“LA EUCARISTIA
Estudio filosófico desde la perspectiva de la Transubstanciación y de la Transustantividad”.
FREDDY ZAPATA ZAMORA
CHILE – 2011
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I: DOCTRINA DE LA IGLESIA
1.1. Doctrina oficial de la Iglesia sobre la transubstanciación a la luz del
Concilio de Trento y el Catecismo de la Iglesia Católica
1.2. Algunas objeciones en contra de la teoría de la transubstanciación
1.2.1. Transignificación o transfinalización
1.2.2. Consubstanciación o empanación
1.2.3. Excursus:Una pequeña mirada a la física actual en torno a la transubstanciación
1.3. Doctrina de la transubstanciación según Santo Tomás
1.3.1. El Hilemorfismo
1.3.2. La Materia
1.3.3. La Forma
1.3.4. Substancia y accidente
1.3.5. Forma Substancial y accidental
1.3.6. Teoría de la Transubstanciación
1.4. Diferencia entre transformación (transmutación) y transubstanciación
CAPÍTULO II: TEORÍA DE LA TRANSUSTANTIVIDAD EN XAVIER ZUBIRI
2.1 La Sustantividad
2.2 La Realidad
2.3 El Cuerpo
2.4 Cosa-realidad y Cosa-sentido
2.5 Teoría de la Transustantividad
2.5.1. La Presencia Real de Cristo en la Eucaristía
2.5.2. El modo de la Presencia Real
2.5.3. El modo de la Presencia Real del Cuerpo de Cristo en el pan
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
La presente tesina de investigación filosófica tiene como objetivo estudiar la Eucaristía desde el punto de vista filosófico, a través de dos teorías: la transubstanciación en Santo Tomás de Aquino y la transustantividad en Xavier Zubiri, analizada desde la perspectiva de la metafísica de ambos filósofos; de ahí el origen del título: “La Eucaristía, estudio filosófico desde la perspectiva de la Transubstanciación y de la Transustantividad”. Se desarrollará la posición filosófica de ambos pensadores, para exponer correctamente la doctrina de la Iglesia Católica sobre el dogma de la presencia real de Cristo en la Eucaristía .
Este estudio se llevó a cabo a lo largo del año 2011, pero el interés nació el año 2010 durante el primer semestre académico con el ramo de ‘seminario de metafísica’, donde se abordó el tema de la Eucaristía, cuyo expositor fue el Prof. Carlos Zárraga O., quien me guió y orientó en la realización de esta tesina, analizada bajo la luz de la filosofía que se refleja en la fe, para rozar lo intocable del misterio Divino. Los autores tratados fueron Santo Tomás de Aquino, y –especialmente– Xavier Zubiri con la actual filosofía contemporánea. Apoyados, además, en las enseñanzas de J. Ratzinger cuando era Cardenal de la Iglesia con su libro: Transustanciación y Eucaristía, en especial el primer capítulo: El problema de la transustanciación y la cuestión sobre el sentido de la Eucaristía de Joseph Ratzinger, donde en el segundo punto titulado El problema filosófico de la transustanciación, aborda directamente el problema desde la filosofía. Desarrollándose en el Pontificio Seminario Mayor San Rafael de lo Vásquez.
El método de investigación ha sido el análisis de textos, resumiéndolos y sacando lo medular para abordarlo del ámbito filosófico. La tesina tiene como texto base y fundamental el libro de S. Tomás de Aquino: Suma Teológica, parte III, artículos del 1-8 (S. Th, III, q. 75): “De la conversión del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo”, en especial el corpus y las respuestas a la objeciones. Y en Xavier Zubiri la exposición se acota a: “Reflexiones Teológicas sobre la Eucaristía”, que se divide en tres problemas, el primero es la “Presencia real de Cristo en la Eucaristía”; el segundo, “El modo de la presencia real”; y el tercero, “La razón formal de la Eucaristía”. Netamente el primer y segundo problema son los de carácter filosófico, ya que el tercero corresponde más íntimamente a la Teología. Haciendo una pequeña aclaración al nombre de la lección de Zubiri, este coloca el nombre de ‘Reflexiones Teológicas’ por el hecho de que, con esta lección, se le otorgo el grado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Deusto, promovida por la Facultad de Teología, y en agradecimiento realiza una exposición Teológica, cosa que puntualizó en el tercer problema. Fundamentalmente los dos primeros problemas son los que se expuso en su totalidad en el segundo capítulo de esta tesina, dejando latente el tercer problema. Esta fue la lección inaugural del curso 1981-82 pronunciada por Zubiri en el Paraninfo de la Universidad de Deusto (Euskadi 1 de Octubre de 1980), con motivo de su investidura –como se dijo– Doctor Honoris Causa otorgado por dicha universidad. El presente texto se encuentra en la página web: www.zubiri.org, que refiere a su publicación en Estudios Eclesiásticos (enero-junio) números 216-217, Vol. 56, 1981, pp. 41-59. Este mismo texto se encuentra publicado como un apéndice en el tercer tomo de la trilogía teologal de Xavier Zubiri Apalategui, titulado: “El problema Teologal del Hombre: Cristianismo”, pp. 397-421. En esta tesina, con motivo de una mejor organización se tomó del libro “Adimen” de Carlos Zárraga Olavarrìa. (pp. 499-(524) 531) quien la reprodujo en su totalidad.
Esta tesina va a ser enfocada desde el punto de vista de la filosofía, con la premisa de que no hay teología sin filosofía. El objetivo central será llegar a la puerta de la teología, realizando un análisis investigativo de la presencia real de Cristo en la Eucaristía desde y con la filosofía, sin entrar al misterio teológico, sino que conceptualizándolo desde la metafísica cristiana, apoyada con los autores antes mencionados. Junto con lo anterior se aclara que la propósito de este escrito no es modificar ni corregir nada del dogma, como tampoco reactualizar o alterar el Magisterio de la Iglesia Católica, sino que exponer una visión distinta, apoyada con el pensador Xavier Zubiri, dando así a conocer que la doctrina de la transubstanciación no es la única visión que existe, sino que también está la visión de la transustantividad, que se mantiene al margen y neutral a la opinión formal de la Santa Iglesia. La teoría de la transustantividad, según el parecer de la Iglesia no se ha dicho que es correcta, pero tampoco que es errónea, sino que se ha tomado una postura neutral, y más que neutral se ha guardado silencio. Es por ello que mi intención es solamente exponerla desde el ámbito de la filosofía, para verificar que dicha teoría no es contradictoria a la opinión formal de la Iglesia Católica y que también se puede entender a luz del siglo XXI.
La finalidad de esta tesina es entregar las herramientas filosóficas para poder incorporarse en los misterios teológicos, no se busca entrar en los problemas de la teología, ni probar la presencia real de Cristo en la Eucaristía, sino exponer un marco filosófico que permita comprender –hasta donde sea posible– y sin contradicciones este postulado de fe. Así, queda la filosofía al servicio de la teología, transformándose en el puente para cruzar correctamente al problema de la Eucaristía. Solo queda decir que este misterio se acepta desde la fe, pero apoyada con la razón.
CAPÍTULO I: DOCTRINA DE LA IGLESIA
1.1. Doctrina oficial de la Iglesia sobre la transubstanciación a la luz del Concilio de Trento y el Catecismo de la Iglesia Católica
Después de haber introducido el tema de esta tesina, y antes de avanzar por los autores señalados, es necesario dar a conocer lo que formalmente cree la Santa Iglesia católica referente al sacramento de la Eucaristía. El dogma definido taxativamente por el concilio de Trento, que recoge, recapitula, compendia y actualiza lo que se había dicho principalmente en los concilios anteriores, para exponer la verdadera, antigua y siempre nueva doctrina sobre la fe y los sacramentos, cuyo propósito era poner remedio a las herejías que florecían en aquel entonces como, por ejemplo, la posición de Lutero y Calvino (que se van a exponer en el siguiente apartado), y rescatar la doctrina filosófica de Santo Tomás de Aquino –a quien aludiremos en el punto siguiente–. El Magisterio de la Iglesia católica enseña que:
“[…] Después de la consagración del pan y el vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles.”
Ésta es la verdad que deben profesar quienes pertenecen a la Iglesia católica. Lo mismo refiere el canon primero:
“Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende Cristo entero; sino que dijere que sólo está en él como señal y figura o por su eficacia: sea anatema.”
La palabra ‘anatema’ viene del griego ἀνάθεμα y del latín anathema que comprende dos significados. El primero como verbo ‘ἀνάθεμα’: anatema, maldición, excomunión; excomulgado. El segundo se entiende como complemento; ofrenda, exvoto; monumento . De acuerdo al contexto se entenderá con el significado de excomunión, maldición e imprecación.
El dogma oficial recogido y difundido a la luz de Trento (1545-1563), bajo la guía del Papa Julio III, el continuador de Paulo III y predecesor de Pio IV, en la sección XIII, fechada 11 de octubre de 1551, es el siguiente:
“Cristo Redentor nuestro dijo ser verdaderamente su cuerpo lo que ofrecía bajo la apariencia de pan […]; de ahí que la Iglesia de Dios tuvo siempre la persuasión y ahora nuevamente lo declara en este santo Concilio, que por la consagración del pan y del vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo Señor nuestro, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. La cual conversión, propia y convenientemente, fue llamada transustanciación por la santa Iglesia católica.”
Y sentencia radicalmente sellando el dogma con el canon 2:
“Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre del Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia de la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia católica aptísimamente llama transustanciación: sea anatema.”
Al tener presente este dogma, se hace preciso explicar las bases filosóficas en las que descansa esta formulación dogmática, y así sostenerlo con una base consolidada por la razón que robustezca la fe. El objetivo es doble. Por un parte lograr una buena apologética. Por otra entregar una buena explicación del dogma, para que no se derrumbe ante cualquier doctrina falsa. Pero lo más importante, es darlo a conocer correctamente al pueblo de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica expresa lo mismo, es decir, que Cristo está presente en las especies eucarísticas de pan y vino:
“En el santísimo sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero.”
El Catecismo de 1992 intenta actualizar la doctrina tridentina. En este sentido, prosigue:
“La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.”
Es aquí que se expuso el único dogma de la Iglesia católica a la luz de su Magisterio y actualizado con su Catecismo, para demostrar que desde siglos la Iglesia ha guardado sin error ni contradicción lo referente al dogma de la transubstanciación.
1.2. Algunas objeciones en contra de la teoría de la transubstanciación
Antes de adentrarnos al tema de la transubstanciación directamente con el Aquinate, es preciso, dar a conocer las doctrinas que han ido en contra de la opinión formal de la Iglesia, con el objeto de darle solución desde la perspectiva de la filosófica cristiana-católica.
Objeciones :
1.2.1. Transignificación o transfinalización:
Calvino es el principal promotor tanto la doctrina de la transignificación como de la transfinalización. Él nos explica que:
“Ante todo, los signos son el pan y el vino; los cuales representan el mantenimiento espiritual que recibimos del cuerpo y sangre de Cristo […]. El único sustento de nuestras almas es Cristo; y por eso nuestro Padre celestial nos convida a que vayamos a Él, para que alimentados con este sustento, cobremos de día en día mayor vigor, hasta llegar por fin a la inmortalidad del cielo. Y como este misterio de comunicar con Cristo es por su naturaleza incomprensible, nos muestra Él la figura e imagen con signos visibles muy propios de nuestra débil condición […] (donde) nuestras almas son alimentadas con Cristo exactamente igual que el pan y el vino natural alimentan nuestros cuerpos, penetra en los entendimientos; por más rudos que sea. Vemos, pues, a qué fin se ha instituido este sacramento; a saber, para asegurarnos que el cuerpo del Señor ha sido una vez sacrificado por nosotros, de tal manera que ahora lo recibimos, y recibiéndolo sentimos en nosotros la eficacia de este único sacrificio.”
Calvino al hablar de la eficacia de este sacramento en el alma declara la importancia de las palabras que Cristo pronunció en la última cena:
“Debemos notar diligentemente, que casi toda la virtud y fuerza de este sacramento consiste en estas palabras: que por vosotros se entrega; que por vosotros se derrama; porque de otra manera no nos serviría de gran cosa que el cuerpo y la sangre del Señor se nos distribuyesen ahora, si no hubieran sido ya entregados una vez por nuestra salvación y redención. Y así nos son representados bajo el pan y el vino, para que sepamos que no solamente son nuestros, sino que también nos da la vida y el sustento espiritual […] y así cuando vemos que el pan no es presentado como signo y sacramento del cuerpo de Cristo, debemos recordar en seguida la semejanza de que como el pan sustenta y mantiene el cuerpo, de la misma manera el cuerpo de Jesucristo es el único mantenimiento para alimentar y vivificar el alma.[…] Así que no es el sacramento el que hace que Jesucristo comienza a ser para nosotros pan de vida, sino en cuanto nos recuerda que ya una vez lo fue, para que continuamente seamos alimentados de Él; nos hace sentir el gusto y sabor de este pan, para que nos alimentemos del mismo.”
Entendemos estos términos –transignificación o transfinalización– como el hecho de dar al pan y vino consagrado, una finalidad o una significación que sobrepasan –trans preposición latina de acusativo que significa ‘de la otra parte’, ‘del otro lado’, ‘más allá de’, ‘a través de’– su finalidad o su significación comunes. Se puede decir que una transignificación sólo tiene valor si el nuevo significado es más alto, es decir, una transfinalización, que sobrepasa el antiguo valor que poseía. En este caso, Cristo tiene una significación suma, respeto a la concepción de pan, y cuya finalización es más pujante y adquiere una mayor importancia que la realidad de pan. Ratzinger escribe:
“Calvino toma el punto de partida desde una fuerte acentuación de la real humanidad de Jesús y de este modo se ve inducido a formular un teología de la ascensión muy explícita y concebida también en sentido esencialmente local. Cristo está sentado a la derecha del Padre y en ningún otro lugar; en efecto, siendo verdadero hombre, no puede estar simultáneamente en cualquier parte. Como no hay duda de que había aprendido la doctrina de la presencia real esencialmente en la versión luterana, es decir, como enseñanza de la ubicación del hombre Jesús, Calvino se siente obligado, precisamente por el sentido inmutable que él tenía del hombre Jesús, a rechazar aquella doctrina: Cristo se halla a la derecha del Padre, y no sobre nuestro altares. No obstante, también según Calvino, se da una real unión con Cristo en el uso de las ofrendas eucarísticas, en las que Cristo nos atrae a sí por medio del Espíritu Santo.”
Lo que nos explica Ratzinger, con respecto a la doctrina de Calvino, es que Cristo sólo se encuentra en un lugar, o está en el ‘cielo’ o bien está en la Eucaristía (la realidad), pero no puede estar en las dos partes a la vez, ya que contradiría el primer principio de la razón especulativa, donde entra el principio de no contradicción que con frecuencia es considerado como principio ontológico, que se enuncia así: “es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo respecto” . Del mismo modo que en una cena, el pan y el vino compartidos no tienen solamente una función o un fin de nutrición, cuyo significado no se restringe a un valor calórico, sino que expresa la participación en una misma hermandad en el compartir de la mesa: el compartir íntimo y profundo con los suyos. Así el pan y el vino eucarísticos están transfinalizados o transignificados, identificándose con el don del cuerpo de Cristo, entendiéndose sólo en el sentido de identificándose, esto quiere decir, reconocer la esencia de alguien y no poseerla, o bien llegar a sentir algo ajeno como propio, que se puede entender como similitud, o querer ‘llegar a ser’ o ‘darle el sentido de’ que es netamente distinto a ‘ser’.
Calvino rechaza el apelativo de sacrificio aplicado a la misa, ya que expresa que no se encuentra más que un único y eterno sacerdote: Cristo, y no puede ser reemplazada por nadie más; además, excluye toda nueva oblación de Cristo víctima por parte del ministro o bien de la comunidad :
“Calvino insiste en las diferencias que separan a los sacrificios rituales de la cena, que es sacrificio sólo en cuanto memoria, imagen y representación del único sacrificio expiatorio de Jesús […]. Calvino pretende excluir, por una parte, toda reiteración o repetición del sacrificio de la cruz, marcando una distinción entre la realidad original y su imagen reflejada; pero a la vez trata de evitar igualmente toda disyunción o separación entre la cruz y la cena, afirmando una presencia misteriosa de la cruz en la cena «como en un espejo», pues la imagen reflejada en el espejo sólo persiste en tanto en cuanto se mantiene la presencia viva de la realidad en él representada.”
En síntesis, Calvino señala que sólo variaría el sentido, en lo referente a las especies eucarísticas. No se produce una presencia real sustancial. Cada cual da una significación distinta a las especies, o sea, una transignificación, adquiriendo un valor supremo, ya que representa a Cristo, el hijo de Dios. Las especies eucarísticas no se convertirían según lo expresado en las plagarías eucarísticas, sino que lo representan –entendido como imagen que es una representación concreta y particular– como un símbolo, no cualquiera símbolo, sino un símbolo que toma la representación o imagen de Cristo para que nos alimentemos espiritualmente de Él.
1.2.2. Consubstanciación o empanación:
Hasta la Reforma luterana y el concilio de Trento, los debates en torno a la Eucaristía habían versado más sobre el modo y la forma en que Cristo se halla presente en ella, que con respecto a la cuestión de la transubstanciación, es decir, la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Antes de estas discusiones, el dogma de la Eucaristía no había recibido críticas y herejías fundamentalmente importantes como las que expresa Lutero.
Las diferentes confesiones nacidas a partir de la Reforma protestante, especialmente la luterana, construyen sus propias doctrinas eucarísticas. En ellas, se vislumbra –como común denominador– la negación de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, pretendiendo la fórmula de una nueva erudición más acorde con los planteamientos de las diferentes iglesias reformadas.
Lutero expresa que:
“Cuando los evangelistas (Mt. 26:26; Mr. 14:22; Lc. 22:19) claramente escriben que Cristo tomó el pan y lo bendijo, y el libro de los hechos (Hch. 2:46) y el apóstol Pablo (1 Co. 11:23) posteriormente lo llaman pan, debe entenderse verdadero pan y verdadero vino, como también verdadero cáliz (puesto que ni ellos mismos dicen que se transubstancia el cáliz).
Pero como no es necesario suponer una transubstanciación hecha por la divina potestad, debe tenerse por un ficción del criterio humano, puesto que no se apoya en ninguna Escritura ni en ninguna razón […].”
Lutero habla directamente en contra de la transubstanciación diciendo:
“[…] es una invención absurda y antojadiza la aplicación de las palabras de que el pan se entienda por la especie o los accidentes del vino […].
Más también la Iglesia creyó rectamente durante más de mil doscientos años y jamás en parte alguna los Santos Padres se acordaron de esa transubstanciación (vocablo verdaderamente portentoso y quimérico) hasta que la simulada filosofía de Aristóteles empezara a invadir la Iglesia en estos últimos trescientos años […].
[…] Por último se vieron obligados a inventar que Dios crea en el altar un nuevo ser en aquellos accidentes. Ello se debe a Aristóteles, quien sostiene que la esencia del accidente consiste en el estar en algo. Y otras innumerables monstruosidades. De todas ellas quedarían libres si simplemente admitiesen que allí existe pan verdadero […]; si la transubstanciación se debe suponer para que el cuerpo de Cristo no se verifique del pan ¿por qué no se pone también una transaccidentación (cambio o accidente) para que el cuerpo de Cristo no se afirme del accidente? El mismo peligro subsiste si alguien entiende por sujeto: esta misma cosa blanca o esta cosa redonda (hostia u oblea) es mi cuerpo. Por la misma razón por la cual se supone la transubstanciación ha de ponerse también la transaccidentación, debido a la suposición de que son iguales los extremos.”
Con respecto a la doctrina de la transubstanciación mirada desde la perspectiva aristotélica-tomista, Lutero sentencia:
“[…] si no logro comprender de qué modo el pan es el cuerpo de Cristo, entregaré cautiva mi razón en obsequio de Cristo y adhiriéndome simplemente a sus palabras, creo con firmeza que no sólo el cuerpo está en el pan, sino que el pan es el cuerpo de Cristo. Así, pues, me ayudarán sus palabras, donde dice (1 Co. 11:23 y sigs.): ‘Tomó el pan, y bendijo, y lo partió y dijo: Tomad, comed, esto (es decir, aquel pan que había partido) es mi cuerpo’. Y Pablo (1 Co. 11:25): ‘el pan que partimos ¿no es la comunión (participatio) del cuerpo de Cristo?’ No se dice que está en el pan, sino que ese mismo pan es la comunión del cuerpo de Cristo. Y si la filosofía no lo entiende, más grande es el Espíritu Santo que Aristóteles. ¿Acaso comprende ella la transubstanciación de aquellos? Ellos mismos admiten que aquí toda la filosofía se derrumba […] Para que haya verdadero cuerpo y verdadera sangre no es necesario que se transubstancien el pan y el vino a fin de que tengamos a Cristo bajo los accidentes. Por el contrario, permaneciendo ambos a la vez, con verdad se afirma: este pan es mi cuerpo y este vino es mi sangre, y viceversa. Mientras tanto lo entenderé de este modo haciendo honor a las santas palabras de Dios. No toleraré que se violen por alegatos humanos ni se tuerzan para darles significaciones extrañas.”
Al negar el valor sacrificial de la Misa, Lutero redujo la Ultima Cena a un mero acto conmemorativo, desde esta perspectiva, carecía de sentido mantener la doctrina tradicional católica (expuesta en el punto anterior). Lutero no niega la presencia real de Cristo en la Eucaristía, sino que niega la transubstanciación, sustituyéndola por la consubstanciación o empanación: el pan y el vino coexisten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, él mismo se hace pan no aniquilando la sustancia de éste.
1.2.3. Excursus: Una pequeña mirada a la física actual en torno a la transubstanciación
A lo largo de la historia, sobre todo en la historia moderna-contemporánea, se han producido grandes avances en el la física, especialmente en el campo de la física atómica, que a grandes rasgos, la podemos entender como el estudio de las propiedades y el comportamiento de los átomos, realizando un nueva interpretación de la estructura fundamental de la materia.
“En torno a los años veinte (1920) comienza un discusión sobre la entraña filosófica del hilemorfismo. La ciencia atómica había comenzado ya a dar sus resultados y cada vez más se conocía a fondo la compleja composición de la materia. Los entes materiales, compuestos, según el hilemorfismo de materia prima y de forma sustancial, se revelan en la física moderna como un conglomerado de elementos: átomos, dividido en neutrones, positrones, electrones, etc. La materia aparece mucho más compleja de lo que se había pensado.”
En la cita anterior, Sayes, hace mención a algunos términos importantes (hilemorfismo, materia, átomos, entre otros) entonces es preciso revisar el significado de estos conceptos para explicar el problema de la física en relación a la transubstanciación.
La teoría hilemórfica se remonta a Aristóteles. Se conforma a partir de dos términos. Por un lado, materia (del griego hylé); por otro, forma (del griego morphé). Se fundamenta por tanto en los conceptos de materia prima y forma substancial.
“En la actualidad el hilemorfismo como doctrina perteneciente a la filosofía natural es aceptada por muchos neoescolásticos, en particular por muchos neotomistas. Según el hilemorfismo, toda realidad natural se halla compuesta de materia y forma. Más específicamente, el hilemorfismo sostiene que cada cuerpo natural se halla compuesto de dos principios substanciales: la materia (o materia prima) y la forma substancial. Estos principios están relacionados entre sí al modo como lo están la potencia [lo que puede llegar a ser] y el acto [lo que es en la actualidad]. Los hilemorfistas sostienen que hay cambios substanciales, y que éstos no pueden explicarse a menos que se admitan la materia prima y la forma substancial.”
Esta teoría es defendida especialmente por los que siguen el pensamiento aristotélico-tomista, para explicar la formación de la realidad, en la cual todo estaría compuesto por este dualismo de materia y forma.
Sin embargo, la teoría del hilemorfismo ocasiona una problemática que genera diversas opiniones respecto de la Eucaristía:
“Según unos, el hilemorfismo es de rango metafísico y su explicación sobre la composición de los cuerpos está por encima de toda consideración física. Tanto la materia prima como la forma sustancial son coprincipios metafísicos que no deben confundirse con elementos concretos experimentables por la observación. Otros, en cambio, no tuvieron dificultad en traducir la sustancia hilemórfica en términos de indudable sabor cosmológicos y físicos.”
Si Cristo entero se encuentra formalmente en la Eucaristía, bajo las apariencias de pan y vino que se convierten en cuerpo y sangre de Cristo, entonces se tendría un problema con la física: ¿qué es lo que entiende la física por ubicación corporal en el espacio? El espacio no existe solo, sino que forma un todo con el tiempo (espacio-tiempo) conceptos que se mueven unidos en la realidad, y por tanto, la ubicación de un cuerpo se entiende como la posición de un cuerpo u objeto en un determinado tiempo respecto a un sistema de referencia. La transubstanciación no cambia las leyes físicas, ya que éstas –en lenguaje aristotélico-tomista– se mueven bajo los accidentes, sin afectar a la substancia, o bien a la forma. Pero ¿puede haber cuerpo sin espacio-tiempo?, según lo observado en el universo, la física sólo es capaz de explicar el hecho de que exista materia en el espacio-tiempo, ya que eso es lo único que se conoce, nunca se ha observado lo contrario, por lo tanto en el rango de validez en que hoy nos encontramos se tiene que no es posible un cuerpo sin espacio-tiempo.
Un cuerpo es un objeto o ente que está constituido por materia, por lo tanto consta de masa y volumen, que son categorías aristotélicas, ocupando una ubicación en el espacio-tiempo. La transubstanciación convierte el pan en cuerpo de Cristo, sin disolver las categorías accidentales de masa y volumen, ya que sólo cambia lo substancial, permaneciendo intacto el cuerpo (los accidentes de pan) en el espacio de tiempo. Ahora la física entiende como sustancia una clase de materia o porción de ella que comparte ciertas propiedades, es aquí donde se aleja el concepto de sustancia física del concepto tomista de sustancia arraigada a la esencia, a manera metafísica. Por su parte, la física entiende la sustancia como una clase de materia, o sea, todo aquello que ocupa un lugar en el espacio-temporal (del que se hablaba anteriormente), que posee una energía medible, a saber, que se puede calcular, y que está sujeta a cambios en el tiempo. Por tanto lo que cambia se observa, lo que se observa se analiza y lo analizado se aprehende por el intelecto dejando de ser un misterio.
Lo que explica el dogma, definido previamente, es que Cristo está presente verdaderamente en el pan y el vino. Sin embargo, debemos analizar lo que significa esta presencia bajo la perspectiva física, ésta dice que la presencia puede referirse a un fenómeno, algo que está ocurriendo, que hace que las cosas existan, cambien o se creen dentro del espacio y tiempo. Presencia se puede entender también como “qué está delante o en presencia de uno, o concurre con él en el mismo sitio […] dícese del tiempo en que actualmente está uno cuando refiere a una cosa” , entonces sólo habría presencia con seres intelectuales, algo se hace presente delante de personas, entonces podríamos decir que Cristo está presente para nosotros, no para los seres irracionales, ya que ellos no logran darse cuenta de la presencia de otros ‘yo’ de manera intelectual, sólo por los sentidos y estímulos. Luego, hay presencia cuando logro darme cuenta de la existencia de otro por fenómenos medibles empíricamente.
La presencia se da en el espacio-tiempo. Hay presencia en la realidad, y fuera de ella no hay presencia real. Realidad se entiende como algo tangible y empírico de manera física, aquello que se puede demostrar experimentalmente para respaldar una teoría. Cristo se hace presente en la realidad ya que está presente en el pan y el vino, no se hace pan ni vino, en otras palabras, no se empana, sino que se hace presente esencial y realmente oculto bajo el velo de los accidentes del pan y vino. Ahora, todo lo real está constituido por partículas elementales:
“[…] que la física enumera, como el electrón, el quark, el protón, el fotón, el mesón, el neutrino y otros… La energía misma es material elemental y cada día se descubren otros tipos de partículas elementales, que permiten hablar, por ejemplo, de la materia oscura en el universo, o el caso de las antipartículas que entran en colisión con las partículas dando origen a la energía que se vuelve antimateria. Las partículas no constituyen aún un cuerpo, ni siquiera un corpúsculo. La física ha disociado la noción de materia de la noción de cuerpo, aunque no existan cuerpos sin materia para la ciencia. Las partículas suelen ser realidades de una estabilidad tremendamente inestable, efímera, fugaz; realidades mínimas que no resisten la disipación, a diferencia de una macromateria más estable, resultado de la combinación de partículas. Toda realidad posee al menos un momento de estabilidad, de lo contrario la realidad sería totalmente evanescente, inestable, inasible y por ende, ininteligible. Pese al dinamismo y fugacidad del centenar de partículas elementales que se conocen, algunas, como el protón y el electrón, persisten con alguna estabilidad integrando átomos y moléculas. Esta es la primera forma de materia reconocible.”
Se observa que el lenguaje de la física se radicaliza a lo tangible (hic et nunc), a lo empírico, donde todo lo que es observable constituye un grado de aprehensión y de medida de la realidad. Toda la realidad está formada por átomos constituyendo una verdad que se comprueba físicamente:
“Los cuerpos no son más que sistemas estructurados de átomos y moléculas, más estables, complejos y resistentes a los cambios del entorno. Su existencia o persistencia en la realidad depende de esta resistencia (estudiada en resistencia de materiales); existir es literalmente ‘aguantar’ las vicisitudes del entorno, en física se habla de la resistencia a la disipación. Recién ahora es posible hablar de ‘materia corporal’, donde el material ‘particular’ se ha integrado, es decir, ‘incorporado’ a un sistema más estable.”
El pan que se ocupa en la Eucaristía es como cualquier materia que se encuentra en el espacio temporal ocupando un lugar, compuesto por átomos y moléculas, es decir, un cuerpo presente real en el cosmos. Pero debemos tener presente que la conversión del pan y vino no se da en las partículas elementales, o sea no se atomiza o se molecularizan en el sentido de que se haga átomo o molécula, ni tampoco se debe entender como trans-atomiza y trans-moleculariza , porque el átomo por sí constituye un accidente, y por ende se puede comprobar siendo visible por los sentidos, es por eso que Cristo no se transaccidenta. El átomo constituye la parte esencial de algo, en este sentido ‘esencia’ se apoya en la significación física, que es diferente a la concepción metafísica, la física entiende la esencia como lo que constituye una cosa, y la metafísica lo entiende como la substancia, en otras palabras; el deposito de los accidentes sin constituir algo material.
Lo maravilloso de esta conversión es que todo, en el sentido suma radical de accidentes se conserva simpliciter, o sea absolutamente todo permanece igual como pan, ya que si se atomiza o se trans-atomiza sería comprobable y medible por la física, y claramente no lo es. Entonces ¿qué es lo que ocurre? Un cambio metafísico no es un cambio físico. Por ello que no es medible por ninguna ciencia empírica demostrable, verificable ni observable. Por el contrario, el cambio metafísico es válido porque la metafísica es una ciencia, ya que la ciencia no es sólo un ámbito instrumental medible por los sentidos, sino que la ciencia es la búsqueda de la verdad y la metafísica busca la verdad del ente en un tercer grado de abstracción, que es el más puro. Ella se encamina al encuentro patente, desnudo, dicho en otros términos, sin nudos, sin ataduras que amarran a la realidad. El grado segundo de abstracción corresponde a la matemática y la geometría. Y el primer grado de abstracción corresponde a las propiedades físicas. La concepción moderna-contemporánea no acepta la metafísica como una ciencia acertada, ya que carece de la verificación, pero eso no quita que demuestre verdades no evidentes, además no tiene los mismos objetivos que los grados de abstracción anteriores.
En conclusión, vemos que la hostia (pan) ocupa espacio-tiempo, pero Cristo trasciende las categorías accidentales de la realidad sin romper las leyes físicas. No es tocado por la dimensión del tiempo ni espacio. En fin, se produce un cambio metafísico no físico, un cambio esencial no accidental… un verdadero misterio de fe tocado por la pequeña brisa de la razón.
1.3. Doctrina de la transubstanciación según Santo Tomás
Para comenzar a exponer la doctrina del Aquinate es necesario referirnos a la teoría hilemórfica, ya que es un concepto clave para la significación de la teoría de la transubstanciación, y junto con ello, explicar la substancia y accidente, bajo la mirada Aristotélica, donde se funda el pensamiento del doctor Angélico.
1.3.1. El Hilemorfismo
Previamente se expuso de manera dilatada lo que significaba la teoría hilemórfica, que consistía en la procedencia de dos términos griegos, ὕλη (materia) y μορφή (forma), por basarse en los conceptos de materia prima y forma substancial, donde Santo Tomás lo aplicó al campo de la explicación de los cambios substanciales en las realidades naturales.
“En efecto, en cada cambio substancial hay un sujeto substancial que pierde su ser substancial mediante corrupción y adquiere una nuevo ser substancial mediante generación. El sujeto substancial en cuestión no podría perder su ser substancial o adquirir un nuevo ser substancial si no estuviera en potencia de ello, esto es, si no hubiera en potencia un principio substancial (la materia prima) que estuviese ordenado a algo como lo está la potencia al acto. Por otro lado, el sujeto substancial no podría perder su ser substancial o adquirir un nuevo ser substancial si no hubiese otro principio substancial que se perdiera mediante corrupción o se adquiera mediante generación, esto es, si no hubiese otro principio substancial (la forma substancial) que estuviese ordenado a algo como lo está el acto a la potencia.”
Al definir el binomio acto-potencia, Santo Tomás señala: “algo puede ser (existir), aún cuando de hecho no es (existe), mientras que ciertas cosas ya son (existen): aquello que puede ser (existir) y no es (existe), se dice que está en potencia; mientras que aquello que ya es (existe), se dice que está en acto.” Siguiendo la explicación de la teoría hilemórfica, donde todo ser finito ubicado en el espacio-temporal está constituido ontológicamente por materia y forma. Materia, según Aristóteles, es el principio del ser correlativo, o sea, que tiene relación o afinidad de continuación, en este caso con la forma. Se entiende también como condición real de la posibilidad donde todo ente –finito– tiene su arjé.
“Es la nada ‘real’, y así en relación con la forma, que es el acto, es la pura potencia, que en cuanto tal no tiene existencia alguna; sólo adquiere realidad como materia secunda en razón de la determinación por un forma. Totalmente indeterminada en sí, es absolutamente incognoscible. La materia (quantitate) signata, que resulta de una ‘ordenación’ previa de la materia prima al nuevo individuo y que […], acusa ya una primera configuración por un predesignación cuantitativa, es el principio de individuación en la filosofía tomista. La materia secunda es una materia marcada por una forma substancial […] y por formas accidentales. Se mantiene en el cambio accidental, pero no en el substancial. Finalmente, la materia última es la materia definitivamente marcada de un ente determinado concreto, de un ‘esto’ individual.”
1.3.2. La Materia
Hemos venido explicando, que materia es aquello en lo cual se reconoce la forma y la privación. Se dan dos tipos de materia, una in qua (en la cual), es la que está en potencia respecto al ser accidental. Y la segunda ex qua (de la cual, con la cual), es la que está en potencia respecto al ser substancial. La materia prima (ex qua) no está sujeta ni a la forma ni a la privación, porque no hay otra materia antes que la materia misma. Es ahí donde se da el ser particular, y la forma da el ser a la materia. Y el sujeto es lo que se encuentra en potencia respecto al ser accidental (in qua), porque en el sujeto se da el ser accidental, en otras palabras, el accidente existe porque es sujeto.
La materia prima no puede conocerse ni definirse por sí misma, sino que por comparación con la forma:
“La materia nunca está despojada de la forma y de la privación: pues unas veces está bajo una forma, y otras veces de otra. Pero, por sí sola o en sí misma, nunca podría existir; porque su razón de ser no implica ninguna forma; y, por lo tanto, no puede existir en acto, ya que el ser acto no se da sin la forma, sólo está en potencia. Y, por consiguiente, nada de lo que está en acto, puede llamarse materia prima.”
La materia es anterior a la forma en cuanto a la generación (se da del no-ente que es ente en potencia al ente en acto) y al tiempo, por ser aquello que recibe algo, anterior a lo que es recibido; sin embargo la forma es anterior a la materia en cuanto a la substancia y al complemento, porque la materia no tiene ser completo, sino merced a la forma.
1.3.3. La Forma
La forma es la razón esencial, que hace que una cosa sea lo que es y no otra, en otras palabras, lo que en general distingue esencialmente de otros entes, es el principio del ser al que está referida la materia. La forma y la materia, en cuanto principio del ser característicos del ente finito, son correlativas hallándose en la relación con el acto y la potencia . La forma cuando se encuentra arraigada al ser, adquiere una relación de la potencia al acto.
1.3.4. Substancia y accidente
Hemos hablado del concepto de substancia y accidente, y ahora vamos a adentrarnos a sus respectivas significaciones. La substancia proviene del latín substantia traducción griega de ousia o hypostasis. Se define como el ser que existe por sí mismo o en sí mismo, que posee consistencia propia, es aquí que se diferencia del accidente, porque éste existe en la substancia, determinándose su ser en ella:
“En la filosofía aristotélico-escolástica se distingue la substantia prima y substantia secunda. Aquélla es el ser individual, concreto, que en su subsistencia tiene realidad y estabilidad y así subyace a sus determinaciones cambiantes (accidentes) como sujeto permanente. La substantia secunda es la universal de una substantia prima, como su entidad (ousia) esencial. El aspecto lógico de este significado ontológico consiste en que la substancia secunda […] se puede predicar de la substantia prima […], mientras que ésta, que es lo último en la serie de lo predicable, no se puede predicar de nada más.”
1.3.5. Forma substancial y accidental
Teniendo claro estos conceptos de substancia y accidente, es preciso distinguir dos tipos de forma, una es la substancial y la otra la accidental. Como todo lo que existe está en acto de alguna forma, la materia prima no se da, no está presente, ya que está separada de la forma y se entiende que está siempre unida a una forma sustancial, no se puede dar sin ella. Entonces, en todo cambio sustancial, el sujeto que permanece –como sustrato- es la materia prima, por tanto, no se puede denominar lo que está en acto como materia prima.
El ser existente se da de dos modos, uno de manera esencial, que es el ser substancial de lo que tiene la cosa, y en el se da la forma sustancial, que da el ser sustancial en acto. Y el otro modo es de manera accidental, donde posee un sujeto que lo sostiene, que tiene ser mediante él, es aquí donde se da la forma accidental, que es lo que da el ser accidental. Como todo lo que está en potencia, puede denominarse materia, así también puede llamarse forma todo aquello de lo cual algo obtiene el ser.
Acercándonos al tema de la transubstanciación, es preciso definir en primer lugar que: se produce un cambio, pero ¿qué tipo de cambio? Un cambio Substancial. Según lo que hemos expuesto vemos que se encuentran dos tipos de cambios, uno es accidental y el otro substancial. En la transubstanciación, no se produce un cambio accidental, porque estos permanecen tal cual son. Si los accidentes cambiaran podríamos dar cuenta empírica o experiencialmente del cambio producido y decir acertadamente: ¡Cristo está ahí! Ya que se nos presentaría por medio de nuestros sentidos. Pero eso no es así, no ocurre un cambio accidental, sino que es un cambio a nivel substancial. Es aquí la primera cuestión que se nos presenta, ya que en todo cambio substancial, los accidentes cambian junto a la substancia, el sujeto del cambio se lleva consigo el predicado, entonces si cambia la substancia cambia los accidentes, como es el caso de un papel que se quema, cambia la esencia de papel con todos los accidentes adheridos a él, ya sea el color, el tamaño, la textura etc., convirtiéndose en ceniza, que es la nueva forma substancial. Pero en la caso de la transubstanciación no ocurre así, el cambio se produce a nivel de substancia, es por ello que se ocupa la preposición Trans, o sea que trans-ciende el cambio, que va ‘más allá de’ los accidentes. Los accidentes permanecen igual, pero la substancia de pan y vino dejan de ser lo que eran para convertirse en cuerpo y sangre de Cristo, es un cambio ‘a todo nivel’ metafísico, que deja a la razón desorbitada, o bien, como no puede comprenderla piensa que es ilógico o ‘fantástico’ olvidándose de la existencia de la fe, que es el motor del alma para comprender la transubstanciación. Lo que la razón llama fantástico, ella lo llama maravilloso. Es por eso que para comprender la transubstanciación, no se debe dejar de lado la fe, ya que sin ella, es mejor olvidarse de este milagro. Lo que no comprende la razón, la fe si lo hace, donde la razón cae en la ignorancia, la fe goza de sabiduría.
1.3.6. Teoría de la transubstanciación
Santo Tomás Aquino aborda el tema principalmente en la S. Th, III, q. 75: De la conversión del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo. El Aquinate estudia ocho artículos que serán tratados a continuación, en especial las respuestas que da a las objeciones.
A. 1: Si en el sacramento está el cuerpo de Cristo en verdad, o sólo en figura, o como en signo
Sto. Tomás en su respuesta comienza con una afirmación:
“Ni el sentido ni el entendimiento pueden apreciar que estén en el sacramento el verdadero cuerpo y la sangre de Cristo, sino sola la fe, que se apoya en la autoridad divina.”
Esta afirmación viene a apoyar lo dicho anteriormente, que la fe es el principal motor para creer aquella verdad, pero eso no quita que la razón –por medio de la filosofía– intente dar un atisbo a la presencia de Cristo en la hostia consagrada. Junto con ello vemos que Cristo no nos quiso dejar sólo en el mundo, sino que se quiso unir a nosotros de una forma enigmática y misteriosa, o sea, que se quiso mostrar pero de una manera oculta, ya que si se mostrara dejaría de ser misterio, y si no nos diera ‘pistas’ de su presencia en el sacramento, nuestra razón y fe quedarían obsoletas de descubrirlo, porque sería absolutamente desconocido para nuestra realidad humana.
“El cuerpo de Cristo no está aquí como un cuerpo en su lugar, conmensurado en sus dimensiones, sino del modo especial y propio de este sacramento. De ahí que digamos que el cuerpo de Cristo está en altares diversos, no como en distintos lugares, sino ‘como en el sacramento’. Con lo que no queremos entender que Cristo está allí sólo como en signo […].”
El Aquinate responde a esta objeción: “ningún cuerpo puede estar a la vez en varios lugares […]. El cuerpo de Cristo es verdadero y está en el cielo. Parece, pues, que no esté en realidad, sino sólo como en signo, en el sacramento del altar” . La respuesta que da Sto. Tomás, es que, Cristo no está como un cuerpo entendido como accidente (dimensiones, cualidades, volumen, masa, entre otros), sino que Cristo está únicamente presente en ‘el sacramento’, ya que el sacramento es uno, y esto no quiere decir que Cristo cada vez que se celebre una Eucaristía se transporta de un altar a otro, como un cuerpo en el espacio-tiempo, sino que Cristo está presente en el sacramento en sí, y eso conlleva a que pueda estar en muchos altares a la vez, porque su presencia no es corpórea a la manera de la física, sino que su presencia es espiritual, o sea esencial:
“Y así dice San Agustín: ‘Si has entendido espiritualmente (las palabras de Cristo sobre su carne), te serán espíritu y vida; si las has entendido carnalmente, también son espíritu y vida, mas no para ti’.”
A. 2: Si la substancia del pan y del vino permanecen en el sacramento después de la consagración
Un error que se puede adoptar es pensar que el pan y el vino están en el sacramento a la vez con el cuerpo y sangre de Cristo, apoyándose en que el pan que se da en la comunión no es simple pan, sino que está unido a la divinidad, y, esa afirmación hace pensar que en el pan conviven dos substancias; una, que es la propia del pan; y la otra, la substancia del cuerpo de Cristo. Pero Santo Tomás responde:
“Dios ayuntó ‘su divinidad’, o sea, su divino poder, al pan y al vino, no para que permanezcan ellos en el sacramento, sino para que de ellos resulte su cuerpo y su sangre.”
Si permanece la substancia de pan junto a la substancia del cuerpo de Cristo, iría en contra del primer principio metafísico, ya que es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo respecto, no se concibe que en un cuerpo permanezcan dos substancias distintas, iría contra toda lógica. Lo que ocurre es que la substancia de pan se convierte en la substancia de cuerpo de Cristo, o sea se produce una transubstanciación.
“Una cosa se hace presente donde no estaba por cambio de lugar o por conversión de otra en ella […]. Es evidente que el cuerpo de Cristo no empieza a estar en el sacramento por movimiento local. Primeramente, porque dejaría de estar en el cielo, pues lo que se mueve localmente no llega a un término sin dejar otro. También porque el cuerpo movido localmente pasa por lo que media entre los extremos, cosa que aquí no se da. Y, por último, por ser imposible que el movimiento de un mismo cuerpo movido localmente termine a la vez en diversos lugares; y el cuerpo de Cristo sí empieza a estar a la vez sacramentalmente en diferentes sitios. Por lo tanto, no puede estar en el sacramento sino por conversión de la substancia del pan en El. Lo que se convierte en otro deja de existir una vez hecha la conversión.”
‘Lo que se convierte en otro deja de existir una vez hecha la conversión’ aquella afirmación es lo esencial para dar solución al problema de que existan las dos substancias en un cuerpo. Aquí la palabra existir se ha traducido por ‘no permanecer’, entonces lo que se convierte en otro deja de ser en la realidad, porque no permanece en ella, entonces la substancia de pan al dejar de ser, deja de existir, el pan deja de ser en lo esencial pan, para ser el cuerpo de Cristo, que se da en la realidad, y esa realidad no se agota por los sentidos, sino que los transciende, los sentidos no perciben la realidad en sí, por ende, no logran captar este cambio a nivel substancial, ellos ven los accidentes de pan; pero no logran percibir lo esencial, y en la esencia está Cristo. La inteligencia unida a la fe nos da un pequeño atisbo sobre esta presencia, por el hecho que se da en la realidad en que estamos inmersos, si no estuviera presente en la realidad sería imposible descubrirla, y sería una presencia sin realidad, cosa que es imposible.
A. 3: Si la substancia de pan después de la consagración se aniquila o se resuelve en la materia preexistente
Es de suma importancia tener presente que en el sacramento no permanece la substancia de pan y vino, ya que se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, y eso no quiere decir que se aniquile o se resuelva en la materia preexistente las especies de pan y vino:
“La materia preexistente en la que los cuerpos se resuelven son los cuatro elementos: no puede haber resolución en la materia prima, porque ésta no tiene forma, y una cosa no puede existir sin forma. Como después de la consagración nada queda bajo las especies del sacramento que no sea el cuerpo y la sangre de Cristo, parece seguirse que los elementos en que se ha convertido la substancia del pan y del vino se vayan de allí por movimiento local. Pero éste sería perceptible por los sentidos.”
La materia preexistente es lo que nosotros podemos percibir por los sentidos, aquí santo Tomás hace alusión a los cuatro elementos que son: agua, tierra, fuego, aire. Si la substancia de pan y vino se resuelven, lo harían en los elementos mencionados, pero no ocurre así porque sería un movimiento local, y todo movimiento local es perceptible por los sentidos. Ahora el cambio substancial no es un cambio local, sino que el cambio substancial es un cambio instantáneo, no ocupa términos medios y no afecta a los accidentes. Podemos decir que la substancia de pan no se convierte de a poco o de manera sucesiva en la substancia del cuerpo de Cristo, o que se resuelve de manera progresiva en la materia preexistente, porque llegaría el momento último en que en la misma hostia el cuerpo de Cristo y la substancia de pan estarían presente, lo cual sería imposible, ya que un cuerpo no puede tener dos substancias diferentes a la vez y bajo el mismo respecto. Ahora, si el cambio empieza antes de la consagración, llegaría un momento en que en la hostia no estaría ni la substancia del pan ni el cuerpo de Cristo, entonces sería un cuerpo sin substancia, cosa que es imposible e improcedente.
La substancia de pan y del vino permanecen hasta el último momento de la consagración, y justamente en ese instante último ya se encuentra la substancia del cuerpo de Cristo, como en el último instante de la generación ya esta la forma. La substancia de pan no se aniquila ¿por qué no se aniquila? El Aquinate nos responde:
“Porque no hay otro modo de estar el cuerpo de Cristo en el sacramento que por conversión de la substancia del pan, y ésta no se da si el pan se aniquila o se resuelve en la materia preexistente […].”
Para que se produzca la conversión de un elemento en otro, es necesario el primer elemento, o sino no habría materia de cambio; si se aniquila o se resuelve en la materia preexistente la hostia perdería la substancia de pan antes que llegase el cuerpo de Cristo, o bien la substancia de pan tendría que esperar que llegase el cuerpo de Cristo para irse o aniquilarse, cosa que según lo analizado es incorrecto, entonces queda decir que en el mismo instante donde el milagro de la Eucaristía va acontecer, se produce una conversión que es ipso facto, que carece del accidente de tiempo, es instantánea, se da sin esperar, y eso se debe a que se produce una conversión ¿de qué? de una substancia en otra y toda conversión substancial es instantánea.
A. 4: Si el pan puede convertirse en el cuerpo de Cristo
Recordando lo que hemos expuesto vemos que, en el sacramento de la Eucaristía está el verdadero cuerpo de Cristo, y éste no empieza a estar por un movimiento local o que está localmente, sino que está por conversión de la substancia del pan. Siendo una conversión de orden sobrenatural, hecha sólo por el poder divino, aquella esa la diferencia fundamental con las conversiones naturales comunes.
“Es claro que todo agente obra en cuanto está en acto. Y todo agente creado es acto finito, porque pertenece a un género y a una especie determinados. De ahí que su acción sea limitada también. Y, pues la limitación de las cosas en su ser actual la hace la forma, se seguirá que ningún agente natural o creado puede obrar más allá de lo que da de sí la inmutación de las formas. De este modo, toda conversión hecha según las leyes naturales es formal.”
La esencia limita el ser, en otras palabras, la forma limita el obrar, nada puede obrar más allá de la forma substancial que se posee, entonces las leyes naturales se determinan por la forma. Pero lo que ocurre en el sacramento, santo Tomás explica, Dios es acto infinito, y su acción se extiende a toda la naturaleza del ser, entonces puede realizar conversiones formales, por las que formas diversas se suceden en un mismo sujeto, y también puede realizar la conversión total del ser, que toda la substancia de uno se convierta en toda la substancia de otro.
El Aquinate dice:
“Esto sucede por virtud divina en este sacramento, pues toda la substancia del pan se convierte en toda la substancia del cuerpo de Cristo, y toda la substancia de vino en toda la substancia de su sangre. De aquí que esta conversión no sea formal, sino substancial; ni se cuente entre las especies de movimiento natural, sino que con nombre propio se llame ‘transubstanciación’.”
A. 5: Si en este sacramento quedan los accidentes de pan y vino
No es de dudar que después de la consagración queden los accidentes de pan y vino, ya que, uno lo puede corroborar de distintas maneras, primero comiéndola, ya que va a poseer el mismo gusto que tiene una hostia no consagrada (harina, agua, etc.) Lo puede analizar también la ciencia, experimentando que lo que se tiene en frente es una hostia común y corriente, que posee ciertas características, así una hostia consagrada y una hostia no consagrada, las comparamos a simple vista, entonces, llegamos a la conclusión que poseen las mismas características accidentales.
Sto. Tomás nos dice:
“Consta por el sentido que después de la consagración quedan los accidentes de pan y vino. La divina providencia lo dispuso así razonablemente. Primero, porque no es corriente, comer y beber sangre humana; de ahí que se nos dé a comer la carne y a beber la sangre de Cristo bajo especies de pan y vino, que son de uso humano tan frecuente. Segundo, para no exponer el sacramento a la irrisión de los infieles, como sucedería si comiéramos al Señor en su estado natural. Y, por último, para que, al tomar invisiblemente el cuerpo y la sangre, aumente el mérito de la fe.”
Ciertamente uno podría pensar que, como la substancia es anterior al accidente, y que después de la consagración no permanece la substancia del pan en el sacramento, tampoco quedarían sus accidentes, si recordamos lo expuesto en el cambio substancial, que si cambia la substancia necesariamente cambian los accidentes, entonces si cambia la substancia de pan deben cambiar los accidentes de pan. Pero en este sacramento no es así, porque primeramente los sentidos nos dicen que lo que se encuentra en la hostia consagrada son accidentes, entonces podemos concluir dos cosas: una, no se produjo ningún cambio, todo permanece igual; dos, se produjo un cambio a nivel substancial, o sea, una transubstanciación. Y la respuesta que vamos a seguir es la segunda, se produjo un cambio substancial, pero los accidentes necesariamente necesitan un sujeto para existir, entonces debemos por fe creer que el sujeto de los accidentes es Dios, cosa que no es imposible ni ilógica al entendimiento, ahora si el entendimiento está alejado de Dios, entonces queda decir que para esa persona no se produjo ningún cambio:
“[…] Pues la fe no está en contra del sentido, sino que versa sobre lo que éste no alcanza.”
A. 6: Si la forma substancial del pan permanece en el sacramento después de la consagración
Par comenzar a explicar este articulo, primero debemos aclarar el siguiente punto: la forma que posee el pan es necesariamente parte de su substancia, entonces, si la substancia se convierte en otra –en nuestro caso en el cuerpo de Cristo– no permanecerá la forma substancial del pan, sino que se convertirá en la nueva substancia, o sea, en el cuerpo de Cristo. Santo Tomás dice:
“Algunos opinaron que, hecha la consagración, no sólo quedan los accidentes, sino también la forma substancial del pan. Esto no puede ser. En primer lugar, porque, si quedara la forma substancial del pan, sólo se convertiría la materia; y no se convertiría en todo el cuerpo, sino sólo en su materia. Y esto no se ajusta a la forma sacramental, que dice: ‘Esto es mi cuerpo’.
En segundo lugar, porque, si la forma substancial del pan permaneciera, o permanecería en la materia o separada de ella. No puede ser lo primero, porque entonces quedaría toda la substancia del pan, en contra de lo dicho. Tampoco puede permanecer en otra materia, pues la forma propia sólo está en la materia propia–. Si permaneciera separada de la materia, sería forma actualmente inteligible y a la vez inteligente, pues que así son las formas separadas.
Por último, sería inconveniente para el sacramento. Los accidentes de pan quedan en él para que el cuerpo de Cristo se aprecie bajo ellos y no bajo su propia figura, como susodicho queda. Por consiguiente, hay que decir que la forma substancial del pan no permanece.”
Para complementar las ideas de Sto. Tomás, vemos que, el alma es la forma del cuerpo, entonces ésta le da lo que necesita para constituirse ser perfecto, ya que le da el ser, el ser corpóreo. En este sentido podemos decir que la forma de pan se convierte en la forma del cuerpo de Cristo en cuanto le da ser corpóreo, no en cuanto le da ser animado por tal alma.
A. 7: Si esta conversión es instantánea o se hace sucesivamente
Ya en los artículos anteriores hemos venido tratando este tema si la conversión es instantánea o se hace sucesivamente, pero es necesario tratarla como articulo aparte para darle una solución. La conversión de pan y vino es instantánea, pero ¿por qué es instantánea?
“(porque) esta conversión se hace por un poder infinito (Dios), y la operación de este poder es instantánea.”
Se encuentran tres argumentos para dar razón que una conversión es instantánea:
i. Formal: Si la forma es susceptible de más o menos, el sujeto la adquiere de una manera progresiva, pero esto sería un error porque la forma no es algo susceptible de más o menos, no entra en la materia de a poco o sucesivamente, sino que entra instantáneamente.
ii. Material: La materia se prepara de a poco para poder recibir la forma, pero cuando la materia posee ya la última disposición para recibir la forma, entonces de manera ipso facto o súbitamente la recibe, si la materia llega instantáneamente, entonces el lugar que la recibe (la materia) debe de recibirla también instantáneamente, porque si no lo hace nos contradeciríamos, porque si la forma llega instantáneamente y la materia no la recibe así, entonces no sería correcto afirmar que la forma es instantánea, pero eso no es así, por ende, la materia y la forma son cambios instantáneos.
iii. Dios: como agente de infinito poder, puede disponer la materia para recibir la forma en ‘un’ momento, no necesita dos y tres o más momentos, sino que se realiza en un único momento, o sea de manera instantánea.
“Por las tres razones es instantánea esta conversión. Primeramente, porque la substancia del cuerpo de Cristo, término de la misma, no es susceptible de más o menos; segundo, porque no hay sujeto que preparar sucesivamente; tercero, porque la hace el poder infinito de Dios.”
Esta conversión del pan en el cuerpo de Cristo, se realiza con las palabras que Cristo dijo, y que son actualizadas por las del sacerdote, entonces en el último instante de la pronunciación de las palabras es el primero en que está en el sacramento el cuerpo de Cristo, en todo el tiempo anterior a esta conversión está la substancia de pan. Ahora, este tiempo no tiene un instante inmediatamente precedente al último, por el hecho de que el tiempo no se compone de instantes que se siguen.
En las mutaciones instantáneas se dan a la vez el hacerse y el estar hecho, como se dan a la vez el iluminarse y el estar iluminado. Se dice estar hecho, en cuanto que ya está; y hacerse, en cuanto que antes no estaba. Si en estas mutaciones no se darían a la vez el hacerse y el estar hecho, llegamos a la conclusión que en el pan se dan dos substancia la propia del pan y la de Cristo, y como se ha venido probado, esto no se da. Es por eso que en el mismo instante la substancia de pan y el cuerpo de Cristo se convierte una en la otra, sin romper ninguna ley de la física ni de la metafísica.
Por último, la conversión se realiza en el último instante de la pronunciación de las palabras de la Plegaria Eucarística que trae el misal romano, porque en ese momento se completa la significación que da eficacia actualizándola. Se puede concluir, entonces, que no es algo sucesivo, sino que es instantáneo.
A. 8: Si es falsa la proposición ‘del pan se hace el cuerpo de Cristo’
“La conversión del pan en el cuerpo de Cristo concuerda en parte con la creación y con la transmutación natural, y en parte difiere. Es común a las tres el orden de los términos, a saber, que uno venga detrás del otro. En la creación viene el ser después del no ser; en el sacramento, el cuerpo de Cristo después de la substancia del pan; en la mutación natural, lo blanco detrás de lo negro o el fuego detrás del aire. Y que los términos no se den a la vez.”
La conversión concuerda con la creación en que ninguna de las dos tiene sujeto común para ambos extremos. Uno de los extremos se muda en el otro (conversión), como el pan en el cuerpo de Cristo; el no ser se convierte en ser, el cuerpo de Cristo que no estaba presente, por medio de la conversión, lo está, en otras palabras, toda la substancia de pan se cambia en todo el cuerpo de Cristo. Mientras que en la transmutación natural la materia de uno toma la forma del otro, dejando la que tenía. Ahora, se produce una concordancia entre la mutación y la conversión, ya que en la mutación permanece la materia o el sujeto; y en la conversión permanecen los accidentes.
“Y, pues en la creación un extremo no cambia en otro, hablando de ella no podemos usar la palabra ‘conversión’, diciendo que ‘el no ente se convierte en el ente’. Si la podemos emplear en el sacramento y en la mutación natural. Y como en el sacramento toda la substancia se muda en otra, a esta conversión se le llama propiamente ‘transubstanciación’.”
La conversión no se toma como creación, porque Cristo no es creado sino que el mismo se convierte por su propia voluntad.
La conversión del pan en el cuerpo de Cristo no tiene sujeto, entonces no se le debe atribuir lo que por razón del sujeto acaece en la mutación natural, porque el poder ser cosas opuestas supone que se dé un sujeto capaz de serlo, el sujeto debe estar en potencia de recibir lo que puede ser acto. Pero en la conversión del pan en Cristo, al igual que en la creación no hay sujeto común:
“no se dice que un extremo puede ser otro; por ejemplo, que ‘el no ser puede ser’ o que ‘el pan pueda ser cuerpo’. Y por la misma razón no se puede decir con propiedad que ‘del no ser se haga el ser’ o que ‘del pan se haga el cuerpo del Señor’; porque la preposición ‘de’ denota consubstancialidad en los extremos. Esta sí se da en los extremos de las transmutaciones naturales, porque los dos tienen idéntico sujeto.”
Hecha la conversión del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo, vemos que en el sacramento algo permanece después de la consagración: los accidentes del pan y del vino, entonces se puede decir con razón de accidente y no de substancia: del pan se hace el cuerpo de Cristo. Ya que antes era substancia de pan y después de substancia del cuerpo de Cristo, que se encuentra oculta bajo el velo de los accidentes del pan. Y para resumir este articulo, el Aquinate dice:
“Hemos dicho que la potencia está en el sujeto, del que carece está conversión; por eso no se concede que el pan pueda ser el cuerpo de cuerpo de Cristo. La conversión sacramental no se hace por la potencia pasiva de la creatura, sino por la sola potencia activa del creador.”
1.4. Diferencia entre transformación (transmutación) y transubstanciación
Como último punto de reflexión de la filosofía tomista acerca de la teoría de la transubstanciación, se analizará la diferencia de estos dos conceptos –la transformación y transubstanciación– para ver cuál de ellos corresponde al cambio que se produce del pan al cuerpo de Cristo.
Si en la Eucaristía se produjera una transformación, cambiaría la forma de pan, entonces, se podría dar cuenta de aquel cambio, ya que la transformación es de carácter natural, dejando lo sobrenatural de lado, al ser un cambio formal, cambian también los accidentes, si cambia la forma de algo lógicamente cambia también sus accidentes, ya que se tienen que adaptar a la nueva forma, cada forma tiene sus accidentes, la forma de pan tiene que tener los elementos de pan, no puede tener los elementos, por ejemplo, de vino, ya que sería ilógico y fantástico. Pero, la forma de pan en la Eucaristía no cambia, ya que el cambio se podría demostrar, la forma de pan queda latente en la conversión. Cuando se produce una transformación se produce una destrucción, o bien una corrupción, en otras palabras, pasa a ser una aniquilación, y en la conversión de pan en el cuerpo de Cristo, no se produce ninguna aniquilación.
En la transubstanciación se produce un cambio sobrenatural, un cambio a nivel metafísico, no físico ni natural. Es un cambio cuya constatación pende de la fe, que lo sustenta maravillosamente. Este cambio consiste en que cambia la substancia de pan, pero con la particularidad que todo lo demás queda intacto, cumpliéndose así la palabra de Cristo: “este es mi cuerpo” y en la que depositamos toda nuestra fe. La transubstanciación se produce por superposición de una realidad en otra, de una substancia en otra, con una nueva forma que es el cuerpo real de Cristo, quedando la forma de pan latente, y los accidentes sostenidos por Dios. No hay transformación, ni corrupción ni aniquilación. Sólo superposición de manera milagrosa. No hay otra manera lógica-metafísica de entender este asunto, y que, por lo demás, se nos es imposible entenderlo del todo. Porque saber cómo se produce esto es algo que no podemos saber, sólo sabemos que esta es la única manera de entender este proceso.
CAPÍTULO II: TEORÍA DE LA TRANSUSTANTIVIDAD EN XAVIER ZUBIRI
En el primer capítulo, se ha revisado la doctrina de la Iglesia católica sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, especialmente la teoría de la transubstanciación en Santo Tomás de Aquino, la que ha sido aceptada, desde entonces, por la Iglesia hasta nuestros días.
En este segundo capítulo, se expondrá la teoría de la transustantividad cuyo exponente central es el pensador contemporáneo Xavier Zubiri . La base central y primordial para construir este capítulo, será tomada de la lección inaugural del curso 1981-1982, pronunciada en el Parainfo de la Universidad de Deusto el 1 de octubre de 1980, con motivo de la investidura de Zubiri como Doctor Honoris Causa en teología por dicha universidad. Todo el capítulo de este escrito se desprenderá de dicha lección.
Para comenzar este escrito, es necesario revisar un punto esencial: la diferencia entre los conceptos de sustancia y sustantividad, definiendo especialmente la sustantividad, concepto central para entender dicha teoría. Un segundo punto central, para poder entender lo que significa la presencia real de Cristo en la Eucaristía, será exponer la idea de realidad que posee la concepción zubiriana. El tercer punto, será explicar la teoría de cuerpo en relación a la transustantividad. En el cuarto punto, se expondrá la distinción entre cosa-realidad y cosa-sentido para entender la significación del pan en la Eucaristía. Finalmente, el quinto punto se explicará la teoría de la transustantividad (presencia real de Cristo en la Eucaristía) como tal, junto con una explicación y aclaración etimológica de las palabras que Cristo pronunció en la última cena, a la luz de la investigación realizada por Zubiri.
2.1 La sustantividad
Como primera afirmación esencial, la sustantividad no es lo mismo que la sustancia entendida a la manera clásica. Según lo expuesto en el capítulo anterior, la sustancia es entendida como el soporte de los accidentes –esto quiere decir– la sostenedora de otras realidades. La sustancia es lo que es en sí y no en otro, es algo individual que participa de una forma esencial. Todas las sustancias están compuestas de materia y forma (hilemorfismo), la materia es el origen de la individualidad de la sustancia (materia quantitate signate), y por la forma los individuos participan de una comunidad específica.
Por otra parte, la sustantividad nos dice que las cosas son de suyos individuales, la realidad posee un carácter individual:
“Es el sistema clausurado y total de notas constitucionales […] la constitución es el momento como las notas determinan la unidad de la realidad sustantiva, la unidad de ese sistema, unidad cuya razón formal es justamente la suficiencia constitucional. Por consiguiente, la esencia ha de fundar, dentro de la realidad sustantiva, tanto los determinantes de su modo de unidad como la unidad misma.”
Toda cosa es individualmente una realidad sistemática –la cosa forma un sistema con las notas esenciales– estructurada constitucionalmente según una unidad clausurada que otorga a la cosa suficiencia unitaria para ser real: la hace sustantiva. De este modo, algo que es sustantivo puede estar compuestos por varias sustancias insustantivas, es decir, conformada por una serie de elementos. La sustantividad es suficiencia constitucional de lo real.
“[…] Las notas esenciales forman un subsistema dentro del sistema constitucional de la sustantividad misma. A fuer de tales, las notas constitutivas son un mero momento de la sustantividad. […] El subsistema […] es el núcleo «formal» de la sustantividad; es, si se quiere, el subsistema fundamental.
[…] La esencia no es, pues, sujeto o sustancia ni un momento de la sustancia, sino un momento interno de la sustantividad. En otros términos: no es esencia de la sustancia, como pensó Aristóteles, sino esencia de la sustantividad. […] La esencia es, pues, lo que constituye a la sustantividad en cuanto tal, esto es, a la realidad simpliciter de algo.”
La esencia hace que las cosas sustantivas se puedan sostener, mantener, aguantar o bien sustentarse en la realidad. La sustantividad no es un compuesto, sino que es una estructura que lo conforman varios elementos o notas, que es lo propio y necesario para la subsistencia.
En resumen, la sustantividad no se identifica con un sujeto sino como una unidad sistémica, esto quiere decir que, es un conjunto de notas o propiedades que forman una unidad. El sistema es un constructo cuya característica es que pasa a ser autosustantivo, sustante y sustentable, porque se tiene sustantividad. Lo real es lo sustantivo:
“En un sistema cada nota o propiedad está presente en las demás. Cuando la unidad del conjunto se clausura unitariamente adquiere suficiencia constitucional para ser. Esta suficiencia o coherencia de propiedades hace la sustantividad de un sistema. Esta sustantividad es lo que formalmente constituye la nuda realidad de las cosas. (“La unidad sistemática, en cuanto unidad constitucional, no es un sujeto substante, sino que es suficiencia constitucional, esto es, capacidad de la cosa para constituir una unidad propia. Las propiedades son en una sustancia inherentes a un sujeto, pero en la sustantividad no son inherentes a nada, sino que son coherentes entre sí en unidad de suficiencia”). En un ser vivo esta unidad sustantiva se da como ‘organismo’. De modo que si un organismo se come a otro, las propiedades del segundo se integran a un nuevo sistema sustantivo con otra constitución, aunque no varíen las propiedades de lo comido (por un momento, al menos).”
2.2 La Realidad
Un segundo punto a tratar es el tema de la realidad, si se afirma que Cristo se hace presente en forma real en el sacramento de la Eucaristía, es necesario saber qué significado tiene el concepto de realidad en el pensamiento zubiriano.
Si nos dirigimos al diccionario de la RAE, se define realidad: “(adj.) que tiene existencia verdadera y efectiva (del latín res, rei)”. Entonces, como primera referencia analizamos que la concepción normal de real pasa a ser lo mismo que existencia, pues se nos dice que proviene del latín res, que significa cosa, y cosa es una propiedad constitutiva del ser (al igual que ente, algo, uno), cuando sé que es algo, primero sé que es ente, si es ente sé que es cosa, siendo cosa es uno respecto al otro, y siendo ya uno es algo, en fin, se nos dice que real/ser coinciden.
Zubiri, por otra parte, dice que realidad y ser no coinciden, pero no se excluyen ni se oponen, solo se trata de dos dimensiones distintas de las cosas. La pregunta por el ‘ser’ tiene su principio en la pregunta por la realidad:
“Las cosas, vale decir, todo aquello otro con lo que ha de habérselas el hombre ocultan el enigma de su ‘coseidad’ (sit venia verbo). Aquí, por cierto, estamos cogidos por el lenguaje, por la época y por la historia. Porque ‘eso’ que nosotros conjugamos con neutralidad y amplitud del verbo ‘haber’ arrastra una constelación de asuntos enmarañados por el tiempo escondiendo un secreto a voces: ‘las cosas no tienen nombre’. Un cerro no se llama ‘cerro’ ni una flor se llama ‘flor’. Pero sin esos términos no damos ‘términos’ (fin) a nuestra peculiar forma de habérnosla con las cosas. Que los griegos no hayan poseído el término ‘realidad’ para referirse a ‘eso’ que ocultan las cosas, es un obstáculo que hay que tomar en cuenta para comprender ese ‘Ser’ del que habla la filosofía desde Parménides en adelante.”
Lo que Zubiri nos explica es que la realidad y el ser quedan unidos por el lenguaje. “El ser corresponde al ‘esse reale’ cuya característica principal es ser ‘extra animan’. Así quedará definida la postura conocida hoy como realismo filosófico, en cualquiera de sus formas históricas.” La inteligencia tiene como formalidad la realidad y no el ser, ya que las cosas se nos hacen ‘presentes’ en su nuda realidad, y este hacerse presente es por medio del sentir, no en la significación aristotélica-tomista, sino que en el sentir intelectivo por medio de la comparecencia de su ser . En el sentir no hay aprehensión del ser de una cosa, más bien de la realidad de la cosa, no como una mera presencia, por la razón de que no hay un prae-esse, sino como una aprehensión de la impresión primaria y primordial de las cosas.
Zubiri se apoya en una descripción metafísica de lo real , que consiste en poner de relieve ciertas notas que posee lo real en cuanto real, o sea constituye todo lo que es per se real. Las dimensiones de la cosa como cosa real son ‘la riqueza’, ‘la solidez’ y el ‘estar siendo’. “Se trata de ‘tres dimensione estructurales’ por¬¬¬¬ las cuales se miden diferencias de realidad, esto es, el grado de realidad. Estas dimensiones se implican mutuamente, de modo que deben ser tomadas ‘a una’, como unidad estructural de la realidad simpliciter de algo: su constitución física individual.”
Todo lo real está constituido ¬¬¬¬¬¬¬por notas, y la realidad de algo es que éstas notas pertenecen a la cosa ‘de suyo’. Realidad no significa aquí existencia, menos algo allende a mi aprehensión, sino que es la formalidad según la cual es aprehendido como ‘de suyo’, es decir, según la formalidad de lo realidad, donde la existencia misma atañe al contenido de lo real y no a la formalidad de lo real:
“[…] ¿Qué es la realidad? No lo sabemos, el hombre no lo sabe, ¿cómo podríamos saberlo? Pero Zubiri responde que la realidad es la formalidad o modo propio como ‘quedan’ las cosas en la intelección primaria de ellas, es decir, en el sentir.”
El hombre está inserto en la realidad y no sólo como una cosa más que ‘hay’ en la realidad, sino que realizándose en ella. El estar denota un modo de ser en realidad, o un estado de realidad: sólo el hombre ‘está siendo-se’ sobre su propia realidad, reactualizando lo que ya es de un modo propio. El hombre está en la realidad ‘realizando-se’ y no sólo siendo. El resto de las cosas ‘son’ en la realidad y sólo están para el hombre en tanto gravitan en el ámbito del estar de la persona humana:
“El hombre está en la realidad pero no estáticamente sino ‘in fieri’, haciéndose así misma en su propia realidad desde la realidad de las cosas, entre las cosas, con las cosas. La realidad no es ‘lo otro’, simplemente porque la realidad no es una cosa; ‘lo otro’, el alter al cual vamos es la cosa-otra, no como otra realidad, sino como realidad-otra. […] Estar en la realidad es nuestro ‘status natural’.”
Si adquiriéramos una aprehensión de la realidad sin las cosas, entonces éstas estarían demás, sin embargo sólo logramos aprehender la realidad desde y con las cosas, por otra parte, se podría pensar las cosas sin el hombre, pero el hombre sin las cosas no, ya que su realidad consiste en hacerse entre las cosas, donde la realidad misma arrastra al hombre a realizarse. Es por eso que en la inteligencia se actualiza la realidad, como siendo de suyo real, de manera que si no hay inteligencias que inteligan no sabemos si hay cosas reales, no podemos afirmar juicio alguno.
“[…] La realidad es un poder que se apodera del hombre lanzándolo hacia las ultimidades de ella, que es donde el hombre logra consumarse plenariamente. No hay escape, no hay remedio, el hombre está atrapado en la realidad. Todo lo que vive, siente, piensa o experimenta se halla dentro de la realidad.”
Desde, dentro y con la realidad logramos pensar. Si comprendiésemos lo que es la realidad de cualquier cosa perfectamente, veríamos la realidad de una manera simpliciter. Pero la realidad se aprehende en bruto, aprehensión en la que nada sabemos de ella, para que así iniciemos el trayecto hasta las ultimidades:
“[…] La realidad no es fuerza ni energía ni nada de eso. Si supiéramos lo que se esconde en eso que llamamos realidad de la cosa real, sabríamos el secreto del universo entero, o mejor dicho el secreto de la creación.”
2.3 El cuerpo
El cuerpo se encuentra inmerso en la realidad, no es algo ajeno a la realidad, sino que en ella encontramos cuerpos. Sin realidad no hay cuerpos, es por ella que podemos conocerlos y reconocerlos como tal, ya que es ahí donde se hacen presentes y se actualizan siendo cuerpos desde, en y con nosotros.
Para hablar de cuerpo, no debemos ir muy lejos, ni mirar en nuestro entorno, sino que, en primer lugar, debemos mirarnos a nosotros, ¿por qué? porque precisamente consistimos en ser cuerpo. El cuerpo humano consiste en ser un momento intrínseco y formal de la realidad humana, donde el hombre consiste precisamente en ser corpóreo.
La concepción filosófica tradicional, nos da a conocer que ‘tenemos un cuerpo’, a primera vista parecer una frase obvia de comprobar, tan solo debemos mirarnos y percatarnos que tenemos cuerpo por el cual nos movemos, nos expresamos, sentimos, etc. Pero aquella frase ha dejado de distinguir que más allá de ‘tener’ en un sentido posesivo, ‘somos’ una realidad corpórea. La característica principal del cuerpo es que nos permite tener ‘presencia’ en el mundo, nos entrega actualidad, es un aquí y ahora, no acotado a la presencia de especio-tiempo como lo entiende la física, sino que a la presencia que me hace sentirme ‘yo’ en el momento actual, ni tampoco de una manera dualista entendida de manera tradicional. Desde Aristóteles, con la teoría hilemórfica, pasando posteriormente por Santo Tomás de Aquino, y llegando al año 1992 con el Catecismo de la Iglesia Católica, se nos ha enseñado que el hombre es una unidad sustancial de cuerpo y alma escindiendo lo humano entre lo material y lo inmaterial (corporal y espiritual), donde siempre que se analiza el cuerpo llegamos al alma, y es claro que poseemos mucha bibliografía acerca del alma, pero muy poca acerca del cuerpo.
“Pero ‘no tenemos un cuerpo, sino que somos un cuerpo’, somos una realidad corpórea, todo lo que somos es corpóreo, pues no hay cuerpo y alma, sino alma del cuerpo o cuerpo del alma. El cuerpo es un hecho, un hecho científico constatable que debe ser teorizado y comprendido, y en tal afán teórico ha surgido el alma: el alma es una teoría que brota en un mar de leyendas, mitos y creencias religiosas. Que el hombre no tenga cuerpo sino que sea una realidad corpórea, significa que el hombre no ‘tiene’, por ejemplo, enfermedades, sino que ‘es un enfermo’ cuando se enferma, él se convierte íntegramente en una realidad enferma, la enfermedad no es un mero ‘daño’ o ‘disfunción’ parcial, sino un estado integral de la realidad humana. No hay enfermedades que curar, sino enfermos que tratar; no hay una enfermedad física o una enfermedad mental, sino enfermos de esto o aquello.”
Estas reflexiones adquieren una nueva armonía con nosotros ‘mismos’, pues por una parte, está lo que ‘yo soy’ constituido por nuestra estructura biológica sostenedora de ‘mi yo’, en otras palabras nuestra propia sustantividad estructurada común a todos los hombres que han existido, que existen y que quizá existan. Por otra parte, está lo que ‘soy yo’, o sea, mi cuerpo con el cual me presento y presiento, el que me hace estar en la realidad, desde el cual me muevo por el universo de emociones y sentimientos, como también el que ocupa especio y tiempo, mi cuerpo es un cuerpo personal, donde puedo vivirlo y disfrutarlo, mi vida es una vida corporal, los espacios que lleno son espacios corporales, corporal espacio físico, corporeidad, es la expansión del cuerpo.
Recapitulando la idea central, decimos que nuestro cuerpo es un momento intrínseco y formal de la realidad humana, entonces decimos que el hombre ‘es’ corpóreo. Este momento subordina diversos sub-momentos :
1. El cuerpo es un sistema de propiedades, cada una de las cuales tiene su ‘posición’ rigurosamente determinada respecto de las demás propiedades. Esta posición estructural constituye la organización. Según este momento el cuerpo es organismo.
2. Por su organización, el cuerpo es una complexión propia, una ‘compago’ según la cual todas sus partes son solidarias entre sí, y confieren al cuerpo su ‘configuración’ propia. Este momento de configuración es evidentemente distinto del momento de organización: con muy diversas funciones orgánicas, se mantiene una misma configuración, lograda por vías distintas.
3. En su organización y en su configuración propia, el cuerpo determina la presencia real y física del hombre en la realidad. Según este momento, el cuerpo es ‘corporeidad’. Que el hombre sea corpóreo significa que la corporeidad es el principio radical mismo del estar presente en la realidad: el cuerpo es ‘soma’. Por esto, ‘cuerpo’ ha podido significar ‘yo mismo’: es yo mismo el que está presente hic et nunc. El principio radical del hombre como corporeidad, como soma, es el que funda una configuración, y esta configuración es la que funda una organización, entonces tenemos que configuración y organización son modos de realizar la corporeidad.
El cuerpo visto como corporeidad consiste en el principio de actualidad que es distinto al principio de localización, porque localización es siempre derivado puro de estar presente del principio de actualidad, corresponde más bien a una ubicación precisa del hombre en la realidad. Por razón de su organismo y de su configuración, el hombre no puede ‘estar ocupando’ muchos lugares a la vez; pero por su corporeidad puede ‘tener actualidad’ en muchas partes de la realidad a la vez, sin por eso dejar de estar en sí mismo.
2.4 Cosa-realidad y cosa-sentido
Como primer punto aclaratorio debemos decir que todas las cosas, además de un contenido propio y de su propia existencia, tienen una formalidad de alteridad distinta según sea el aprehensor, por ejemplo, para un animal la formalidad de lo realidad es aprehendido solamente como una mera estimulidad, en cambio para el hombre lo aprehendido es ‘de suyo’, es realidad, que debe de tomarse como formalidad de algo estrictamente aprehendido:
“Y esto no es nada obvio. Así, yo no aprehendo jamás estrictamente ‘de suyo’ una mesa, unas paredes, etc. Lo que aprehendo ‘de suyo’ es una cosa, una constelación de notas (una cosa tiene tal forma, tal color, tal peso, etc.), pero jamás aprehendo una ‘mesa’. La mesa no es ‘de suyo’ mesa; es mesa tan sólo en cuanto forma parte de la vida humana.”
Lo que es aprehendido como momento, o lo que se hace parte de mi vida, es lo que toma el nombre de ‘cosa-sentido’, que se diferencia de ‘cosa-realidad’, pero en esta distinción debemos tener claro que cosa-sentido no es independiente de cosa-realidad, porque cosa-sentido es siempre y sólo una cosa-realidad que posee capacidad para ser cosa-sentido. “El agua no tiene capacidad para ser mesa. Esta capacidad es lo que constituye la ‘condición’. Condición es la articulación de cosa-sentido y de cosa-realidad.”
En lo referente a la presencia real de Cristo, Zubiri dice:
“El hecho mismo de que Cristo invitara a comer el pan nos dice ya que aquí pan no significa una realidad físico-química; no se trata de la realidad del pan en y por sí misma, sino del pan en cuanto alimento, es decir, pan sub ratione alimenti. No es lo mismo razón de alimento y razón de realidad físico-química. […] En la Eucaristía el pan es pan como alimento y no la realidad físico-química del pan. El alimento es principio de vida. Ser alimento es ser principio de vida. Por esto Cristo está presente en el pan como alimento, como principio de vida. La presencia de Cristo en el alimento significa que Cristo es principio de vida.”
El pan como alimento de vida, adquiere una realidad necesaria para la vida del hombre. No altera la realidad física-química; sigue siendo pan. Pero con una nueva realidad para el hombre, ya que es alimento vital, por ejemplo, un hombre que camina bajo la lluvia por un bosque, y en medio de aquel bosque encuentra una falla geológica que forma un agujero (cueva), entonces exclama: ¡un refugio! ¿Qué es lo que ocurre? La cueva sigue siendo cueva, pero adquiere el sentido de refugio (cosa-sentido), sentido tomado como algo esencial para la vida. El pan físico-químico no se modifica, pero adquiere un nuevo sentido, no en un asunto meramente conceptual (transignificación), sino que como asunto de sentido, esto quiere decir, que posee realidad, las cosas poseen posibilidades de realidades. Cuando un ratón come pan, se nutre, pero no tiene para él cosa-sentido, no posee presencia, es decir, que no logra apreciar el ser de una cosa.
El pan no es más que una realidad o cosa-real cuyas propiedades reales permiten que quede en condición para volverse alimento o cosa-sentido. Aquí se debe tener presente que las propiedades del pan como nuda realidad sustantiva no cambian ni se modifican al constituirse como alimento. Es aquí donde se origina una cuestión: ¿qué significa el pan como alimento?
Como primera cuestión es necesario decir que, muchas cosas reales no sólo tienen un estado constructo en sus propiedades, sino que se hallan en estado constructo también respecto a la vida humana. Por su nuda realidad una cosa actúa en las demás como propiedades per se en la sustantividad que posee, pero no por lo que constituye respecto a la vida, como se menciono antes, siendo cosa-realidad. A las cosas que adquieren un respecto a la vida humana se denomina cosa-sentido:
“Cuando la nuda realidad, esto es, la sustantividad, es de tal condición que puede constituir una cosa-sentido, podemos permitirnos, por extensión, llamar a esa cosa-sentido, sustantividad, aplicar a la cosa-sentido […] de la nuda realidad.”
El pan como alimento es cosa-sentido para nuestra vida, y la cosa-realidad es de tal condición que puede constituirse como alimento, es pan-alimento. Las propiedades del pan como nuda realidad sustantiva no se modifica al ser alimento o bien al dejar de serlo. Por eso que el pan al ser alimento no rompe la unidad sistemática de sus propiedades, sino que abre su sustantividad clausurada y total a una unidad superior, adquiriendo una nueva condición para ser cosa-sentido.
2.5 Teoría de la Transustantividad
Zubiri da a conocer que la Eucaristía es la forma suprema de Cristo, que se entrega para que cada uno lo pueda recibir, dicho de otra manera, es el sacramento por excelencia. La Eucaristía es un misterio de fe, donde en ella se da la presencia real de Cristo en el pan consagrado, por tanto, no se precisan conceptos teológicos ni filosóficos para creer, sino que – en este caso– la fe es el alma de la razón, ya que para analizar filosóficamente la Eucaristía es necesario creer en aquel maravilloso milagro, sin fe se hará detestable esta teoría.
La conversión del pan, no es una conversión física, porque físicamente no cambia nada, de modo que, es un cambio a nivel metafísico, con esto se dice que, no es un cambio de una manera a posteriori, sino un cambio que va más allá, donde se debe anteponer la fe para creer y apoyarla en la razón para sustentar lo que creemos por fe.
2.5.1. La Presencia Real de Cristo en la Eucaristía
Cristo se hace presente en la Eucaristía –en nuestro caso– en la forma de pan, pero esta presencia se da de una manera oculta, y esta afirmación quiere decir que ‘oculto’ es un tipo de presencia, por el hecho de que se sabe que ‘está’, pero el ‘cómo’, ‘por qué’ o ‘dónde’ muchas veces se ignora. Por ejemplo, un alumno que falta a clase, en ese momento no está, pero a pesar de esa ausencia, o de no saber dónde, se sabe que está; otro ejemplo, es el juego clásico de la escondida, todos se ocultan, pero sabemos que su presencia es real, pero oculta donde se les debe descubrir. La presencia de Dios en el mundo es una presencia oculta, donde no se ve, pero –los creyentes más firmemente– se sabe que está, no sabemos el ‘cómo’ o ‘dónde’, pero eso no quiere decir que ‘no sea’, sino que ‘es’ pero de una manera que no comprendemos muchas veces racionalmente.
Las palabras que se pronuncian en la consagración , provienen del texto de San Pablo que es el más antiguo: toûtó moú estìn tò sóma, ‘esto es mi cuerpo’. Aquella frase tiene tres partes. Primeramente, sóma, que el latín tradujo por corpus, cuerpo. Pero Cristo no se expresó ni en latín ni en griego, sino en arameo. Sôma traduce el arameo guph, o también basar, que significan ciertamente cuerpo, pero no sólo como parte material del hombre (es decir, no es el cuerpo como diferente del alma), sino que designan el hombre completo entero, ‘yo mismo’. En el propio griego, la palabra sôma expresa a veces el ‘yo mismo’. Entonces la frase de San Pablo habría de traducirse: ‘esto soy yo mismo’. La frase tiene un sujeto: toûtó, ‘esto’. En arameo da, en hebreo ze, significan ‘este, esto’; pero pueden significar a veces también «aquí». “Las dos posibilidades no se excluyen a mi modo de ver porque se trata siempre de ‘esto que está aquí’.” Sea cual sea la traducción que se adopte, la frase dice ‘esto (aquí) soy yo mismo’. Finalmente, en la frase griega está el verbo ser, estin. Ahora bien, en arameo y hebreo no hay cópula verbal; la frase es puramente nominal. Es esfuerzo perdido todo cuanto se ha discutido acerca del sentido del ‘es’ en la frase de la institución eucarística. Por tanto, habrá que traducir: ‘esto (aquí), yo mismo’. La frase nominal expresa la realidad misma con mucha más fuerza que la frase verbal copulativa. Cristo mismo, pues, en su propia realidad concreta, está presente en el pan consagrado.
Cristo cuando invito a comer pan, este no adquiere una realidad físico-química, no se trata de la realidad del pan en y por sí misma, sino del pan en cuanto alimento, el pan adquiere una nueva realidad que es ser alimento –como se explicó anteriormente–, donde a la harina no le va o viene ser pan, el hombre transforma la realidad, el hombre lo llama ‘pan’ para que le sirva de alimento. Un animal no come pan, sino que come harina y trigo. Por eso razonamos que Cristo no se hace presente en la harina, sino que se hace presente en la realidad del pan, como alimento. En la Eucaristía el pan es pan como alimento y no la realidad físico-química del pan. El alimento es principio de vida. Ser alimento es ser principio de vida. Por esto Cristo está presente en el pan como alimento, como principio de vida. La presencia de Cristo en el alimento significa que Cristo es principio de vida:
“Esta presencia de Cristo en el pan consagrado es real. Es decir, no es una metáfora ni un mero símbolo. Pero además la realidad de esta presencia no es meramente moral, ni tampoco una especie de virtud dinámica, sino que es realidad física. […] La frase nominal expresa no sólo el ser, sino la realidad física con mucha más fuerza que la frase predicativa. Si digo ‘tú, mi hijo’, digo mucho más que si digo ‘tú eres mi hijo’. Por esto, tratándose de lugares, la frase nominal expresa la realidad ‘aquí’. Del pan nos dijo Cristo: ‘Esto (aquí), yo mismo’. En muchos casos (y a ellos pertenece la frase que estudiamos), si hubiera que expresar la realidad verbalmente, habría que emplear no el verbo ser, sino el verbo estar. Estar envuelve una connotación de realidad física propia: ‘aquí estoy yo mismo’.”
La presencia de Cristo, dejando de lado las propiedades de la nuda realidad del pan, confiere a éste una nueva condición. Abre la unidad clausurada y total de la sustantividad del pan-alimento a una unidad superior, a la unidad de Él mismo. Entonces, el pan conservando lo que normalmente se llama sustancia, ha perdido su sustantividad y su condición y ha adquirido una condición de alimento de que antes carecía, la de ser alimento espiritual. Por tanto, la unidad del cuerpo de Cristo es ahora lo que constituye la unidad de la sustantividad del pan-alimento. Zubiri explica:
“La sustantividad del pan consagrado es así la sustantividad divina de Cristo mismo. En la consagración, al pan consagrado, en cuanto realidad físico-química, no le sucede nada, sino que pierde su anterior sustantividad alimenticia. Esta sustantividad de material que era se ha convertido, por la mera presencia real de Cristo, en espiritual, en la sustantividad divina de Cristo. La presencia real de Cristo ha cambiado la condición del pan. Por consiguiente, la conversión del pan consagrado no es transubstanciación, sino transubstantivación. Ciertamente, esto no es una ‘empanación’, porque Cristo y el pan, en virtud de la consagración, constituyen una sola sustantividad.”
Zubiri enseña que la conversión es la consecuencia de la presencia real del cuerpo de Cristo en el pan-alimento. Donde la presencia real corresponde al fundamento de la conversión. En este sentido se llega a la consecuencia de que sólo porque Cristo está presente en el pan, este pan (como sustantividad de alimento), ha perdido sustantividad material y ha adquirido sustantividad de alimento para nuestro espíritu. Es por la presencia real de Cristo en el pan que se convierte en ratione alimenti. La conversión afecta formalmente a la condición del pan.
Resumiendo de lo que se ha planteado hasta ahora es que Cristo se hace presente en el cuerpo, para que así se pueda descubrir por la fe encarnada en la razón. Cristo, por su promesa, se hace presente, queda incorporado en un nuevo sistema sustantivo, donde llega a un cuerpo, y este cuerpo es la ‘hostia’. Realizando la etimología de esta palabra, viene del verbo griego ‘hevo’, traduciéndose como nexo-unión, queriendo expresar coherencia, adherencia. La otra significación es ‘host’ o ‘hosp’, que se traduce como extraño, de afuera, de ahí viene, por ejemplo, la palabra hostal, hostería, hospital, que son lugares de acogida. Teniendo claro estos términos vemos que hostia en el significado Eucarístico, indica la presencia de Cristo, que es el lugar donde Cristo llega para ser alimento espiritual, lugar que recibe su presencia real.
2.5.2. El modo de la Presencia real
La presencia real de Cristo en el pan consagrado, tiene como objetivo que el pan sea Cristo mismo, siendo el pan su mismo cuerpo.
La transustantivación presupone la presencia real de Cristo en el pan, Cristo mismo se hace actual en el pan, en el sentido de ser cosa-sentido, donde se funda su condición, y a su vez la condición funda la actualidad de su presencia. Pero, ¿cómo es que se produce la transustantividad? Cuando se unifica la sustantividad, forma un sistema clausurado de propiedades constitucionales, llámese también esenciales (que es lo propio de cada cosa), está sustantividad puede abrirse sin romper el carácter completo de las propiedades. Está apertura es lo que hace que la sustantividad pueda cambiar a otra sustantividad, pero sin cambiar las propiedades, –en este caso lo que entendemos por pan– pasando a ser Cristo mismo, pero con la propiedades esenciales del pan (trigo y harina).
Relacionándolo al concepto de sustancia se puede decir que este cambio de sustantividad no es un cambio necesariamente de sustancia, sólo quiere decir que pierde su unidad constructa, porque se abre a una unidad de orden mayor, al orden divino: Cristo Jesús.
El modo de presencia de Cristo en el pan consagrado por transustantivación es ‘actualidad’, por tanto, se hace necesario explicar la idea de actualidad. Zubiri dice:
“Los latinos llamaron actualitas, actualidad, al hecho de que algo sea en acto lo que es. Ser perro en acto consiste en ser plenamente lo que constituye la caninidad, por así decirlo. Pero precisamente por esto yo llamo a esto actuidad: es el carácter de ser en plenitud formal la realidad que se es. En cambio, actualidad es el carácter no de ser acto, sino de ser actual.”
Diferenciando correctamente estos dos términos de actuidad y actualidad, se puede comprender lo que Jesús expresó en la ultima cena (yo mismo). El modo de presencia de Cristo en el pan consagrado por transustantividad es actualidad, esto quiere decir que es siempre el carácter de una realidad respecto a otra, siendo una presencia de algo en algo.
Respecto a la presencia, Zubiri comenta:
“Ante todo, puede ser una presencia extrínseca a la cosa real que es presente: es actualidad ‘extrínseca’. Así, los virus tienen actuidad desde hace millones de años, pero sólo en este siglo tienen actualidad, esto es, presencia actual para nosotros. Evidentemente, es una actualidad extrínseca a la realidad viral. […] Pero no siempre es así: la actualidad puede ser ‘intrínseca’ a la realidad presente. Cuando una persona se ‘hace presente’ en algún sitio o entre otras personas, su actualidad es intrínseca a la realidad de la persona en cuestión.”
La presencia intrínseca significa, que la actualidad no consiste solamente en una presencialidad ante otro, es lo que Zubiri denomino ‘presentidad’, sino que consiste en ‘estar presente’. Su actualidad no consiste en el ‘presente’ del estar, sino en el ‘estar’ per se de lo presente. La realidad misma de la persona, se hace presente, esto quiere decir, que tiene actualidad intrínseca a su realidad. La persona está haciéndose presente ‘desde’ sí misma, desde su propia realidad. Esta actualidad es resultado de un ‘hacer’. Dice Zubiri:
“Pero la persona en cuestión podría no hacerse presente. Es claro que la actualidad del hacerse presente no envuelve formalmente modificación ninguna de sus propiedades. Ciertamente, en el caso del hombre el hacerse presente envuelve una modificación de propiedades. Pero esta modificación no pertenece al estar presente en cuanto tal, sino que es solamente algo que conduce a hacerse presente. De la misma manera como los complejos procesos de la percepción no forman parte del estar presente de lo percibido en cuanto tal: los potenciales y las reacciones químicas no están formalmente en el color verde presente ante mí. Algo podría hacerse presente sin modificación de propiedades; tal es el caso de Dios.”
Pero la realidad puede ser aún más profunda, puede consistir en un estar presente que no pende de ningún hacer, sino que pertenece formalmente a la realidad de lo que está presente. No es mera presencia desde su propia realidad, sino en su realidad en cuanto realidad. Es actualidad no ‘desde’ su realidad, sino ‘en’ su realidad misma. El hombre no se ‘hace’ presente por su cuerpo, sino que su cuerpo ‘está ya’ presente en la realidad.
“La actualidad es un momento que admite un devenir. Ante todo, el devenir de actualidad no es un devenir de propiedad, pero es, sin embargo, un físico devenir: se llega a tener actualidad o a dejar de tenerla sin el menor cambio de propiedades en quien es actual: el devenir de actualidad no es un devenir de actuidad. Este devenir es un momento de la actualidad misma, no sólo por parte de aquello en que algo se hace actual, sino ante todo por parte de aquello mismo que se hace actual: es la realidad misma la que deviene en actualidad.”
Cristo se hace presente en el pan, porque al ser actual, no cambia las propiedades que componen el pan, sino de manera simpliciter es actual en la forma del pan. La actualidad además tiene una estructura propia, ya que una misma realidad puede tener diversas actualidades, porque la actualidad tiene un principio radical por el que lo real está presente. Lo real puede tener muchas actualidades, y esto se llama ulteriores, así el hombre por su cuerpo, tiene la actualidad interior de ser padre, hermano, sacerdote, etc. Posee modalidades propias que son suyas, Cristo está presente en la Eucaristía, como también en los demás sacramentos, o en una palabra inspirada de una persona a otra, etc.
Cristo toma el pan como principio de su actualidad personal aquí, y por tanto está realmente presente en el pan. Cristo está presente en el pan como actualidad y no como acto, Cristo no esta localizado o encerrado en el pan, haciéndose pan, porque tendría como consecuencia que todas las cualidades de este, al ser partidas, se repartiría las partes corporales de Cristo, cosa que es falsa. Mas no es una cuestión de sustancia y accidentes (acto), sino como actualización, sin que implique modificación alguna en sus propiedades, esto quiere decir, que, ni las propiedades constitutivas del pan cambia por la presencia de Cristo, no se trata de localización sino de actualidad de presencia.
Cristo está formalmente como actualidad desde su propia realidad personal, donde su actualidad es un estar presente real y físico, pero no es una actualidad formalmente como la nuda realidad de Cristo por sí mismo, Cristo es Cristo aun sin Eucaristía. Cristo se hace presente en sí mismo desde sí mismo, es el principio intrínseco de su actualidad, por el modo en que Él mismo quiso hacerse presente: en el pan. El principio de actualidad en el hombre –como ya se ha indicado– es el cuerpo, esto quiere decir, que es corporeidad, por ende, como Cristo es hombre, resulta que el pan-alimento como principio de su actualidad es cuerpo ‘de Cristo’. Es Cristo mismo. Su cuerpo es su ‘yo mismo’.
Cristo al tomar el pan-alimento como principio de la actualidad, queda asumido a ser principio de actualidad. Es Cristo quien es actual al pan, ‘esto (el pan aquí) es mi cuerpo’, o bien, ‘yo mismo’, como un primer aspecto, y en segundo aspecto ‘mi cuerpo es esto’, es decir, mi cuerpo (Cristo mismo, es esto aquí). Entonces se concluye que por medio de la transustantividad Cristo se actualiza en el pan.
2.5.3. El modo de presencia real del cuerpo de Cristo en el pan
Cristo toma el pan como principio de su actualidad personal aquí, y por tanto está realmente presente en el pan. Zubiri expone siete puntos esenciales en su conferencia para explicar la frase anterior. La frase dicha se abordará recurriendo a los conceptos que fueron expuestos y explicados a lo largo de todo el capítulo.
1. Presencia Actual: Cristo se hace presente en el pan como actualidad y no como acto. Esta actualización es un momento de lo actualizo en sí, que no produce cambios en las propiedades. Ni las propiedades del pan ni las de Cristo cambian por la presencia actual de Cristo en el pan. No se trata de localización, con esto se responde a la cuestión: cómo Cristo puede estar en muchísimos panes a la vez. Es una actualidad de presencia.
2. Formalidad de actualidad: Cristo está formalmente como actualidad desde su propia realidad personal. Donde su actualidad corresponden a un estar presente real y físico, que no es formalmente idéntica a la nuda realidad de Cristo per se. Cristo es Cristo sin Eucaristía.
3. Cuerpo principio de actualidad: Cristo se hace presente en sí mismo desde sí mismo. La actualidad es intrínseca a Cristo, por tanto, Cristo es el principio intrínseco de su actualidad, tomando figura de actualidad en el pan: toma el pan-alimento como principio de su actualidad. El principio de actualidad en el hombre es el cuerpo, entonces el pan-alimento como principio de actualidad de Cristo es cuerpo de Cristo.
4. Cristo toma pan: La presencia real es un hacerse presente Él mismo. Tomar es hacerse presente. Por tanto, a la actualidad de Cristo en el pan pertenece formalmente su modo de ser tomado, su modo de hacerse presente.
5. Pan principio de actualidad: Al tomar el pan como principio de la actualidad de Cristo resulta que la actualidad misma es común a Cristo y al pan-alimento: es el pan-alimento el que queda asumido a ser principio de actualidad, y es Cristo quien es actual en el pan. Por el primer aspecto: ‘esto es mi cuerpo’, es decir, ‘esto (el pan aquí) (es) el cuerpo de Cristo (es yo mismo)’. Por el segundo aspecto: ‘mi cuerpo es esto’, es decir, ‘mi cuerpo (Cristo mismo), (es) esto aquí’. Esta comunidad de actualidad es justo la esencia de la presencia real.
6. Transustantividad: Al tomar como principio de su actualidad el pan, este pasa a ser pan-alimento. Por esto que la frase ‘esto es mi cuerpo’ es la manera de decir ‘el alimento es Cristo mismo’; y ‘mi cuerpo es esto’ es lo mismo que decir ‘yo mismo soy el alimento’, es lo que constituye la transustantividad. La esencia de la transustantivación es esta actualidad del pan hecha actualidad de Cristo: es trans-actualización, donde el trans es un devenir de actualidad y no de actuidad.
7. Cuerpo es principio formal de Cristo: Es por esto que soma puede significar ‘yo mismo’. En virtud de este principio formal y radical, Cristo puede ‘extender’ su propia actualidad formal, puede modalizar ulteriormente su principio de actualidad asumiendo el pan-alimento como principio de actualidad. Es una modalización, pero ulterior: Cristo tiene su cuerpo aunque no hubiera Eucaristía. “El pan en cuanto pan-alimento no es el cuerpo formal de Cristo. Cristo, por su propia razón formal, no es pan-alimento. Lo que es modalmente idéntico al cuerpo de Cristo es el pan-alimento como principio de actualidad de Cristo. El pan-alimento como momento de actualidad intrínseca está fundado en el cuerpo de Cristo como momento formal de la realidad de Cristo. Es la misma actualidad, pero modalizada como alimento. Esta ‘extensión’ es el punto preciso del misterio eucarístico en cuanto misterio: Cristo es tan actual en el pan como en su persona, pero es actual en el pan porque ya es actual en su persona. Es una misma actualidad, pero modalizada en el pan como alimento.”
Zubiri termina diciendo:
“Que Cristo «tome» el pan significa, pues, que Cristo hace de la actualidad del pan principio de su propia actualidad. En su virtud, la presencia real de Cristo en el pan, es decir, esta actualidad común, es lo que constituye, a mi modo de ver, lo que se ha llamado presencia sacramental. La actualidad del pan en cuanto pan «significa», en efecto, la actualidad de Cristo en el pan como alimento.
“He aquí la realidad de Cristo en el pan. Es, por así decirlo, el momento esencial y radical de la Eucaristía. Pero solamente radical, porque la Eucaristía no se agota en esta presencia real. La Eucaristía es la forma suprema de la vida de Cristo en cada uno de nosotros.”
A modo de conclusión, la Eucaristía es la forma suprema del misterio de Cristo en cada uno de nosotros. Esta vida se constituye sacramentalmente sobre todo en la Eucaristía. Zubiri desde el comienzo tuvo como objetivo no decir cosas nuevas acerca de la Eucaristía, sino que conceptualizar de modo distinto las reflexiones –en nuestro caso netamente filosóficas– de la presencia real de Cristo. La vida de Cristo en nosotros es una vida que emerge de Cristo (alimento) por transustantividad, en forma de actualidad corpórea que consiste formalmente en la incorporación a Cristo.
En tratar de conceptualizar la transustantividad (la presencia ‘actual’ de Cristo) en Xavier Zubiri se recurrió necesariamente a explicar cuatro conceptos fundamentales:
a. Sustantividad
b. Realidad
c. Corporeidad
d. Cosa-realidad y cosa-sentido
Para explicar de una manera clara –no completa porque recordemos que es un misterio– es preciso ver lo que el mundo de hoy presenta como realidad, o bien que explicación científica se da sobre lo que existe, en este caso se descarta lo que es la sustancia y accidente, o el compuesto de materia y forma. Adaptándose al lenguaje actual, debemos saber que el mundo está constituido por sistemas, donde todas las cosas llevan a otras cosas. Es por eso, que de manera consciente y revisada, se expone el tema de la transustantividad, no rechazando lo que la Iglesia a puesto como dogma en su tradición, pero si ayudándola a que defienda lo que tiene por verdad.
Cristo por su propia voluntad, quiso hacerse presente en medio de nosotros, y es por eso que instauró la Eucaristía, para que su cuerpo sea alimento espiritual para nuestra vida. No sabemos cómo, sólo creemos que es así, la fe es lo que nos hace creer lo que no es posible y por medio de ella se hace posible. Jesús está presente en la hostia consagrada, por medio del sacerdote, pero por la propia voluntad de Dios.
CONCLUSIÓN
Esta tesina filosófica ha tenido la finalidad de exponer y explicar el dogma católico de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, sin contraponer ni pretender corregir el dogma que la Iglesia ha guardado fielmente a lo largo de siglos. La exposición ha tenido dos partes: a.) lo que enseña el Magisterio de la Iglesia siguiendo a Santo Tomás de Aquino; y b.) una nueva interpretación filosófica desde la filosofía de Xavier Zubiri. En esta tesina se levantan los cimientos filosóficos para poder construir –en los estudios teológicos– una mejor y completa visión sobre la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, pues no hay teología sin filosofía.
El cómo y el por qué de la presencia real de Cristo en el pan eucarístico lo desconocemos, porque se hunde en lo misterioso del misterio de la Eucaristía. Lo que se ha explicado en esta tesina ha sido el qué de la presencia de Cristo, en otras palabras, en qué consiste esta presencia, esto es lo que se puede alcanzar por la razón y ser expresado en términos inteligibles, ¿Cuáles fueron estos términos?: la transubstanciación y la transustantividad, siguiendo a dos ilustres pensadores, como son Santo Tomás de Aquino y Xavier Zubiri.
Con está tesina no se ha buscado sustituir una visión por otra ni expresar que una teoría es mejor que la otra, sino que son dos maneras de adentrarse filosóficamente al problema de la presencia real de Cristo. Se trata de dos teorías diferentes, pero no contradictorias. Entre estas dos teorías hay siete siglos de distancia.
Santo Tomás de Aquino afirmó la visión de la transubstanciación, explicando que el pan se convierte en el cuerpo de Cristo, es un cambio de substancia, no de accidentes, no es una transformación ni tampoco una transmutación, sino que es una trans-substanciación. Los accidentes permanecen sin recibir ninguna modificación. La substancia del pan deja de ser lo que era para convertirse en cuerpo y sangre de Cristo. Es un cambio a nivel metafísico que deja a la razón desorbitada. Es preciso y fundamental decir que no se debe olvidar la existencia de la fe para este cambio substancial, ya que es el motor del alma para comprender la transubstanciación. Lo que la razón llama ilusorio, la fe lo llama extraordinario, y sin ella es mejor dejar de lado esta maravillosa conversión. En la Eucaristía la forma de pan no cambia, sino que la forma de pan queda latente en la conversión. En fin, en la transubstanciación se produce por superposición de una realidad en otra, de una substancia en otra, con una nueva forma que es el cuerpo real de Cristo, quedando la forma de pan latente, y los accidentes sostenidos por Dios.
Xavier Zubiri expone la teoría de la transustantividad, dando a conocer que la conversión del pan no es una conversión física, porque físicamente no cambia nada, de modo que, es un cambio a nivel metafísico, con esto se dice que no es un cambio a posteriori, sino un cambio que va más allá, donde se debe anteponer la fe para creer y apoyarla en la razón para sustentar lo que creemos por ella. La sustantividad corresponde a las notas propias o esenciales que forman un sistema, y al formar este sistema forma una sustantividad; sacando una de sus notas, estas forman un nuevo sistema. Cuando Cristo invitó a comer pan no invitó a comer una realidad físico-química solamente, sino del pan en cuanto alimento, una realidad de sentido que es ser alimento. Por eso razonamos que Cristo no se hace presente en la harina, sino que se hace presente en la realidad del pan, en el sentido de alimento. Las propiedades del pan como nuda realidad sustantiva no cambia al constituirse alimento o al dejar se serlo, porque no se rompe la unidad sistemática de sus propiedades, sino que se abre su sustantividad clausurada y total a una unidad superior, por lo cual adquiere una nueva condición para ser cosa-sentido, haciendo una sola sustantividad. Cuando se unifica la sustantividad, forma un sistema clausurado de propiedades constitucionales, que se abre sin romper el carácter completo de las propiedades. Está apertura es lo que hace que la sustantividad pueda cambiar a otra sustantividad, sin cambiar las propiedades, entonces lo que entendemos por pan, pasa a ser Cristo, Cristo mismo, pero con la propiedades esenciales del pan.
Con estas dos visiones expuestas, no se ha aprobado ni se corregido nada nuevo, sino que se mostró que no es imposible aquel milagro de la Eucaristía, analizada desde la filosofía cristiana. No contradice a la razón, como tampoco es una cosa absurda o descabellada para la filosofía, sino que se mantiene una lógica filosófica que custodia la coherencia entre la fe y la razón, mostrando así la sensatez y la verdad del dogma de la Iglesia Católica bajo la mirada de la filosofía.
Y por último, queda por confirmar que, analizada esta tesina sin la fe en el milagro de la Eucaristía, sería poco creíble o bien se tendría por descabellada. Es por eso que vuelvo a recalcar que no debemos olvidar el elemento de la fe, porque si no todo lo que fue expuesto no tendría ningún valor para quien la lee.
La fe es el punto de partida para poder completar con la racionalidad desde la filosofía el dogma de la Eucaristía, que es el alma de la Iglesia, donde los que participan y creen este milagro se nutren espiritualmente del alimento real que Cristo nos dejó oculto en los dones de pan y de vino. Sin duda es un verdadero enigma y milagro de amor.
BIBLIOGRAFÍA
1) Primaria
TOMÁS DE AQUINO Suma Teológica (tomo XIII), parte III, q. 75: De la conversión del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo; B.A.C., (Madrid MCMLVII). Traducido por Fr. Francisco Barbado Viejo, O.P.
ZÁRRAGA, C. Adimen, Apuntes sobre la intelección y la realidad; Create Space, (Charleston 2011)
ZUBIRI, X. Reflexiones teológicas sobre la Eucaristía; (extraído del libro Adimen, capítulo: Filosofía de la Religión)
2) Secundaria
TOMÁS DE AQUINO: Opúsculos Filosóficos Genuinos, Sobre los principios de la Naturaleza; Poblet, (Buenos Aires 1947) introducción, notas explicativas y versión castellana, por el Pbro. Antonino Tomás y Ballús
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Asociación de Editores del Catecismo, (Barcelona 1993)
DENZINGER, E.; HÜNERMANN, P. Magisterio de la Iglesia; Herder, (Barcelona 2000)
GESTEIRA, MANUEL G.: La Eucaristía Misterio de Comunión; Sígueme, (Salamanca 1995)
JUAN PABLO II Carta, El misterio y el culto de la Eucaristía; Vaticano, 24 de febrero del año 1980
PABLO VI Mysterium Fidei, Encíclica sobre la doctrina y culto de la Sagrada Eucaristía, Roma, 3 de septiembre del año 1965; Sígueme, (Salamanca 1965)
RATZINGER, J. Y BEINERT, W. Transustanciación y Eucaristía; Ediciones Paulinas, (Madrid 1969)
SAYES, JOSÉ A El misterio Eucarístico; B.A.C., (Madrid 1986)
WITTHAUS, C.: Obras de Martín Lutero; Paidós, (Buenos Aires 1967)
ZUBIRI, X. Sobre la Esencia; Amor Hermoso, (Madrid 1963)
ZUBIRI, X. El hombre y Dios; Alianza, (Madrid 1988)
3) Diccionarios
FERRATER, J. MORA: Diccionario de Filosofía; sudamericana, (Buenos Aires 1969)
MÜLLER, M.; HALDER, A. Breve Diccionario de Filosofía; Herder, (Barcelona 1986)
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (R.A.E): Diccionario de la Lengua Española; Espasa Calpe, (Madrid 1992)
S. DE URBINA, J. M. PABÓN Diccionario Manual, griego-español; Vox, (Barcelona 1999)
4) PÁGINAS WEB:
J. CALVINO Institución de la Religión Cristiana; en “Cristiano Hoy”, material cristiano audio visual (Terminada de traducirse el 6 de Agosto del año 2005). Traducido y publicada por Cipriano de Valera y reeditada por Luis de Usoz y Río en 1858. www.cristianohoy.wordpress.com
ESCANDELL: Doctrina y Practica Eucarística en la edad moderna; en “Asociación una voce Sevilla” (23 de Noviembre del año 2004). www.unavocesevilla.info
ZÁRRAGA, C. Adimen: intelección y realidad, Ensayos y comentarios desde una perspectiva americana. El pensamiento filosófico hispanoamericano (diciembre del año 2008). www.adimen.com.ar
FERNÁNDEZ-URRUTIA, J. Fundación Xavier Zubiri, “Sociedad de Estudios y Publicaciones, un ámbito de libertad de investigación y pensamiento en la España del siglo XX” (año 1989). www.zubiri.net
***