde su propia realidad personal. Su actualidad es por esto un estar presente real y físico, pero esta actualidad no es formalmente idéntica a la nuda realidad de Cristo en y por sí mismo, de la misma manera que en la persona que se hace presente su hacerse presente no es formalmente idéntico a la nuda realidad de la persona en cuestión. Cristo es Cristo aun sin Eucaristía.
3. En esta actualidad, Cristo se hace presente en sí mismo desde sí mismo. La actualidad es intrínseca a Cristo, es decir, Cristo es el principio intrínseco de su actualidad. Pero por el modo como Cristo quiso hacerse presente, esta actualidad es el pan: toma el pan-alimento como principio de su actualidad. Ahora bien, como el principio de actualidad en el hombre es el cuerpo, es corporeidad (y Cristo es hombre), resulta que el pan-alimento como principio de actualidad de Cristo es cuerpo de Cristo. Es Cristo mismo. Su cuerpo es su «yo mismo». He aquí el modo de la presencia de Cristo en el pan, en cuanto presencia real.
4. Cristo toma el pan. La presencia real es un hacerse presente El. Tomar es hacerse presente. Por tanto, a la actualidad de Cristo en el pan pertenece formalmente su modo de ser tomado, su modo de hacerse presente, es decir, el estado de ánimo (permítaseme la expresión) que Cristo tuvo en la Cena. Este estado de ánimo fue el de su pasión y muerte: «éste es el cuerpo que será entregado por vosotros». Por esto es por lo que la presencia real es anámnesis, repetición de la pasión y muerte. Y por tanto es, como la pasión misma, por remisión de los pecados.
5. Al tomar el pan como principio de la actualidad de Cristo resulta que la actualidad misma es común a Cristo y al pan-alimento: es el pan-alimento el que queda asumido a ser principio de actualidad, y es Cristo quien es actual en el pan. Por el primer aspecto: «esto es mi cuerpo», es decir, «esto (el pan aquí) (es) el cuerpo de Cristo (es yo mismo)». Por el segundo aspecto: «mi cuerpo es esto», es decir, «mi cuerpo (Cristo mismo), (es) esto aquí». Esta comunidad de actualidad es justo la esencia de la presencia real.
6. Cristo toma como principio de su actualidad al pan, pero a este pan en cuanto alimento. De ahí que «esto es mi cuerpo» es la manera de decir «el alimento es Cristo mismo»; y «mi cuerpo es esto» es lo mismo que decir «yo mismo soy el alimento». Es lo que constituye, según dije, la transubstantivación. Pues bien, ahora vemos que la esencia de la transubstantivación es esta actualidad del pan hecha actualidad de Cristo: es trans-actualización. El «trans» mismo lo es de actualidad. El «trans» es un devenir de actualidad y no un devenir de actuidad.
7. Pero hay también algo esencial que añadir para describir esta estructura. Cuerpo es el principio no sólo intrínseco, sino también formal de Cristo: por esto soma puede significar «yo mismo». Pero en virtud de este principio formal y radical, Cristo puede «extender» (perdóneseme el verbo) su propia actualidad formal, puede modalizar ulteriormente su principio de actualidad asumiendo el pan-alimento como principio de actualidad. Es una modalización, pero ulterior: Cristo tiene su cuerpo aunque no hubiera Eucaristía. El pan en cuanto pan-alimento no es el cuerpo formal de Cristo. Cristo, por su propia razón formal, no es pan-alimento. Lo que es modalmente idéntico al cuerpo de Cristo es el pan-alimento como principio de actualidad de Cristo. El pan-alimento como momento de actualidad intrínseca está fundado en el cuerpo de Cristo como momento formal de la realidad de Cristo. Es la misma actualidad, pero modalizada como alimento. Esta «extensión» es a mi modo de ver el punto preciso del misterio eucarístico en cuanto misterio: Cristo es tan actual en el pan como en su persona, pero es actual en el pan porque ya es actual en su persona. Es, repito, una misma actualidad, pero modalizada en el pan como alimento.
Que Cristo «tome» el pan significa, pues, que Cristo hace de la actualidad del pan principio de su propia actualidad. En su virtud, la presencia real de Cristo en el pan, es decir, esta actualidad común, es lo que constituye, a mi modo de ver, lo que se ha llamado presencia sacramental. La actualidad del pan en cuanto pan «significa», en efecto, la actualidad de Cristo en el pan como alimento.
He aquí la realidad de Cristo en el pan. Es, por así decirlo, el momento esencial y radical de la Eucaristía. Pero solamente radical, porque la Eucaristía no se agota en esta presencia real. La Eucaristía es la forma suprema de la vida de Cristo en cada uno de nosotros. La esencia formal de la Eucaristía no se agota, pues, en la presencia real. Sin ella no habría Eucaristía, pero la sola presencia real no es la razón formal de la Eucaristía. ¿Cuál es esta razón formal? Es el tercer problema que me propuse examinar.
TERCER PROBLEMA
LA RAZON FORMAL DE LA EUCARISTIA
No se trata de una especulación, aunque fuera verdadera. Se trata de algo revelado por Cristo mismo. Cristo nos había dicho: «el que no come mi carne y bebe mi sangre no tendrá vida eterna». Por tanto, no se trata tan sólo de la realidad de Cristo en el pan y en el vino, sino de la realidad de Cristo como principio de vida para todos: «tomad y comed todos de él». Los verbos tomar y comer son un imperativo para todos los comensales. Esta es la razón formal de la Eucaristía. ¿En qué consiste?
Apunté ya a ello al estudiar la presencia real: Cristo está actualmente presente en el pan, y por esta presencia este pan se ha convertido en alimento espiritual. Y como tal, el pan consagrado es algo que debe ser comido. Este vocablo nos resulta en cierto modo un poco tosco para nuestra mentalidad, pero en la de los judíos del tiempo de Cristo no lo era. Cristo es, pues, principio de vida por manducación. Pero aquí es donde surge el problema: ¿qué es, en efecto, esta manducación?
La respuesta a esta pregunta está ya dada en la institución misma de la Eucaristía. Cristo dio a comer el pan consagrado en una «cena». De aquí que la manducación tiene dos momentos, ambos esenciales, pero perfectamente distintos. Uno es el nudo hecho de «comer» como se come pan, etc. Otro es el hecho de comer reunidos en una cena, esto es, reunidos en una «comida». Evidentemente, sin el hecho de comer no habría eso que llamamos una cena de varias personas. Pero para que haya una cena de varias personas no basta con comer. Para simplificar la expresión empleemos, en lugar de la palabra cena, el vocablo equivalente «banquete», ágape. La Iglesia misma ha hablado de la Eucaristía como banquete celestial. Pues bien, el nudo comer es solamente la esencia radical del banquete: para que haya banquete tiene que haber algo más. Pues bien, la Eucaristía es «banquete». Esta es su esencia formal.
Para conceptuaría hemos de detenernos, por tanto, en dos puntos:
qué es banquete y en qué consiste formalmente el banquete eucarístico.
Primer punto: qué es banquete. Al banquete le es esencial, lo repito morosamente, comer. Pero el hecho de comer no es lo que constituye formalmente el banquete. El banquete tiene esa unidad propia que es la comunidad de los comensales. Los comensales pueden estar reunidos en la unidad de un acontecimiento. Así lo estuvieron siempre los israelitas todos los años para conmemorar la salida de Egipto. Pero pueden estar reunidos también en torno a una persona, como es el caso de los homenajes, o por la amistad a una persona. Entonces, la comunidad de los comensales se establece en torno a la persona objeto del banquete. Lo que el banquete añade a la nuda manducación es la unidad de manducar en torno a una persona, y en honor de una persona o en amistad con ella. Por esto hay banquete aunque no haya más que esta persona y un solo comensal. En el banquete los comensales tienen una común actualidad, pues todos están presentes entre sí y con la persona, objeto por así decirlo del banquete, y estar presente es, como hemos visto, actualidad. Y es esta actualidad común lo que formalmente constituye el banquete. Recíprocamente, la actuación común del ágape es lo que constituye la razón formal y no sólo radical del banquete.
Pero ¿qué es esta comunidad? Comunidad no es mera colectividad. Comunidad es no un momento aditivo, sino una unidad determinada por algo que es rigurosamente común a todas las personas, las cuales constituyen comunidad sólo por esto que les es común. En la mera comunidad de personas, estas personas entran solamente en tanto que unas no son las otras. Puede haber y hay en toda comunidad diferencias en cierto modo cualitativas, pero las personas forman comunidad solamente en tanto que otras. La actualidad es común a los otros en cuanto otros.
Pero las personas pueden tener otro tipo de actualidad común:
pueden tener actualidad común no en tanto que «otras», sino en tanto que «personas», siendo cada una en sí misma lo que personalmente es. En realidad, en la comunidad las personas entran de un modo impersonal. Impersonalidad es algo exclusivo de las realidades personales; las demás realidades no son impersonales, sino a-personales. En cambio, hay otro tipo de unidad de las personas en que éstas entran siendo cada una en sí misma lo que personalmente es. Entonces la actualidad común de todas ellas es más que comunidad: es comunión personal. Sin comunidad no hay comunión de personas, pero no es lo mismo comunidad que comunión personal.
Esto supuesto, nos preguntamos cuál es la esencia formal del banquete eucarístico.
Segundo punto: la esencia formal del banquete eucarístico. Ante todo, la Eucaristía es formalmente banquete, ágape. El alimento espiritual no es comido como alimento material ,a saber: no es el pan en y por sí mismo, sino que es comido por cada cual en esa unidad real que se establece entre el alimento espiritual en cuanto alimento y la persona de Cristo: es banquete a Cristo, de Cristo y con Cristo. Es esencial a mi modo de ver insistir en este aspecto de la Eucaristía. La Eucaristía no es sólo cuestión de presencia real de Cristo en el pan, sino que es formalmente cuestión de la unidad del que recibe la Eucaristía con Cristo. Esta unidad es unidad de actualidad: Cristo se hace actual en mí y yo me hago actual con Cristo. No se trata de comunicación de sustancias o de propiedades, sino de unidad de actualidad. ¿En qué consiste lo común de esta actualidad? Esta es la cuestión.
La actualidad común de Cristo y los comensales no es mera comunidad: es comunión. He aquí un punto esencial de la razón formal de la Eucaristía: la comunión con la persona de Cristo. La esencia de la Eucaristía es comunión. Puede parecer una tautología por el uso indiscernido de ambos conceptos en el verbo único, comulgar. Pero no es una tautología, sino que comunión es momento de la esencia formal de la Eucaristía. El alimento, en cuanto tal, es propio de la comunidad; la comunión es unidad personal en y por la alimentación. La Eucaristía es banquete, es ágape, y este ágape consiste en comunión personal con Cristo, y derivativamente en la comunión personal con los demás. La actualidad común de los comensales en el banquete eucarístico es unidad personal de todos ellos en la actualidad personal de Cristo.
Pero comunión no es más que un momento de la razón formal de la Eucaristía, porque necesitamos preguntarnos en qué consiste la unidad de esta comunión personal. Esta unidad es en los hombres unidad de actualidad. Y el principio de actualidad humana es lo que constituye la corporeidad. Cuerpo es formalmente principio de actualidad. De aquí resulta que en la comunión personal de los partícipes del ágape con Cristo, Cristo es actual en cada uno de ellos por el principio de actualidad formal de Cristo, es decir, por el cuerpo de Cristo. Los partícipes del ágape, al adquirir una actualidad en Cristo, forman, por tanto, cuerpo con El, y en su virtud su comunión personal con Cristo es precisa y formalmente incorporación al cuerpo de Cristo. Y como todos forman un mismo cuerpo con Cristo resulta, como nos dice San Pablo, que todos somos con-corpóreos en Cristo. La idea del cuerpo de Cristo, de incorporación a Cristo y de concorporeidad está expresada en San Pablo. La esencia formal de la Eucaristía es comunión personal, y la esencia de la comunión personal es incorporación al cuerpo de Cristo. Y como cuerpo es la actualidad del «yo mismo» en la realidad, resulta que esta incorporación consiste en que cada partícipe del ágape es «yo mismo», siendo yo en y por el Yo de Cristo. Todo cristiano es otro Cristo.
CONCLUSION
La Eucaristía es la forma suprema del misterio de la vida de Cristo en cada uno de nosotros. Esta vida se constituye sacramentalmente sobre todo en la Eucaristía.
Dije desde el comienzo que no pretendo decir cosas nuevas sobre la Eucaristía, sino conceptuar a mi modo las ya sabidas. Esta conceptuación apela a tres conceptos: sustantividad, actualidad, corporeidad. Y estos conceptos nos llevan en línea recta a todas las ideas paulinas. La vida de Cristo en nosotros es una vida que emerge de Cristo (alimento) por transubstantivación, en forma de actualidad corpórea que consiste formalmente en la incorporación a Cristo.
Cuando Cristo nos enseñó a orar, nos enseñó a pedir al Padre el pan de cada día. Este pan en que Cristo pensaba —no nos hagamos ilusiones— es ciertamente el pan del sustento material. Pero Cristo en otros momentos de su vida nos recordó, echando mano de una frase del Deuteronomio, que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Y poco antes de morir nos dice que quien no come ni carne y bebe mi sangre no tendrá vida eterna. El propio sustento material no es ajeno a la vida de Cristo en nosotros. Por eso, aunque el sentido literal del pan de cada día sea el del sustento material, su sentido no queda falseado pidiendo al Padre «el pan de cada día dánosle hoy, el pan de tu santa palabra, el pan de la sagrada Eucaristía, y el pan del sustento material». La unidad intrínseca de estos tres momentos del pan constituye la esencia formal estructural de la vida de Cristo en nosotros, la esencia formal estructural de la Eucaristía.
Esquema de la Lección
Carlos Zárraga Olavarría- 2010
A.- Introducción
B.- Desarrollo:
1. La presencia real de Cristo en la Eucaristía.
2. El modo de esta presencia.
3. La razón formal de la Eucaristía.
C.- Conclusión
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A. Introducción.
Se exponen dos cosas:
A.1.- La eucaristía constituye un misterio de fe: en ella se da la presencia real de Cristo en el pan consagrado. Lo misterioso es aquello que se muestra como oculto.
A.2.- Este estudio trata de la conceptuación metafísica que permite entender cómo se manifiesta este misterio y en qué consiste lo misterioso del mismo (asunto de fe).
B. Desarrollo
PRIMER PROBLEMA
B.I.- La presencia real de Cristo en la eucaristía.
Se exponen dos cosas:
B.I. 1.- El Hecho mismo de la presencia real.
B.I1.A. La frase de Cristo “este es mi cuerpo” no es una frase predicativa, griega ni latina, que utilice el verbo ser. En esta frase dicha en arameo la palabra “este” significa más bien “aquí” y la palabra “cuerpo” expresa la idea de “yo mismo”. Lo que Jesús está diciendo, entonces, es: “esto (aquí) yo mismo”
B.I.1.B Se distingue el pan como sustancia ‘per se’ farinácea, del pan respecto del hombre “sub ratione alimenti” (como realidad de sentido para hombre). En la Eucaristía el pan es una realidad de “sentido” (como alimento) y no la realidad físico-química del pan.
B.I.1C. En la consagración del pan se produce una maravillosa conversión del pan como “alimento material” en pan como “alimento espiritual”
B.I.1.D. Fruto de esta conversión admirable se produce la presencia real (físicamente real) de Cristo en el pan consagrado (hostia). Real no significa simbólica ni metafórica.
B.I.2.- ¿En qué consiste esta conversión?
B.1.2.A.Qué es ser real: Sustancialidad y sustantividad son cosas muy distintas. Se trata de dos tesis metafísicas.
Tesis nº 1.- La sustancia es el sujeto propio del ser, posee autonomía e independencia, es unitaria y compuesta, hace de soporte que sostiene otros modos de ser o propiedades (accidentes) que le son inherentes. Lo real sería sustancia (Aristóteles).
Tesis nº 2.- Lo sustantivo no es un sujeto, sino una unidad sistémica o conjunto unitario de notas o propiedades. El sistema es un constructo autosustantivo, sustante y sustentable, tienen sustantividad. Lo real sería lo sustantivo.
En un sistema cada nota o propiedad está presente en las demás. Cuando la unidad del conjunto se clausura unitariamente adquiere suficiencia constitucional para ser. Esta suficiencia o coherencia de propiedades hace la sustantividad de un sistema. Esta sustantividad es lo que formalmente constituye la nuda realidad de las cosas. (“La unidad sistemática, en cuanto unidad constitucional, no es un sujeto substante, sino que es suficiencia constitucional, esto es, capacidad de la cosa para constituir una unidad propia. Las propiedades son en una sustancia inherentes a un sujeto, pero en la sustantividad no son inherentes a nada, sino que son coherentes entre sí en unidad de suficiencia”). En un ser vivo esta unidad sustantiva se da como “organismo”. De modo que si un organismo se come a otro, las propiedades del segundo se integran a un nuevo sistema sustantivo con otra constitución, aunque no varíen las propiedades de lo comido (por un momento, al menos)
B.1.2.B. Qué es el pan como alimento: Este no es más que una realidad o cosa-real cuyas propiedades reales permiten que quede en “condición” para volverse alimento o cosa-sentido (“Las propiedades del pan como nuda realidad sustantiva no cambian al constituirse como alimento o al dejar de serlo”)
B.1.2.C.- Qué es la realidad de la presencia de Cristo en el pan consagrado: La realidad físico-química (sustancial) no es alterada, sino que cambia la sustantividad alimentaria, es decir, cambia la “condición” del pan-alimento-físico por pan-alimento-espiritual. Por ello no hay transubstanciación sino transustantivación. Cristo no se convierte en otra sustancia: “empanación”; sino que el pan se convierte en otra unidad sustantiva. Pero no es por la conversión “mirabilis” que se produce la Presencia, sino que la Presencia real de Cristo hace posible la conversión. La presencia es lo primero. (“La presencia de Cristo, dejando intactas las propiedades de la nuda realidad del pan, confiere a éste una nueva condición. Abre la unidad clausurada y total de la sustantividad del pan-alimento a una unidad superior, a la unidad de El mismo. Entonces el pan, conservando lo que clásicamente se llamaba sustancia, ha perdido su sustantividad y su condición y ha adquirido una condición de alimento de que antes carecía: la condición de ser alimento espiritual”)
SEGUNDO PROBLEMA
B. II.- El modo de la presencia real.
Cuando el ser se da en acto hablamos de “actuidad” (o ser en acto); pero cuando se hace presente al hombre, hablamos de “actualidad”. (“El sentido de la «cosa-sentido» se funda en la «condición», y a su vez la condición se funda en la «actualidad» de la presencia”….“El modo de presencia de Cristo en el pan consagrado por transubstantivación es «actualidad»).
B.II. a.- Primer punto: ¿Qué es actualidad?
Actualidad es “presencia” de algo a algo. Es “extrínseca” cuando no le va a la cosa actual dicha actualidad (presentidad o ahoridad), sino al referente de dicha actualidad (el “ante quién” está presente). Es “intrínseca”, no como “presentidad” o “ahoridad”, sino como “hacerse” presente, como presencialidad de alguien ante alguien. Actualidad “intrínseca formal”, es la presencialidad de la persona cuyo ser consiste en “estar” en la realidad actualmente, desde sí mismo, aunque no haga nada; como la persona humana que es actual desde sí misma, con presencialidad corporal, pues su corporeidad la hace actual, la presencializa.
Caracteres de la actualidad intrínseca formal:
B.II.a.1.-La actualidad es un momento real (no simbóli co)
B.II.a.2.- La actualidad es “estar siendo” real, físicamente real.
B.II.a.3.- La actualidad admite “devenir”.
Estructura de la actualidad intrínseca formal:
La actualidad puede ser simultáneamente diversa. El principio intrínseco y formal de la actualidad humana es el cuerpo.
B.II. b.- Segundo punto: ¿Qué es el cuerpo humano?
El cuerpo humano es un momento intrínseco y formal de la realidad humana: el hombre «es» corpóreo.
Momentos del cuerpo humano:
B.II.b.1. El cuerpo humano es “organismo”, con múltiples propiedades y cada una con su “posición”.
B.II.b.2. La complexión o compago (organizacional) le confiere al cuerpo una configuración propia.
B.II.b.3.- Cuerpo es corporeidad (soma), es principio intrínseco y formal de actualidad. Cuerpo es el “yo mismo” que “está presente aquí”.
El cuerpo tiene tres momentos: organización, configuración y corporeidad. Configuración y organización son modos de realizar la corporeidad (aunque como principio de actualidad la corporeidad no implica de suyo tener configuración ni tener organización).
B. II. c. Tercer punto: El modo de presencia real del cuerpo de Cristo en el pan.
Cristo toma el pan como principio de su actualidad personal aquí, así está realmente presente en el pan. ¿Cómo?
B.II.c.1.- Cristo está presente en el pan como actualidad (personal) y no como acto (sustancial ni accidental). Esto quiere decir que no hay cambio sustancial ni accidental de ninguna clase en la sustancia farinácea usada como alimento. Cristo no está “dentro” del pan ni es “parte” del pan ni se “reparte” en todos los panes (empanación)….
B.II.c.2.-La actualidad de la persona no es formalmente idéntica a la realidad de la persona. Cristo es Cristo aun sin Eucaristía.
B.II.c.3.-“El principio de actualidad en el hombre es el cuerpo, es corporeidad (y Cristo es hombre), resulta que el pan-alimento como principio de actualidad de Cristo es cuerpo de Cristo. Es Cristo mismo”.
B.II.c.4.- “Cristo toma el pan. La presencia real es un hacerse presente El. Tomar es hacerse presente”.
B.II.c.5.- «esto (el pan aquí) (es) el cuerpo de Cristo (es yo mismo)». Y: «mi cuerpo es esto», es decir, «mi cuerpo (Cristo mismo), (es) esto aquí».
B.II.c.6.- “esto es mi cuerpo» = «el alimento es Cristo mismo»; y «mi cuerpo es esto» = «yo mismo soy el alimento». La esencia de la transsubstantivación es esta actualidad del pan hecha actualidad de Cristo: es trans-actualización; es un devenir de actualidad y no un devenir de actuidad.
B.II.c.7.- “El pan-alimento como momento de actualidad intrínseca está fundado en el cuerpo de Cristo como momento formal de la realidad de Cristo. Es la misma actualidad, pero modalizada como alimento”…….
“La actualidad del pan en cuanto pan «significa», en efecto, la actualidad de Cristo en el pan como alimento”.” La esencia formal de la Eucaristía no se agota, pues, en la presencia real. Sin ella no habría Eucaristía, pero la sola presencia real no es la razón formal de la Eucaristía. ¿Cuál es esta razón formal?”.
TERCER PROBLEMA
B.III. La razón formal de la eucaristía.
“Tomad y comed” (el pan como alimento espiritual) es el imperativo eucarístico: esta es la razón formal de la Eucaristía. No sólo es comer (manducar), sino “cenar” con otros, participar en un banquete eucarístico.
B.III. 1.Primer punto: qué es banquete:
Banquete es reunión (de manducación) en torno a una persona; es comunidad de actualidad en torno a alguien. Hay comunidades impersonales y comunidad con comunión de personas.
B.III.2. Segundo punto: la esencia formal del banquete eucarístico
Es un banquete a Cristo, de Cristo y con Cristo. Cristo se hace actual en mí y yo me hago actual con Cristo. Hay unidad de actualidad, actualidad de comunión. “La esencia formal de la Eucaristía es comunión personal, y la esencia de la comunión personal es incorporación al cuerpo de Cristo”.
C.- Conclusión.
Hay tres conceptos claves: sustantividad, actualidad, corporeidad.
“La vida de Cristo en nosotros es una vida que emerge de Cristo (alimento) por transubstantivación, en forma de actualidad corpórea que consiste formalmente en la incorporación a Cristo”
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COMENTARIO
Carlos Zárraga Olavarría -2010
La presencia real de Cristo en la eucaristía es un dogma de fe. Pero la fe, en lo medular, es un acto de la inteligencia, es decir, la fe es un acto de intelección (aunque no “sólo” un acto de intelección). Como intelección ¿qué inteligimos cuando decimos que hay una presencia real de Cristo en la eucaristía? En la intelección de este dogma hay implícitos misterios inescrutables y cuestiones históricas, teóricas, religiosas, teológicas, lingüísticas y filosóficas entreveradas con el misterio. En lo puntualmente filosófico habría que explicar primeramente lo que entendemos por “Presencia” y por “real”; pues de ello depende, en definitiva, la inteligencia del dogma de fe, en lo que éste tiene de inteligible.
“Presencia” tiene una doble significación:
a.) como presente temporal, como “ahora”, como actualidad, no como mero acto que “actualiza” una potencia, sino como “hacerse o volverse actual” dentro del curso de tiempo de un espectador, es decir, dentro de las coordenadas de tiempo de alguien cuya realidad está constituida en el tiempo, “temporeidad” sin la cual no es posible ningún presente o “ahora”, porque para ello se requiere la presencia del continuo temporal, o sea, la actualidad de un ‘ahora-presente’ se proyecta siempre enmarcado por un pasado y sobre todo desde un futuro. No sabemos cómo puede ser el “eterno presente” en el que vive un zorzal, no porque carezca de memoria pasada, sino por no proyectar un futuro. Por esta razón tampoco podríamos hablar propiamente de un “presente” en el zorzal.
b.) como presencia espacial, como “aquí”, como “prae (esse) o junto a”, es decir, no como un mero “locus” o lugar espaciado medible en longitudes, sino como lugar situado respecto de alguien o “situs”, esto es, como comparecencia “aquí ante alguien” medible según cercanías o lejanías.
El “aquí-presente” devela, pues, una faceta muy especial: sólo hay presencia ante “alguien”, lo que constituye propiamente un “estar” presente. Tal como una piedra no “está” presente ante otra piedra ni tampoco cerca o lejos, así tampoco un conejo “está” presente ante otro conejo ni tampoco ausente (asumiendo la ausencia como una forma de presencia). Sólo hay presencia para el hombre, porque lo propio del ser del hombre consiste en “estar siendo” temporalmente en su propia realidad, es decir, haciéndose ‘in fieri; lo que significa que su realidad –al igual que el entorno que lo constituye– le está presente.
Entonces Cristo se hace presente “aquí-ahora” en el pan eucarístico ante los comensales que reunidos o en común participan (en común unión, en comunión) del banquete eucarístico, y sólo ante ellos, no ante la paloma que observa a través de los ventanales de la iglesia.
Pero hay muchas formas de presencia, como la re-presentación simbólica, teatral, significativa, figurativa o diplomática… Sin embargo el dogma tridentino es enfático en declarar que no se trata de ninguna representación sino de una presencia “real” de Cristo. Más la presencia real sólo es posible en, por y para las personas; sólo ellas “están” en la realidad siendo lo que son, presentes entre ellas y ante ellas, así como también sólo “para ellas” están las cosas, haciendo posible la realidad personal. Una forma muy especial de estar es no estar en “sí mismo” o “estar fuera de sí”, algo imposible para la bestia. La presencia personal se puede disfrazar, debilitar, difuminar, ocultar, fingir, ausentar. Pues la presencia se halla inserta en el dinamismo propio de la persona, en un dinamismo érgico y temporal, la presencia es algo que hacemos, nos “hacemos presente”.
En este caso se trata de una presencia real interpersonal a través del pan: Cristo se “hace” presente en el pan consagrado, no por el poder de la “conversio mirabilis” que produce la invocación sacramental, sino que es por la propia promesa de Cristo que se hace presente desde sí mismo — personalmente El mismo — en el pan.
La promesa con la que se invita a participar del banquete eucarístico se concentra en una frase tremendamente enigmática: (porque) “este es mi cuerpo”. Obviamente un trozo de pan no es el cuerpo de nadie, tampoco el cuerpo de Cristo; menos aún podría decirse que Cristo se “convierte” en una sustancia farinácea, o sea, que se “empaniza”, tal cosa resulta inaceptable. Al parecer deberemos aclarar lo que se entiende por “real”; sólo así comprenderemos aquello de la “Presencia real”.
Lo primero que hay que decir es que “pan” no coincide con la “sustancia farinácea”, porque también hay pan de maíz, pan de papas o patatas y pan de almendras (como el mazapán), entre otros. Pan es un constructo irreal, un alimento creado por el hombre, una realidad de sentido que adquiere realidad sólo para el hombre. Por eso un ratón que roe un pan, no se alimenta de pan (ni siquiera se alimenta), sino que sólo se nutre de los elementos con que está hecho el pan.
Por lo mismo, si vamos a hablar de la presencia de Cristo, éste se hace presente en el pan y no en el material químico-orgánico con que está hecho el pan. Esto lleva a decir, que si hay algún cambio en la conversión del pan consagrado, este cambio no es físico ni químico; no hay ningún cambio físico-químico en el pan consagrado. El pan como alimento físico se convertiría en alimento espiritual, sin dejar de ser nutritivo.
Lo segundo que hay que decir es que la presencia personal se consigue a través del cuerpo, el cuerpo es principio de actualidad y presencia. Yo estoy donde está mi cuerpo, no como si yo fuera algo distinto a mi cuerpo, sino que todo lo que yo soy es corpóreo. Yo no “tengo cuerpo”, sino que “soy (mi) cuerpo”. De modo que cuando Cristo dice “mi cuerpo”, está diciendo “(lo que soy) yo mismo”, tal como indica Zubiri en la traducción del término cuerpo desde el arameo de Cristo. En consecuencia la promesa reza “aquí (estoy) yo mismo” (el arameo utiliza constructos lingüístico no-predicativos que carecen del verbo “ser”, por ejemplo, “la casa es roja” se diría simplemente “la casa rojea”). De la misma manera en que enfatizamos nuestra presencia diciendo “esto lo hice yo mismo”, pues a diferencia de lo que “yo hago”, lo que hago “yo mismo” lo realizo cuando estoy plenamente presente. Gracias al cuerpo hay presencia real, si no es corporal no hay comparecencia. Aunque mi cuerpo no se constriñe a las condiciones físico-químicas o bio-orgánicas que posee, como cuando viajo en un vehículo y este golpea con algo, yo siento que “algo me golpea”. Mi cuerpo no sólo es cuerpo físico, es cuerpo personal y como tal es extensivo a muchas cosas en la distancia y el tiempo. No es lo mismo cuerpo “físico” que cuerpo “personal”. Por eso de algún modo “estoy” en una fotografía, en ella me hago presente, aunque no esté físicamente. Por lo mismo puede haber mucha cercanía personal entre personas físicamente distantes o una tremenda lejanía entre personas que conviven juntas. En ocasiones la presencia se vuelve más fuerte con la ausencia.
Entonces: Cristo se hace presente realmente como persona, físicamente, corporalmente en el pan, es decir, “ahí” en el pan comparece real y personalmente Cristo, aunque es claro que Cristo no es ningún pan.
La tradición filosófica ha postulado que lo real es lo que tiene ser, ser significa simplemente tener el poder de perdurar en el tiempo y aunque el ser se dice de muchas maneras, principalmente (kyrios) se dice de la sustancia. La sustancia es la unidad primaria y primordial de sustentación del ser, son como los “bloques con los que está hecha originariamente la realidad”. La unidad coherencial de toda sustancia es la esencia que clausura la unidad sustancial permitiendo que esta sustente otros modos de ser o accidentes. Con ello se ha interpretado que la sustancia del pan mantiene sus propiedades accidentales, pero por la consagración el pan cambia metafísica y misteriosamente de esencia: habría entonces una transustanciación, no una consustanciación o dos sustancias en una. Lo cual equivaldría a sostener que un gato se puede convertir en tiburón sin dejar de tener las propiedades accidentales de gato, o sea, sería un tiburón que anda de noche por los tejados maullando. Esta ilustración del problema no es para nada extrema, pues la distancia que hay entre un gato y un tiburón no es siquiera comparable con la que existe entre un pan como alimento y la persona divina de Cristo
Pero la realidad –el universo, como se suele decir coloquialmente – no está diseñado según la mecánica dualista del modelo griego. Lo real no se reduce al poder que tiene la sustancia para perdurar y mantenerse estable, resistiendo la desestabilización del cambio para sostener así otros modos de realidad gracias a la composición de elementos activos y pasivos. De modo que cuando un lobo se come una liebre desaparecería la unidad sustancial, perdiéndose la forma en la nada, mientras que las propiedades accidentales pasarían a integrar una nueva sustancia. Nunca se pudo responde a la pregunta ¿y donde van las formas sustanciales de las sustancias que se corrompen? Porque no hay en el mundo procesos de creación o aniquilación, sólo procesos de transformación. ¿Se se produce, acaso, un proceso de transubstanciación, por el cual la liebre se vuelve lobo? Esto resulta inaceptable. El universo material o realidad conocida no está constituida por una materia prima informe, sino por materiales primarios que se integran sistémicamente para hacer sustentable la realidad de las cosas en un entorno determinado, como pretendía enseñar Demócrito en la antigüedad. Las propiedades o notas que constituyen a un oso polar lo hacen sustentable en el ártico, en cambio la suficiencia constitucional de notas de un camello posee una estructura diferente que lo hace sustentable en el desierto. Las cosas tienen realidad no por ser sustanciales, sino por ser sustantivas en sí mismas. De modo que si nos comemos una gallina, las sustancias que la constituyen –como el agua – pasan a integrar un nuevo sistema sustantivo, simplemente se traspasan, sin que las sustancias dejen de ser lo que eran.
Así el pan no pierde su índole sustancial al integrar la sustantividad de la persona divina de Cristo. La sustantividad de Cristo se hace presente realmente en la sustancia del pan, el cual mantiene sus propiedades sustanciales y accidentales. La sustantividad de Cristo es una sustantividad personal, de modo que la presencia real en el pan como alimento es una presencia personal.
¿Cómo sucede esto? No lo sabemos, esto es lo misterioso del misterio, aceptable sólo por fe.