EL HECHO DE LA RELIGACIÓN COMO VÍA DE POSIBILIDAD DEL HECHO RELIGIOSO EN LA FILOSOFÍA DE XAVIER ZUBIRI (Tercera parte)
Escrito por Diana Galvez el Tuesday, 9 de March del 2010 a las 8:30 pm
CAPITULO 3
RELIGACIÓN: PLASMACIÓN DE LA RELIGIÓN
A lo largo de este tercer capítulo titulado: Religación: plasmación de la religión, lo que se va a pretender, como etapa final, es abarcar finalmente el concepto de religación como momento clave en la filosofía zubiriana. Veremos, pues, cómo es que todo el recorrido del sistema zubiriano a través de la estructura de la realidad y de la realidad humana nos llevan inexorablemente al planteamiento de la religación como un carácter abierto al poder de lo real. De este modo, a partir de las dilucidaciones en torno al hombre, y su intrínseca relación con el poder de la deidad, es como podremos entrar con mayor confianza al análisis del hecho religioso y a su respectivo método, el análisis de hechos, para mostrar la originalidad en la respuesta de Zubiri hacia los grandes problemas de la filosofía de la religión.
El presente capitulo comprenderá tres apartados. El primero, titulado Zubiri y el concepto de la religión, va a presentar la génesis del concepto de religación zubiriano a la par del Ereignis heideggeriano, en donde se mostrará la influencia de la yección en el hombre al momento de la elaboración del concepto. Una vez analizada la génesis del concepto de religación, nos adentraremos a una de sus más intrínsecas características, al estudio del poder de lo real en sus tres momentos como último, posibilitante e impelente. Entenderemos cómo es que, para Zubiri, el hombre es una realidad cuya vida consistirá en construir su propio Yo por medio del fenómeno de la religión que va fundarlo y posibilitarlo.
En el segundo apartado titulado Análisis de Hechos: la religación como método. Analizaremos también el análisis de hechos como un método que Zubiri adoptará dentro de su filosofía como respuesta a varios de los problemas filosóficos de la religión. El análisis de hechos se mostrará como un método novedoso que dejará abiertas varias posibilidades para poder seguir elaborando una filosofía de la religión. Haremos un recorrido con otros métodos como el fenomenológico, critico-explicativo, analítico y la postura de la teología natural para demostrar cómo es que Zubiri intentará superar con su análisis de hechos dichas consideraciones sobre el hecho religioso. Ello, sin embargo, no quiere decir que niegue los métodos mencionados, al contrario de esto, lo que intentará es hacer una superación pero complementaria que, precisamente, los pueda fundamentar. De este modo, la religación, a partir del análisis de hechos, se convierte en una vía aceptable para estudiar y dar respuesta al fenómeno religioso.
Para finalizar, el tercer apartado, Dimensión religiosa del hombre, nos brindará una comprensión generalizada de la relación entre la realidad relativamente absoluta y absolutamente absoluta, es decir, la relación entre el hombre y Dios. Entenderemos cómo es que Zubiri empleará dichas categorías y a partir de qué finalidad lo estará haciendo. Es importante comenzar a entender cómo, para nuestro autor, el hombre podrá fundamentarse mediante la entrega intelectiva a Dios como voluntad de verdad, es decir, descubrirá cómo es que su ser formal es experiencia de Dios. Se estudiará también el acto constituyente de la religación en el hombre como plasmación de la religión. Así, se verá cómo es que la religión resulta, para Zubiri, un fenómeno natural en la realidad humana al contrario de otras teorías que la caracterizan como hechos sociales o psicológicos. La religión para Zubiri va a incluir una triple dimensión de cosmología, eclesiología y escatología que se analizarán a lo largo de este apartado. Se hará un repaso general a distintas posturas acerca de lo sagrado como principal objeto que guía al sentimiento religioso, como las de Otto, Eliade y Dilthey, anteponiendo, claro está, las respuestas zubirianas que se van a inclinar hacia una dimensión mucho más profunda y originaria que la sagrada. Llegaremos, pues, a una religión personal, propuesta por este filósofo español, en donde el hombre, como persona, se actualizará formalmente en la religación, reconociendo, así, el fundamento que posibilite su realización como sustantividad personal. En este ultimo capitulo quedará mostrada la religación del hombre como una vía aceptable hacia la religión en el hombre.
3.1 ZUBIRI Y EL CONCEPTO DE RELIGACIÓN
3.1.1 Génesis de la religación.
Al parecer, Zubiri describe el fenómeno de la religación a partir del concepto heideggeriano de Geworfenheit que se deriva del verbo werfen que en alemán singnifica lanzar o tirar hacia adelante. Heidegger propondrá, en su libro Sein und Zei (Ser y el tiempo)1 el estado de yecto como una categoría en donde el hombre está realizando continuamente proyectos, además de responsabilizarse de ellos. La existencia de aquello que arroja o yecta al humano es para Heidegger una especie de acontecimiento, Ereignis, que revela la trascendentalidad del hombre. Para este filósofo alemán, lo trascendente no será el ser, Sein, sino algo más allá del propio ser, Dasein. Para Heidegger vivimos desde el Sein, nos encontramos religados en él. Sin embargo, para Zubiri, estar yectado en el mundo no sólo significa estar arrojado o lanzado sin ninguna consideración a él, sino que, más bien, plantea una sorge, o cuidado, como la experiencia fundamental previa a lo religioso que bien puede llamarse destino o entrega.
La existencia humana, pues, no solamente está arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz. La religación- religatum esse, religio, religión, en sentido primario es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia. Por tanto, la religación o religión no es algo que simplemente se tiene o no se tiene. El hombre no tiene religión, sino que velis novis, consiste en religación o religión. Por eso puede tener e incluso no tener una religión, religiones positivas.2
Vemos, pues, que si bien Zubiri se interesa por las consideraciones heideggerianas en torno al carácter yectivo del ser humano, intenta ir más allá en su propio análisis de la religación. Considera a la religación como una experiencia fundamental que niega las postulaciones de vías causales, motor inmóvil o de razón necesaria, o suficiente, para llegar a Dios. Más bien, pretende ir más allá de estas consideraciones al profundizar en la religación como la proyección del hombre al mundo cuya iniciativa no viene de él mismo sino de fuera. La proyección será un proyecto de nos lance hacia adelante y nos fundamente como personas. Así, para Zubiri, la religación no es una dimensión que pertenezca a la naturaleza del hombre, sino a su persona, si se quiere a su naturaleza personalizada.3
En 1935, Zubiri trata especialmente el asunto de la religación en Naturaleza, Historia, Dios. Ahí va a insistir en la demostración de la existencia de Dios y sus diferentes vías de acceso por medio de la introducción al problema de Dios y la religación de la persona humana. Sus tres publicaciones El hombre y Dios, El problema filosófico de la Historia de las religiones y El Problema teologal del hombre cristiano serán de suma importancia en el tratamiento del problema de Dios. Ahí, Zubiri expondrá cómo es que el hombre se hace religioso haciéndose a sí mismo como persona. Para nuestro autor, la religiosidad ya está dada aunque el hombre ni siquiera se lo proponga, pues, con el mero hecho de ser persona, está libre a las cosas y ha de realizarse en ellas, pero, además está impelido hacia lo otro como si ello le faltara para convertirse en una realidad plena.
La religación no es sino el carácter personal absoluto de la realidad humana actualizado en los actos que ejecuta. El hombre está religado a la ultimidad porque en su propia índole es realidad absoluta en el sentido de ser algo suyo. Y en cuanto religante, la ultimidad es justo esa orla de ultimidad que llamamos deidad. No se trata de Dios como realidad en y por sí misma. Esto no lo sabemos aún. Pero sí de un carácter según el cual se le muestra al hombre todo lo real. En la religación somos viniendo religadamente de una ultimidad, de la deidad.4
La religación no es lo mismo que religión, y ello porque la religión se entiende en términos de concretud, de respuesta ante la búsqueda. La religación, en cambio se torna como una dimensión en el ámbito de lo metafísico en donde toda posibilidad de respuesta está inscrita; teísmo, ateísmo, agnosticismo, indiferentismo. De este modo, nos damos cuenta que el objeto zubiriano no es específicamente el hombre y Dios, sino más bien la realidad humana orientada a la realidad divina. Su estudio no será, pues, una valoración religiosa, moral o cristiana, sino la búsqueda de verdad religiosa en la realidad profunda de los hombres a lo largo de la historia. La verdad religiosa expresa para Zubiri el misterio dinámico de la divinidad, pues la verdad para él es la simple actualidad de lo real en la inteligencia.
El hecho de la religación es un hecho experiencial que analiza y describe la experiencia fundamental de un dato primario. No es el resultado de una reflexión teórica y especulativa sino que es el fruto de las experiencias que el hombre tiene día a día analizados mediante el logos. Sin embargo, no hay que suponer que la religación es algo que afecte exclusivamente al hombre, afecta a todo, pero sólo es en el hombre en donde se actualizará formalmente. Por ello no sólo es un supuesto ontológico de la existencia humana, sino que se presenta como una dimensión que pertenece total y absolutamente a la persona, en su tener que realizarse entre las cosas. Así, además de haber cosas, la religación nos dice que hay lo que hace que haya. De ahí la búsqueda del fundamento último del ser relativo, en dónde se pondrá la religación pondrá en marcha a la razón para precisar la índole de Dios como realidad. Por tanto, el hombre, al estar religado, no está con Dios ni en Dios, sino que está viniendo desde Dios al tener que hacer y hacerse.
Estamos obligados a existir porque, previamente, estamos religados a lo que nos hace existir. Ese vínculo ontológico del ser humano es religación. (…) En la religación estamos más que sometidos; porque nos hallamos vinculados a algo que no es extrínseco, sino que, previamente, nos hace ser. De ahí que en la obligación, vayamos a algo que, o bien se no añade en su cumplimiento o, por lo menos, se ultima o perfecciona en él. En la religación, por el contrario, no vamos a, sino que previamente venimos de.5
Zubiri no va a entender a la religación como mera vinculación, ni un mero sentimiento de dependencia, sino como una versión constitutiva y formal al poder de lo real como fundamento de la propia vida personal. Por ello, vera que la religación es a) el hecho mismo en que consiste vivir; b) algo que va a afectar formalmente a toda la realidad humana, desde los más modestos actos hasta los más elevados y, por último, c) la religación como algo básico y radical que la convierte en un hecho radical por ser raíz del ser propio de la persona. Por ello, dice nuestro autor que la religación no es un acto más del hombre, ni mucho menos el carácter de algunos actos privilegiados suyos, sino que es un carácter que va a tener todo acto por ser acto de una realidad personal.6 Más que la obligación de de hacer, o el respeto del ser, la religación hace que el hombre reconozca que existe algo que hace que haya. De este modo, nos hace patente la fundamentalidad de la existencia humana, su raíz y apoyo.
La existencia humana, pues, no solamente está arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz. La religación –religarum esse, religio, religión- en sentido primario, es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia humana. Por tanto, la religación o religión no es algo que simplemente se tiene o no se tiene.7
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3.1.2 Poder de la realidad
Llegados a este punto, es conveniente recapitular lo que hasta ahora se ha dicho sobre la estructura de la realidad humana para, entonces, podar un mayor seguimiento a la lectura de lo que Zubiri entiende como poder de la realidad. El análisis, siguiendo a Diego Gracia,8 se lleva a cabo en tres etapas. En primer lugar encontramos una realidad que no está hecha de una vez por todas, sino que poco a poco se va realizando en un sentido preciso. La realización, en Zubiri, representa la figura de la realidad que cada individuo adopta. De este modo, nos encontramos con una especie de forzosidad en donde el poder de lo real domina al hombre y lo mueve, apoderándose de él, para que se realice como persona, apoderamiento.
Al plantear los conceptos de dominancia y apoderamiento, lo que Zubiri intenta es decir que la realidad va a ejercer una fundamentalidad a partir de todas las cosas sobre la persona humana. Si bien, cuando el hombre actúa, está ejecutando una funcionalidad sobre lo real, también se va a encontrar con una determinación por parte de la realidad, y dicha determinación poseerá un carácter físico. Esta determinación física es lo que Zubiri llamara dominación. Con ello, quiere dar a entender que el hombre, además de disponer de la realidad, también se encuentra con que esa misma realidad se le va a imponer, lo dominará. El hombre, pues, no sólo va contar con la realidad a su disposición, sino que lo real se le va a imponer, necesariamente, desde su disponibilidad.9 Así, siendo la realidad dominante en cada cosa real, es lo que Zubiri, en este dominio, llamara poder.
Dominio es, pues, un carácter real y físico del dominante. Pues bien, la realidad que nos hace ser realidades personales es dominante, es lo que ejerce (digámoslo así) dominio sobre mi “relativo absoluto”. En efecto, realidad no es una especie de piélago en que estuvieran sumergidas las cosas reales. Esto sería absurdo. No hay realidad fuera de las cosas reales. Pero en estas cosas reales su momento de realidad es “más” que su momento de talidad.10
En un segundo momento, vemos que es gracias a la religación como el hombre se va a realizar como persona, lo que nos lleva al tercer momento de religación como la constitución intrínseca del hombre que se enfrenta al poder de lo real, es decir, a la ultimidad de lo real. Es así, como la religación consiste en que las cosas son de suyo y que no sólo se actualizan en el hombre por medio de la aprehensión, sino que existe cierta fuerza que se le impone para ser aprehendidas. Esta fuerza, Zubiri las va a caracterizar como última, posibilitante e impelente. Es decir, en, desde y por.
Ahora bien, como ultimidad se entiende la actualización del carácter absoluto del hombre que se haya constituido como algo suyo y que, de forma absoluta, enfrenta todo lo que le rodea. Esta ultimidad, sin embargo, no es algo que el hombre elige previamente, sino que tiene que estar para poder ser lo que es en cada uno de sus actos. Por ello la ultimidad posee un carácter fundante y, en consecuencia, un momento real. De este modo, este carácter fundante hace que el hombre no sea sólo una realidad actuante, sino que sea una realidad religada a la ultimidad. Pero, no se está hablando de ninguna cosa trascendente, sino de que la realidad es apoyo último.
Este carácter fundante hace que el hombre en sus actos no sea solo una realidad actuante en una u otra forma, sino una realidad religada a la ultimidad. Es el fenómeno de la religación. La religación no es sino el carácter personal absoluto de la realidad humana actualizado en los actos que ejecuta. El hombre está religado a la ultimidad porque en su propia índole es realidad absoluta en el sentido de ser algo suyo.11
Así, el carácter de lo real, en tanto que formalidad del de suyo, es algo ultimo en cuanto a las acciones del hombre. Lo que significa que la realidad es la ultimidad de lo real, es decir, aquello en lo que el hombre se apoya y sustenta. Pero, la realidad para Zubiri no es solamente ultimidad, sino que, además, es aquello que va a posibilitar que el hombre vaya cobrando la figura de su ser sustantivo. De este modo, entramos al segundo carácter del poder de la realidad que es el posibilitante. Este carácter va a permitir que se ejecute la realización de la persona humana. Desde aquí se despliega el hombre como el autor de sus propias acciones, en donde sus decisiones las va a basar en cualquiera de las posibilidades que tiene para hacer su vida; realizarse. El carácter de la realidad será aquello que va a constituir una posibilidad entre todas las posibilidades, por ello, toda posibilidad va a tener como fundamento la realidad como posibilitante.
Además de última y posibilitante, la realidad, para Zubiri, es impelente. Es decir, la realidad impela al hombre a que se realice, inexorablemente, en ella. El hombre se va a realizar en la realidad y por la realidad, por ello es que no puede desatenderse de ella. La realidad se le impone, no es un simple apego, sino es lo que hace que el hombre considere la vida en cuanto suya. Es por ello que no tiene otro remedio que esbozar toda una serie de posibilidades por las que deberá optar. Sus opciones formarán parte de su ser para luego darle el contenido de su personalidad. Vemos, entonces, que la realización de la persona lleva un carácter relativamente absoluto, pues hay algo que le viene impuesto por la realidad misma, el poder de la realidad como último, posibilitante e impelente. Estos tres momentos caracterizan aquello que hace ser al hombre en su constitución de realidad sustantiva.
El poder de lo real es el poder de la realidad como algo ultimo, posibilitante e impelente. Y este acontecer es experiencia manifestativa, por tanto manifestación del poder de lo real en sus tres modos. De ahí que la constitución de mi Yo, la realización de mi persona, sea una problemática experiencia del poder de lo real como algo ultimo, posibilitante e impelente.12
De esta manera se considera que el poder de lo real es fundante al apoderarse de la propia realidad humana. Sin embargo, el apoderamiento por el poder de lo real no es una relación de la persona, ya constituida como realidad y el poder que le llega de fuera, sino que el apoderamiento es un momento intrínseco y formalmente constitutivo de la realidad personal. El hombre necesita de las cosas para hacerse a sí mismo, no sólo tiene que hacerse, sino que necesita el impulso para estar haciéndose. Así es como el apoderamiento implantará al hombre en la realidad para estar constitutivamente suelto frente a aquello que de él se ha apoderado. La persona, para Zubiri no está simplemente vinculada a las cosas o dependiente de ellas, sino que se encuentra constitutiva y formalmente religada al poder de lo real.
La religación se religa al poder de lo real, y esta unidad, entre religación y poder de lo real, no es algo meramente intencional, sino que el hombre está físicamente lanzado hacia la realidad por el poder mismo de lo real. Sin embargo, la religación no es un sentimiento de dependencia incondicional, pues todo sentimiento lleva un momento intrínseco y formal de la realidad. En dicho sentimiento debe existir un momento de afección que proporcione una manera de estar en la realidad, o de lo contrario, según Zubiri, no sería sentimiento. Para él, todo sentimiento es afectante, pero esa afección es una manera de estar en la realidad.
Este apoderamiento es lo que formalmente constituye lo que he llamado religación. La religación es la realidad apoderándose de mí. Y esta religación no es un vínculo material, sino mera dominancia de apoderamiento, de un poder de lo real actualizado en mi intelección sentiente. Por tanto, la religación actualiza en mi mente el perfil del poder de lo real que de mí se ha apoderado. La religación, en efecto, es primariamente algo no conceptivo sino físico, es algo experiencial; En segundo lugar es manifestativa del poder de lo real; pero es enigmática porque no nos hace ver en qué consiste la diferencia y la unidad de esta realidad (la de cada cosa) y la realidad.13
El apoderamiento nos ligará al poder de lo real para ser relativamente absolutos. Esta peculiar ligadura es justo lo que Zubiri, llamará, religación. Así, el sujeto formal de la religación no será la naturaleza, sino la persona o, mejor dicho, la naturaleza personalizada. La religación, de suyo, va a afectar al hombre, no sólo separado de las cosas, sino que de alguna manera afectará a todo. Vemos, pues, que la persona no está vinculada independientemente a las cosas, sino que se encuentra constitutiva y formalmente religada al poder de lo real.
Ahora bien, para Zubiri es notable como dicho apoderamiento se presenta en cada cultura, de alguna u otra manera, encontrando un cierto patrón en la manifestación de poderes en cada una de ellas, sobre todo en las primitivas. Por ello, Zubiri nombró quince tipos de poderes que han dominado y abarcado un lugar en todo tipo de cultura:14 1) alto; 2) tiempo; 3) separación de formas; 4) germinación de la realidad; 5) organización; 6) futuro; 7) realidad;
vinculación en tribus, familias y naciones; 9) espacio y tiempo; 10) vida y muerte; 11) vida social; 12) destino; 13)justicia y moral; 14) lo sacralizante y, por último 15) lo perdurante. De este modo, vemos que en el análisis de las cosas actualizadas en la aprehensión, Zubiri va a descubrir el poder de lo real.
Sin embargo, el fundamento del poder de lo real se constituye como un problema para la razón, pues ella debe buscar allende la aprehensión cuál es, precisamente, este fundamento. Así, el hombre tiene una experiencia fundamental cuando se realiza en actos, así como todo acto es reflejo de una experiencia fundamental, todo acto va a ser también una actitud o respuesta al fundamento del poder de lo real. La respuesta puede tener, naturalmente, diferentes alternativas. Entonces, el hombre puede buscar, según Zubiri, el fundamento de la realidad humana o bien, el contenido del fundamento del poder de lo real. En el primero, estaríamos llegando a una realidad-fundamento del hombre, antropología metafísica) y por el otro lado, llegaríamos a la realidad-fundamento del poder de lo real, ultima, posibilitante e impelente que Zubiri llamará Dios.
La vida personal del hombre consiste en poseerse haciendo religadamente su Yo, su ser, que es un ser absolutamente cobrado, por tanto, relativamente absoluto (primer paso). Este ser absoluto es cobrado por la determinación física del poder de lo real como algo último, posibilitante e impelente (segundo paso). Como momento de las cosas y determinante de Yo, el poder de lo real es más que la realidad y, por tanto, que el poder de cada cosa real concreta (tercer paso. Pero el poder de lo real se funda esencialmente en la índole misma de la realidad. Luego este poder está fundado en una realidad absolutamente absoluta, distinta de las cosas reales, pero en las cuales, por serlo, está formalmente constituyéndoles como reales. Esta realidad, es, pues, Dios (cuarto paso).15
Entendemos, pues, que el hombre es una realidad personal cuya vida va a consistir en hacer física y realmente su propio Yo. La persona humana necesita realizarse como persona apoyada en el poder de lo real, sólo en y por ese apoyo es que, para Zubiri, la persona puede vivir y ser; es lo que llamará el fenómeno de la religación. Así, Zubiri considerará al poder de lo real como el carácter fundamental de la realidad, es, para él, un poder que religa al hombre en la realidad y la forzará, ultima, posibilitante e impelentemente a lo que, posteriormente, denominará como Deidad. Se trata, pues, pura y simplemente de actualizar ante nuestra mente esto que es el poder de la deidad – el poder de la realidad en cuanto tal- en su condición de dominante, como último, como posibilitante y como imponente.16
En capítulos anteriores vimos que la Deidad no es Dios, sino que representa más bien a la realidad intramundana como poderosa y religante. El poder de la deidad también poseerá tres caracteres los cuales serán el primordium de toda religión positiva: a) acatamiento o adoración de la realidad última; b) la poderosidad como fuente de distintas posibilidades que el hombre tiene para realizarse y c) en cuanto posibilitante, la realidad ultima será cosa-sentido. Así, como veremos más adelante, la religación será el primordium de los momentos esenciales de la religación.
3.2 ANALISIS DE HECHOS: LA RELIGACIÓN COMO MÉTODO
3.2.1 Análisis de hechos: Método zubiriano
La filosofía de la religión zubiriana, aborda críticamente problemas tales como la idea de Dios, la experiencia religiosa, la historia de las religiones y la posición del cristianismo. Pero, si bien, nuestro autor se hace cargo de los grandes temas del estudio filosófico de la religión, la novedad en su manera de abordarlos es cualitativa frente a otros estudios del hecho religioso. La novedad de su método, naturalmente, tiene que ver con la novedad de su filosofía de la inteligencia sentiente en donde deja abiertas las posibilidades para poder elaborar una nueva filosofía de la religión.
La trilogía sobre la inteligencia sentiente fue escrita con la pretensión de realizar un análisis de hechos y no una construcción teórica. De este modo, la aprehensión primordial trata acerca de hechos y no de teorías. Recordemos que la filosofía primera, para Zubiri, no es una construcción racional, sino más bien análisis de hechos cuyas finalidades son el distinguir entre las realidades que se exhiben por sí mismas y aquellas que requieren la mediación de otras. Es una descripción física que nada tiene que ver con las teorías de hecho sobre la intelección. Estos hechos son, para Zubiri, la fuerza de la realidad, el poder de lo real y, por tanto, la religación humana. Se podría considerar como un método que apunta a un ámbito de la fenomenología de la religión, lo que llevaría a la elaboración de una definición universal de religión y que, a la par, posibilitaría una cierta neutralidad hermenéutica.
El análisis de hechos es un método que, para Zubiri, compete al momento del logos pues éste se va a ocupar de inteligir lo actualizado en el momento en el campo de la aprehensión. Por ello, el método zubiriano no pretende ser una teoría, pues ésta sería más bien una tarea que competería a la razón, pues ella es la que intenta averiguar cómo es que son las cosas allende a la aprehensión. De esta manera, el análisis de hechos es una tarea propia del logos, que se encarga de describir, mediante sus recursos conceptuales, aquello que será actualizado en la aprehensión de la realidad humana. De ahí que el logos vaya a acontecer como algo decisivo, que la razón sólo va a recibir mediante él y que es lo que Zubiri llamará como evidencia.
La evidencia, para Zubiri, no es otra cosa que la exigencia con la que, por ejemplo, el color del papel que está ante mí requiere ser inteligido como blanco. Por supuesto, esta exigencia se produce siempre respecto a un elenco concreto de conceptos que he recibido del pasado. Ésa es la verdad de la hermenéutica. Pero, respecto a ese elenco de conceptos, se produce una evidencia. Y esta evidencia se produce solamente respecto a aquello que está actualizado en la aprehensión, y no respecto a lo que las cosas podrían ser respecto a esa aprehensión.17
Vemos, pues, que el análisis de los hechos va a ubicarse en las evidencias. Dichas evidencias van a referir a hechos actualizados en la aprehensión. Zubiri, sin embargo, aclara que, cuando hablamos de hechos, no necesariamente se hace referencia a los hechos científicos, pues no sólo se refiere a algo presente en la intelección y que, por lo tanto es accesible a cualquiera. No lo es porque, un hecho científico, se apoya dentro de un sistema de conceptos previos que la misma ciencia aporta.
En cuanto al problema de Dios se refiere, Zubiri va a partir del hecho de la religación, como el acontecer mismo de toda la realidad en el hombre, como una vía que no es ni cósmica, ni antropológica, sino que parte de una consideración ulterior que es un hecho, el hecho mismo del vivir del ser humano. Este hecho es, para Zubiri, algo observable que no necesita de previa investigación. No se encuentra allende a la aprehensión, sino que se halla en la poderosidad que ejercen las cosas reales en la realidad humana. De este modo, Zubiri va a proponer un planteamiento de Dios que logre tomar como punto de partida un análisis de hechos que se encuentre inmediatamente actualizado ante la aprehensión humana, en lo inmediatamente dado. Es decir, Zubiri propone el análisis de la religación como un momento constitutivo de la realidad humana.
En análisis de hechos, por consiguiente, se posiciona en la primera fase del problema teologal del hombre al tratarse, como ya mencionamos, de la aprehensión primordial como análisis factual, no como una teoría, cuya experiencia, o marcha intelectiva, culminará sucesivamente en la plasmación de la religión y la deiformidad del hombre. La vía de la religación tiene como ventaja, mostrar la existencia del problema de dios antes de encontrar cualquier otro tipo de respuestas. Poner de manifiesto un verdadero problema, el problema de Dios, como momento constitutivo de la realidad humana, es, para Zubiri, una cuestión de esencial importancia.
El mero enunciado del tema indica ya que se trata de movernos dentro de un análisis de la realidad humana en cuanto tal, con vistas al problema de Dios. Pero es menester evitar de entrada un equívoco que pudiera ser grave. No se trata, en efecto, de hacer de la realidad humana objeto de consideración teológica, entre otras razones más hondas porque esto sería ya dar por respuesta la realidad de Dios. Toda consideración teológica es en este punto pura y simplemente una teoría. Todo lo importante e incluso verdadera que se quiera, pero pura teoría. En cambio, lo que aquí buscamos en una análisis de hechos, un análisis de la realidad humana en cuanto tal, tomada en y por sí misma. Si en esta realidad descubrimos alguna dimensión que de hecho envuelva constitutiva y formalmente un enfrentamiento inexorable con la ultimidad de lo real, esto es, con lo que de una manera meramente nominal y provisional podemos llamar Dios, esta dimensión será lo que llamamos dimensión teologal del hombre. 18
3.2.2 Métodos de la filosofía de la religión
Ya vimos que Zubiri va a proponer su propio método para explicar el hecho religioso en la realidad humana. Pero, si bien, este método se va a distinguir de otros tantos, no por ellos se cierra ciegamente respecto de esos resultados. Por el contario, este filósofo intentará integrar y comprender los demás métodos, como el fenomenológico, analítico, critico explicativo y la teología natural, para lograr proporcionar una visión total de la experiencia religiosa en la realidad humana. El presente subcapítulo abordará dichos métodos en contraste con el método Zubiriano.
Los enfoques más representativos dentro de la filosofía occidental se han dividido básicamente en tres grupos. El primero, inicia en Grecia, acentuándose en la Edad Media con la teología natural. Así, partiendo de la naturaleza, de la experiencia sensible, se intentó probar la existencia de Dios utilizando principios, como las cinco vías de Sto. Tomás de Aquino, del orden del universo y causalidad. Ahora bien, la modernidad arrojo nuevos enfoques y con filósofos racionalistas como Leibniz se dio paso a la teodicea como una teoría del acceso divino por medio de la razón y no de la naturaleza. A este argumento le siguieron nuevas representaciones, siguiendo el orden racionalista, de filósofos como Descartes y Hegel. Sin embargo, una tercera vía se inicia a partir de la mitad del siglo XVIII estableciéndose como filosofía de la religión. Diego gracia, en su ensayo titulado Zubiri y la experiencia Teologal,19 define que en esta tercera vía ya no se trata de llegar a Dios por la vía de la lógica, sino que habría que pensarlo tras la consumación y la conmución de la racionalidad occidental. El problema de Dios, tras la frase nietzscheana, en donde la filosofía occidental, entendida como platonismo, se había acabado, debía plantearse de modos distintos. De esta manera, se insertaron nuevos empeños en el estudio del fenómeno religioso haciendo de la religión ya sea una pura intuición personal, según Schleiermacher, o un fenómeno psicológico, según Freud.
En un primer momento, Zubiri se insertó en un esfuerzo fenomenológico para estudiar el fenómeno de la religión. Dentro de este contexto, se instaló en teorías en filosofías como las de Rudolf Otto, Heiler y Heidegger. A partir de ellos propondrá la elaboración del tema de Dios como una edificación de la metafísica. Sin embargo, más adelante, él mismo propondrá un nuevo método de estudio de lo religioso que pueda hacer frente, precisamente, a las problemáticas de un saber metafísico frente a la negación de éste. Entenderá que lo religioso no se va a situar ni en el ámbito del sentido, no de la idea de lo Santo, según Otto, sino en el poder de lo real y de la religación humana a ese poder. La religación o específicamente el análisis de hechos, será para Zubiri una nueva metodología que sirva a la filosofía de la religión en su búsqueda de fundamentación. Habrá que decir, antes de hacer un estudio de cada metodología en comparación con la Zubiriana, que nuestro autor no niega del todo las otras metodologías, sino que, más bien las intenta complementar e incluso justificar con matices previos que logren hacer que continúen sus estudios con fundamentos más sólidos.
El problema de Dios queda así situado al más alto nivel de su tiempo. El tema de Dios no queda silenciado, sino radicalmente inserto en la existencia, y en definitiva, en la realidad. Es un intento de superación global de Heidegger que Zubiri intenta con su filosofía. Es aquél movimiento que va a través de la fenomenología del pensamiento al pensamiento del ser y la realidad. El mundo externo, que remite a la fenomenología, va a constituir el paradigma sobre el que Zubiri conciba y exponga la religación.20
Ahora bien, para poder sustentar el hecho de la religación como método viable en la investigación filosófica de la religión, es importante conocer otros procedimientos que han sido fundamentales en dicha tarea. Antonio González, en su ensayo titulado Aproximaciones a la Filosofía zubiriana de la religión,21 analiza cuatro métodos medulares en los que Zubiri se vio en la tarea de criticar, complementar e incluso superar a partir de la religación. Lo que se intenta es comprender las problemáticas generales a las que se ha enfrentado la filosofía de la religión y sus respectivos métodos de estudio, en particular los aquí mencionados. Se pretende comprender cómo es que Zubiri hace un intento por justificar el diálogo y estudio filosófico anteponiendo el hecho religacional como punto de partida al hecho religioso.
1).- Fenomenología de la religión:
Ciencia de la religión que surgió en el siglo XIX como una inquietud de estudiar el hecho religioso como un objeto formal y de esa forma preciar su naturaleza. Es conocida la existencia de dos tradiciones filosóficas distintas en el origen del término fenomenología. La primera es gérmanica y tiene su origen en J.H Lambert (1728-1777)22 desembocando en la fenomenología de Husserl como un método propio y rigurosamente filosófico en donde dicho estudio abarca la idea de intencionalidad de la conciencia y la puesta entre paréntesis acerca de la verdad de aquello descrito, en donde lo sagrado figura como un ámbito de la realidad o un mundo vital (lebenswelt). La segunda corriente es anglosajona y entiende la fenomenología como la descripción detallada de los hechos como un paso previo a la investigación científica. De acuerdo a esta corriente, encabezada por autores como E.O. James, G. Widengren, N. Smart y K.Rudolf, el fenomenólogo religioso va a insistir en una descripción sistemática de los hechos y en la necesidad de la comparación de datos, es decir, de historias comparadas de las religiones en donde las circunstancias culturales distinguen los diferentes hechos. Si bien la fenomenología de la religión no tiene por que poner en existencia la realidad de la religión al establecer cierta neutralidad en la posición en cuanto la existencia del objeto: La fenomenología de la religión en un saber puramente descriptivo y no normativo. Trata de establecer qué hechos son verdaderamente religioso, pero no decide si esos hechos religiosos son verdaderos.23
En este punto Zubiri indica que si bien la fenomenología ha de pretender comprender el sentido de las vivencias religiosas se necesita de un análisis de hechos previos para que esto ocurra. Al parecer la fenomenología ha ignorado el ámbito que Zubiri propone, y este es que la realidad tiene una ponderosidad que religa al hombre, siendo esto un hecho universal, anterior a todo sentido religioso. Así, el sentido general que la fenomenología propone mediante diferentes sentidos religiosos pueden quedar referidos más bien a un hecho radical que todo sentido; la religación. Las ventajas de este planteamiento son dos: 1) no se necesita una sensibilidad especial del analista al hecho religioso, ya que se sitúa en un ámbito accesible para todo estudioso y 2) es una dimensión accesible a un análisis de la realidad tal como se actualiza en aprehensión primordial.
Para la fenomenología las cosas eran el correlato objetivo y ideal de la conciencia. Pero esto, aunque oscuramente, siempre me pareció insuficiente. Las cosas no son meras objetividades, sino cosas dotadas de una propia estructura entitativa. A esta investigación sobre las cosas, y no solo sobre las objetividades de la conciencia, se llamó indiscernidamente ontología o metafísica. Así la llamaba el propio Heidegger en su libro Sein und Zeit. En esta etapa de mi reflexión filosófica la concreta inspiración común fue ontológica o metafísica. Con ello la fenomenología quedó relegada a ser una inspiración pretérita.24
2).- Filosofía Analítica de la religión:
También llamado positivismo lógico se caracteriza por someter al análisis lógico las proposiciones religiosas. En casos directos como el de Anthony Flew se reduce lo religiosa a un lenguaje carente de sentido, considerando dicha problemática como incongruente y sin validez vital. Por otro lado Russell afirmaba que existían tres clases de afirmaciones religiosas: históricas, de hecho y de carácter doctrinal. Para este filósofo el análisis debe ahondar el significado, antes de manejarlas como si fueran formulas matemáticas o lógicas.25 Sin embargo, la importancia de la verificación es clave en los analistas pues a partir de ellas se puede admitir como falsas o verdaderas. El norteamericano Ayer admitía que no podemos ir más allá del conocimiento proporcionados por las impresiones o datos de los sentidos.
Zubiri señalará al respecto que la religión no será cuestión de significado, sino que su raíz se situará en algo más radical: el ámbito de la religación el cual se constituye como anterior al lenguaje de lo religioso. En este punto zubiriano es que se puede situar un nuevo panorama al problema del referente de los enunciados de índole religiosa. Para Zubiri la religación es un hecho positivo que, es decir, un hecho actualizado de la aprehensión (aprehensible por cualquiera).
3).- Métodos críticos y explicativos:
Este método se basa partir de especializaciones históricas determinadas para explicar la multiplicidad de matices y modalidades humanas, es un método compuesto a base de interpretación y datos históricos. Ejemplo de esto son las teorías psicológicas de Freud o las sociales de Marx en donde el primero se explica el hecho religioso como una neurosis obsesiva de la realidad y el segundo como compensación de las injusticias sociales, es decir, intentan buscar un fundamento religioso más allá de nuestra aprehensión. Zubiri intenta integrar el análisis del hecho religioso a las distintas teorías explicativas, pues para él la religión no es una cosmovisión sino una plasmación. Así el fundamento no se verifica en su capacidad de totalidad sino en la capacidad de fundamentar el hecho de la religación, concepto suficientemente abierto a la experiencia.
La religión es histórica ante todo y sobre todo porque la religión es la plasmación de la religación. La plasmación es, como dije, la información de la entrega del hombre a la realidad divina por la fe, o el carácter concreto de la fe por la entrega del hombre a la realidad divina. Es la plasmación de una religación que constitutiva y formalmente tiene la persona humana, por el poder de lo real, en punto a constituirse su Yo sustantivo, su relativo ser absoluto.26
4) Teología Natural:
Disciplina que intenta evidenciar a la razón afirmaciones esencialmente religiosas y que se compone de dos creencias básicas: La creencias de un ser supremo que ha creado o diseñado el mundo y al que llamamos Dios; y la creencia en la inmortalidad del alma. Boyer afirmaba que la teología natural es una parte de la metafísica definida como la ciencia de Dios. Tal como puede alcanzarla la razón natural. Barth, por su parte, niega la teología natural pues para él ésta disminuye la soberanía absoluta de Dios, el cual no puede ser medible por categorías humanas, todo lo que de él podemos saber es por revelación, otorgamiento gracioso al hombre.27 El universo religioso consta de dos polos, Dios y el hombre. La historia de las religiones muestra las oscilaciones de la relación. Hegel señaló que la teología natural sólo se ocupaba del primer polo que nosotros hemos señalado, en cambio la filosofía de la religión se abre al segundo polo, el hombre.
El sujeto formal de la religación es la naturaleza personalizada. Estamos religados primariamente no en cuanto dotados naturalmente de ciertas propiedades, sino en cuanto subsistentes personalmente. Por esto, mejor que de religión natural, hablaríamos de religión personal.28
Zubiri, de algún modo recuerda cuestiones de la escolástica tradicional al intentar mostrar la realidad de Dios y culminar en una indagación sobre las características del Dios cristiano. Para nuestro autor, tanto el hombre como Dios serian realidades situadas en un mismo plano, el primero una realidad absolutamente relativa y el segundo una realidad absolutamente absoluta. Sin embargo, su planteamiento tiene marcadas diferencias con la teología natural. Zubiri ve una clara insuficiencia en los conceptos helénicos que hablan sobre Dios, pues rechaza que el término de ser se identifique con el de Dios. Si bien, dentro de la teoría zaubiriana, Dios se sigue pensando en términos de realidad, hay que tener en cuenta que lo que realidad no es un concepto universal, sino que se mantiene con una formalidad de apertura que no permite limitaciones conceptuales. No se niega, entonces, la alteridad de Dios al ser una realidad personal que puede dominarse. La critica bartheana no recae en la estructura zubiriana, pues éste acepta la alteridad de un Dios con características absolutamente absolutas.
[…] el poder de lo real no es real sino fundado en una realidad-fundamento, la realidad absolutamente absoluta respecto de la cual mi realidad personal, hecha con el poder de lo real, religada a él, es una realidad tan solo relativamente absoluta. La persona humana, por la estructura misma del poder de lo real al que se encuentra religada, se halla, en efecto, remitida a una realidad fundante, a una realidad-fundamento, esto es, a una realidad absolutamente absoluta. En cuarto lugar, este poder es una trascendencia de Dios en las cosas. Dios no es una cosa que está allende las cosas mismas, ni es tan solo una especie de causa eficiente, como natura naturans, que subyace a todas ellas. Es, a mi modo de ver, algo más elemental anterior a toda teoría: es Dios trascendente en las cosas; no es trascendente a las cosas, sino trascendente en las cosas. Y entre ellas trascendente en la persona humana. Y ahí es donde comienza nuestro problema.29
Así, con la delimitación de los métodos que la filosofía de la religión ha utilizado a lo largo de la historia, para entender y estudiar el sentido y fenómeno religioso, entendemos, pues, que la filosofía de la religión se torna como una disciplina filosófica que tiene como objetivo esclarecer la naturaleza, el sentido y su valor con el resto de las culturas mediante el hecho religioso y la valoración de otras teorías críticas que ha dado a lugar. Ahora bien, más allá de los métodos mencionados, será, para Zubiri, el análisis de un hecho, el hecho de la religación el que dé la respuesta al hecho religioso. Analizar y definir dicha propuesta metodológica, inserta en el estudio de la filosofía de la religión, es el motor del siguiente apartado.
3.3 DIMENSIÓN RELIGIOSA DEL HOMBRE
3.3.1 Realidad relativamente absoluta y realidad absolutamente absoluta
Como ya hemos visto, el problema de Dios es algo que se encuentra dado, inevitablemente, en la manera en que la persona humana es tal persona. Esto es así porque la persona humana es una realidad constitutivamente abierta y, por tanto, tiene que encargarse de hacer su Yo desde la realidad en la que es persona.30 Ahora bien, en una de esas dimensiones del hacerse es donde la realidad se va a manifestar como el fundamento ultimo, posibilitante e impelente en la vida del hombre. La realidad personal, pues, no sólo será una realidad de suyo, sino que también será una realidad suya, lo que hará que, en este sentido, sea una realidad absoluta.
Sin embargo, para Zubiri, la persona no va a hacer su ser desde sí misma, sino que será por medio de la realidad que funde ese ser. De modo que, en ese sentido, se convertirá una realidad relativamente absoluta que estará religada inexorablemente al poder de lo real. De este modo, Zubiri va a reiterar que dicha religación será un hecho, y como tal se puede analizar o describir, pero lo que no se podrá es probar la existencia de esa realidad, pues en ella el hombre se encontrará siempre.
Al simple análisis sobresale que el hombre es una realidad que tiene que realizarse, está in fieri; aunque sea absoluto en oposición a cada otra realidad, todavía lo es relativamente, porque se forma y configura en relación estructural con y en la realidad, a la que está estructuralmente abierto. Cada realidad, en efecto, es simultáneamente tal realidad (talidad) y real simpliciter (formalidad). No es la talidad (contenido), sino la formalidad que está formalmente abierta como realidad, que es respectiva. Por eso, apertura, respectividad, suidad, son aspectos transcendentales de lo real como tal (formalidad).31
El hombre, al apoderarse del poder de lo real, en la forma libremente elegida, va a cumplir la experiencia fundamental en donde Dios es trascendente a las cosas. La persona, por su parte, será formal y constitutivamente experiencia de Dios. Si bien, las diferencias entre el hombre y Dios resultan abismales, la persona humana se va ir conformando a él en la experiencia fundamental de la religación. La forma de apoderamiento del absoluto, por parte del hombre, no será sólo una simple intelección de, sino una realización experimental de la realidad propia en Dios. De este modo, Zubiri, sistemáticamente, presentará a Dios como realidad absolutamente absoluta y al hombre como realidad relativamente absoluta; Dios es realidad fundamental y el hombre queda en el plano de ser un animal de realidades.
Una vez fundamentado esto, Zubiri va a descubrir una tensión teologal, la cual significará la necesidad del acceso a Dios por la que el hombre ha de construir su Yo como relativamente absoluto. Por ello es que no se anula la radical diferencia entre el hombre y Dios, pues existe una tensión teologal por la cual, como el hombre no es Dios, es Dios quien está haciendo que no sea Dios y que este no ser Dios sea un modo de ser en Dios.32 Ahora bien, esta estructura no va a suponer una delimitación sino, precisamente la constitución de la tensión teologal en donde se devela en el hombre algo divino que lo lleve a la realidad absolutamente absoluta. Por tanto, Dios es, para Zubiri, la realidad absolutamente absoluta que hace ser al hombre un relativo absoluto. De este modo, la esencia de la religión es, precisamente, la tensidad teologal entre el hombre y Dios. Y será la inquietud la expresión humana de dicha tensión, pues el hombre se encuentra inquieto por que su Yo consiste formalmente en una tensidad con Dios. Para Zubiri, la inquietud tensiva de la constitución del Yo es la forma concreta como el hombre se encuentra en su ser, que es el Yo, religado a la realidad relativamente absoluta.
Como el acceso al fundamento es problemático, el hombre decía, ha de justificar su modo de acceso. Para nosotros, la justificación intelectiva del fundamento del poder de lo real es la que nos lanza a nosotros mismo por una ruta que lleva a la persona humana (esto es, de una persona relativamente absoluta) a una realidad absolutamente absoluta: es lo que entendemos por realidad de Dios. El hombre encuentra a Dios al realizarse religadamente como persona. Y lo encuentra en todo el ámbito de poder de lo real; por tanto; en todas las cosas reales y en la propia persona (la cual vehicula también en sí misma el poder de lo real). El poder de lo real consiste entonces justamente en que las cosas reales sin ser Dios ni un momento de Dios, es decir, su realidad de Dios ad extra. Por eso, decir que Dios es trascendente no significa que Dios es trascendente “a” las cosas. El apoderamiento de la persona humana por el poder de lo real es entonces un apoderamiento del hombre por Dios. En este apoderamiento acontece la intelección de Dios. De ahí que toda realización personal humana sea precisa y formalmente la configuración optativa del ser humano respecto de Dios en mi persona.34
El hombre es absoluto, según Zubiri, respecto a las demás realidades en virtud de su propia autoposesión personal, pero esta autoposesión estará fundada en la realidad y por tanto, como ya lo hemos reiterado, no será totalmente absoluta. En cambio, Dios, por ser fundamento de la realidad, sí será absolutamente absoluto. Éste carácter de lo absoluto en Dios Zubiri lo ha alcanzado gracias a la vía de la religación. Dios, cómo absolutamente absoluto, va a servir a los propósitos zubirianos de lograr postular ciertos caracteres a la realidad divina; como su unicidad, dinamicidad y fundamentalidad. Ahora bien, como realidad absolutamente absoluta se ha de afirmar que, en primer lugar, no puede haber más que un solo Dios. Así, la línea de la supremacía va de la realidad relativamente absoluta a la absolutamente relativa. En segundo lugar, esta realidad absoluta, en tanto que fundante, va a tener una conexión esencial con el mundo, no en el sentido de que forme parte de de esa realidad, sino en el sentido de que Dios le está haciendo ser lo que es, como naturan naturans. De este modo, el hombre será una realidad relativamente absoluta que exija una realidad absolutamente absoluta, Dios. El fundamento dinámico que es Dios, en cuanto donante de la propia realidad del hombre, constituye la respuesta humana en su estar haciéndose.
Será así como la vida de la persona humana adquiera, desde Dios, una fundamentación de su realidad y su propio ser. Desde Dios, como experiencia donante de la propia realidad, la persona se va a comprender de una manera finita de ser absoluto, una manera finita de ser Dios. De este modo, la tensión teologal se convertirá en entrega, una entrega que consistirá en la aceptación de lo divino en la persona misma y en cuya experiencia irá descubriendo que Dios se encuentra en la existencia cotidiana. En esto va a consistir la entrega a la realidad personal de Dios, que para Zubiri será fe, en tanto sea verdadera o, como él la llama, una entrega intelectiva a Dios como voluntad de verdad. El hombre, en su entrega intelectiva va a descubrir que su ser formal será experiencia de Dios, la cual consistirá en ser persona como modo de experiencia de Dios.
Al tratar el problema de Dios mostré, desde el análisis del hombre que va haciendo su personalidad, cómo se desemboca en la realidad inexorable de Dios, frente a la cual, por un proceso que no es puramente intelectivo pero sí de fe, se admite la existencia de ciertos caracteres es ese Dios […] El hombre está constitutivamente religado al poder de lo real, y es llevado religadamente a la intelección de la realidad absolutamente absoluta que, como señalé entonces, tenía tres caracteres: es personal, es una y es trascendente. A esta realidad personal que aparece en el fondo de toda realidad y, más perceptiblemente, en el fondo de la persona humana, se entrega el hombre. Y la entrega a una realidad personal en tanto que verdadera, es justamente lo que temática y formalmente llamamos fe.35
Por tanto Zubiri muestra que el poder de lo real, que se muestra en la religación no se puede fundar en ninguna de las cosas reales, sino en una realidad absolutamente absoluta. Se constata, entonces, que la vía de la religación conduce a una realidad absolutamente absoluta, la cual será el fundamento del mundo, entendido éste como la unidad de las cosas reales, no tanto por sus propiedades, sino por su carácter de realidad. Gracias a ellos podernos decir que el carácter absoluto de la persona se va a ver enriquecido por el trascurrir de Dios en ella, por su dimensión teologal. El carácter relativamente absoluto de la persona va resaltar la dignidad del personalismo zubiriano al suponer que, individualmente, cada persona se encuentre posibilitada para realizarse por medio de una realidad fundamentante.
3.3.2 Religación como plasmación de la religión
La plasmación en religión, para Zubiri, constituye un acto personal del hombre. No es algo arbitrario, sino natural, lo cual significa que la religión es algo natural desde el punto de vista del seguimiento de la religión en cuanto tal. Zubiri va a aceptar que el hombre está constitutivamente vertido a la deidad por medio de la religación. Sin embargo, sabemos que la deidad es algo misterioso que se encuentra presente en las cosas. A través de ese misterio, el hombre, por tanto, va poder ir accediendo por causes distintos a la divinidad. Es así, que la verdad de la religión, es decir, la verdad en tanto religiosa, es pura y simplemente el acceso a la divinidad por el misterio de la deidad. La plasmación de la dimensión teologal del hombre en la totalidad de sus dimensiones, será lo que se entenderá como plasmación de la religión; religión es la plasmación de la religación. Y en ella se va a expresar una visión de Dios, del hombre y del mundo, la cual tendrá múltiples formas a lo largo de la historia. No olvidemos que, para Zubiri, el hombre es un ser histórico, y que su realización se ha concretado en diversas religiones como formas objetivas de relacionarse con la divinidad. La historicidad de la religión será, en Zubiri, la marcha del hombre hacia la fundamentalidad de su ser sustantivo. Es la búsqueda y el tanteo por el que la religación de una manera histórica se va plasmando en religión.36
Se trata de una plasmación de la religación. Y la religación, como he mostrado anteriormente, es una dimensión constitutiva y formal de la persona humana es tanto que tal. De ahí que lo primero que hay que decir de esa plasmación es que constituye un acto personal del hombre. Indudablemente la plasmación no es un acto arbitrario. Es un acto al que el hombre está llevado por la religación. Y en este sentido muy genérico puede decirse que la plasmación de la religación en religión es justamente algo “natural”. Por lo tanto natural no significa que la religión sea natural en el sentido de que exista una cosa llamada religión natural. La religión natural no tienen existencia ninguna como no la tiene tampoco el derecho natural […] No hay religión natural sino solamente religión personal, de la misma manera que no hay religión natural sino que no hay más que religación personal.37
Al hacer filosofía de la religión, Zubiri dejará en claro que para él lo religioso no será algo caracterizable por lo institucional, lo psicológico o lo sagrado, sino por el ámbito mismo de la religación, como actitud radical del hombre, en donde la plasmación de ésta será, concretamente, lo que en términos zubirianos constituiría la religión. Ahora bien, toda religión en cuanto cuerpo social va a constar, para nuestro autor, de una cosmología que responda a la pregunta de cómo se ha formado el mundo; a una eclesiología que tenga una visión de aquellos que constituyen la unidad de los creyentes y escatología que dé respuesta a las realidades últimas del hombre y del mundo. De modo que la religión, personalmente vivida como un cuerpo social, va a tener una teología que incluirá una triple dimensión de cosmología, eclesiología y escatología que van a presentar a la plasmación como inexorable y necesaria de la religación. En este sentido, para Zubiri la religión es una plasmación que por su propia índole de la religación.38 Sin embargo, el que para Zubiri la religión tenga un cuerpo social, no por ello hemos de confundirla como un hecho social al modo de la teoría sociológica de Durkheim.
Teo- cosmología, eclesiología y escatología son momentos de toda religión, no por azar ni por reflexión humana, sino porque son una florescencia primordial de unidad radical en que la religación consiste. Esta religación no es lo que se ha llamado religión natural, porque al emplear esta expresión no se dice qué se entiende por natural, o a lo sumo se entiende que natural es una tendencia que brota naturalmente de la naturaleza humana.39
La crítica hecha por Zubiri a la religión como un hecho social, propuesta por Durkheim, se basa en la negación de que ésta sea, en primer lugar, un sistema de prácticas y obligaciones en las que el hombre se encuentra cuando nace y, en segundo lugar, que, además de ser una institución, sea una institución que se imponga como toda institución social. Para Durkheim, las imposiciones serán un sinónimo de presión efectiva de lo social. Nada más lejos del pensamiento del filósofo español. Por ello, Zubiri hará grandes omisiones en la visión de Durkheim y le cuestionará en dónde deja la realidad de los actos individuales, además de sostener que está confundiendo la forma de la religión con la religión misma. La presunta obligatoriedad de las obligaciones religiosas que Durkheim refleja en su teoría, es para Zubiri algo más atenuado, más sutil que presión u obligación, será la religación que consecuentemente tendrá su plasmación en religión.
La presunta obligatoriedad de las obligaciones religiosas dimana precisamente de la fuerza con que la religión se impone a los individuos que creen en ella y a sus fieles. Y sin embargo, esta fuerza no es una presión u obligación. Es una sutil cosa distinta, que es precisamente lo que he querido expresar desde el comienzo de estas páginas con la palabra religación. El hombre está religado. Y la plasmación de esta religación continua siendo religante para el hombre. Pero la religión no es ni obligación ni presión. Es mucho más que obligación, y está en un nivel infinitamente más sutil, pero más aprehensible que la llamada presión social.40
Al no ser una obligación, vemos cómo la plasmación de la religación se dará en las distintas religiones, y va a servir, incluso, para entender posturas diversas como respuesta a un problema real planteado en la dimensión teologal del hombre. Por lo tanto, si la religión, según Zubiri, no es obligatoria y se da de modo natural, nos preguntamos, entonces ¿qué pasa con aquellas personas que no tiene religión? Dentro de la filosofía zubiriana se va a afirmar que el no tener religión se puede entender como no tener religión positiva. Para nuestro filósofo, quien no tiene religión al menos tiene una posibilidad de fe. No tener religión no es algo natural, sino más bien una opción tan real y positiva como creer en un Dios trino. De esta forma, la plasmación de la religión es un acto personal que se va a prolongar en la religación como un acto inexorable. Para Zubiri, como ya lo dijimos, la diversidad de religiones serán las distintas formas históricas en que el hombre se relaciona con la divinidad. De este modo, las vías para llegar a Dios serán muy diversas y representarán los distintos modos en que la entrega, es decir, la fe, se va a concretar.
De ahí que eso de no tener religión hay que tomarlo cum grano salis: hay ateísmos que se presentan precisamente orlados con todos los predicados que la teología tradicional ha atribuido precisamente a Dios. Y es que el que no tiene religión vive al menos de una opción de la fe. Porque el no tenerla no es precisamente un estado natural: es una opción […] No nos hagamos ilusiones, el no tener religión no es como el no tener buen oído, o no tener buena vista. Es una opción real y positiva como puede ser el ser budista o el ser católico o el ser musulmán. En este sentido, la plasmación significa, por lo pronto, un acto personal que prolonga de manera más o menos inexorable esto que llamamos la religación.41
Por tanto, para Zubiri, además de la religión como institución, se encuentra la vía religiosa que cada individuo lleva dentro. La actitud religiosa no es una actitud más en la vida, sino que es la actitud radical y fundamental con que se pueden vivir todos los hechos y procesos en la vida. Sólo así, en este sentido, es como puede decirse que toda religación se plasma en religión. Pues la religión va a consistir en vivir todos los actos de la vida dentro de la dimensión de la entrega a la divinidad, es decir, en una fe. Todo aquel que tenga religión va a entender que su religión es verdadera. De una u otra forma, toda religión va a envolver un intrínseco momento de verdad: la verdad de la religión en la deidad, en tanto que plasmada precisamente en una divinidad.42
3.1.3 La religión para Zubiri
En el apartado anterior vimos que Zubiri rechaza la idea de la religión43 como un hecho social, a la manera de Durkheim. Para nuestro autor, la fuerza de lo religioso no se va a identificar con la presión social porque, justamente, es algo previo a lo social.44 De este modo, os actos, tanto individuales, como sociales, van a tener que recaer sobre un objeto específicamente religioso. El mismo Durkheim reconoce esto y señala que dicho objeto es lo sagrado. Ahora bien, esta visión de la religión como dominio de lo sagrado va a postular que lo específico de la religión es lo sagrado y que ella se va a definir por oposición temática y polar entre lo sagrado y lo profano. R. Otto 45 caracterizó lo sagrado como un valor objetivo que llamó numinoso, de numen. Lo numinoso representó para este filósofo a) lo tremendo, estremecedor; b) lo enérgico, fuente de la vitalidad y de movimiento; c) mysterium tremendum, lo misterioso y c) los fascinante, no sólo será maravilloso, sino que también es prodigioso, lo prodigioso atrae, pero también asusta.
El contenido cualitativo de lo numinoso – que se presenta bajo la forma de misterio- está constituido de una parte por ese elemente antes descrito, que hemos llamado tremendum, que detiene y distancia con su majestad. Pero, de otra parte, es claramente algo que al mismo tiempo atrae, capta, embarga, fascina. Ambos elemementos, atrayente y retrayente, viene a formar entre sí una extraña armonía de contraste. Este contraste armónico, este doble carácter de lo numinoso, se descubre a lo largo de toda la evolución religiosa. Por lo menos a partir del grado de pavor demoníaco. Es el hecho más singular y notable de la historia de la religión. En la misma medida que el objeto divino-deminíaco pueda aparecer horroroso y espantable al ánimo, se le presenta otro tanto como seductor como atractivo. […] El misterio, no sólo es para él maravilloso, sino además admirable; de suerte que, al efecto del numen que conturba y trastorna los sentidos, arrebata, hechiza y a menudo exalta hasta el vértigo y la embriaguez.46
Por su parte, Mircea Eliade, en su tratado de Historia de las religiones 47, plasmó el análisis de Otto al caracterizar lo religioso como aquello que posee el valor de lo sagrado, en donde el objeto de la religión va a ser siempre una manifestación de lo sagrado: una hierofonia. Eliade le da significado a este término al decir que consiste en el hecho de que una realidad natural, de cualquier clase y especie, sin dejar de ser lo que es, se haga presente para determinadas personas como una realidad enteramente otra y sumamente valiosa de lo sagrado. Las hierofonías van a revestir formas variadas, puesto que todo aquello con lo que el hombre se ha relacionado a través de la historia han reproducido una estructura común, la de hacer visible lo sagrado bajo la forma de una realidad mundana. Es así como lo sagrado, para Otto, Eliade y otros pensadores como filósofos como Schleiermacher, Söderblom y Dilthey, será la clave para la interpretación de lo esencial en el fenómeno religioso y va a expresar el contenido que los historiadores han descubierto a partir del estudio y comparación de las diferentes religiones. De este modo, la religión, pues, tendría su centro, no en la referencia a Dios, sino por su referencia a lo sagrado.
Zubiri, empero va inclinarse por una dimensión más originaria y profunda que la sagrada. Pará él el acto por el que se nos va a presentar lo sagrado no va a ser, como suponía Otto, específicamente por medio del sentimiento, indudablemente para Zubiri existen actos religiosos volitivos y actos religiosos intelectuales, sin embargo, lo religioso no es cuestión de unos actos volitivos, sentimentales o intelectivos, sino que es una relación del hombre entero.48
Aquí, plasmación significa que se trata de la forma concreta en que individual, social e históricamente, el poder de lo real se apodera del hombre. Plasmación es, pues, forma de apoderamiento. Esta plasmación es religión en el sentido del vocablo: religión es plasmación de la religación, forma concreta del apoderamiento del poder de lo real en la religación. Religión no es actitud ante lo “sagrado”, como se repite hoy monótonamente. Todo lo religioso es ciertamente sagrado; pero es sagrado por ser religioso, no es religioso por ser sagrado. Como plasmación de la religación que es, la religión tiene siempre una visión concreta de Dios, del hombre y del mundo. Y por ser experiencial, esta visión tiene forzosamente formas múltiples: es la historia de las religiones. Pero la historia de las religiones no es catálogo o museo de formas coexistentes y sucesivas de religión. Porque aquella experiencia es, a mi modo de ver, experiencia en tanteo. Por tanto, pienso que la historia de las religiones es la experiencia teologal de la humanidad tanto individual como social e histórica, acerca de la verdad última del poder de lo real, de Dios.49
La propia historia de las religiones ha mostrado los distintos caracteres del poder de la realidad. Para Zubiri, el poder de la deidad es un poder trascendente, un poder del tiempo como mensura viva de la realidad. Es también un poder de separación de formas y germinación de la realidad; el poder que se cierne sobre la vida y la muerte. De tal modo, hablar de la historia de las religiones es entonces hablar de una experiencia individual, social e histórica de la humanidad acerca del fundamento ultimo del poder de lo real, Dios. Como bien sabemos, las religiones y su historia han sido una de las mayores preocupaciones dentro del estudio zubiriano. Él no sólo se conformó con aprender de la historia, sino que se involucró activamente con los métodos y actividades de la misma. En El problema filosófico de la historia de las religiones Zubiri pretende reflexionar, precisamente, sobre el hecho de la historia de las religiones. Más allá de hacer un análisis comparativo de las distintas religiones, lo que intenta es hacer una síntesis intelectiva del hecho religioso en su conjunto para, luego, abordarla dentro de su estudio filosófico, lo que llamará una vía intelectual-filosófica a Dios. Es así como nace una serie de tratados filosóficos en donde expondrá a la religión como plasmación de la religación y donde resaltará el carácter de Dios como absolutamente absoluto que fundamentará a la persona en su constitución de relativamente absoluta.
El que el espíritu humano tenga religión no es objeto de nacimiento histórico, sino que es algo constitutivo: es la plasmación de la religación en religión. Pero sobre el nacimiento de las religiones en su diversidad no conocemos casi nada.50
Con esto queda asentado que la esencia de la metafísica de Dios, en primera instancia, es ser realidad absolutamente absoluta, es decir, una realidad en y por sí misma plenaria en cuanto realidad. Tenemos, también, que es una realidad única, ya que es la realidad-fundamento de las cosas reales en tanto reales. Dentro de la perspectiva zubiriana, la unicidad no va a tener un carácter numérico, sino transnumérico. Por último, la realidad absolutamente absoluta es una realidad de absoluta concreción, es decir, no va a ser realidad concretizada, sino absolutamente concreta. La concreción no va a ser constituyente de la realidad relativamente absoluta, por el contrario, será un absoluto que, en cuanto absoluto, hará brotar en sí mismo la concreción de lo absoluto.
Dice Zubiri que el absoluto es relativo porque es un absoluto cobrado. ¿Qué significa aquí cobrado? En cada uno de los actos que el hombre ejecuta, define, precisa y concreta la manera de ser relativamente absolutos; esta concreción viene impuesta por las cosas reales. Entonces ¿ser un absoluto cobrado significa que es un absoluto que ha sido y es definido concretamente por imposición de la cosa real? Pero a continuación se afirma que la manera de ser concreto es vivida por la persona como inquietud, como problema porque el hombre no sabe cómo ser absoluto de forma concreta.51
Ahora bien, la manera en la que el hombre tendrá acceso a Dios será por medio de la entrega. Esta será una actitud y una acción positiva interpersonal que va ir formalmente dirigida desde la persona humana hacia la persona de Dios. La entrega del hombre a Dios va a poseer tres momentos: a) como acatamiento, pues entregarse a Dios es ir hacia Él como realidad absolutamente última; b) como súplica, ya que es una entrega a Dios como supremo posibilitante y c) como fortaleza, puesto que el hombre se entrega a Dios como impelencia suprema. En este triple aspecto de Dios, religante como realidad divina, va a transcurrir, para Zubiri, el acto unitario y simple que es la entrega de la persona humana a la persona divina. De ahí se sigue que entregarse a la persona de Dios es entregarse a la propia configuración. La fe en Dios es la entrega a la trascendencia de la realidad humana a su propia persona. La fe, como entrega, envuelve la realidad entera y concreta de la persona que se entrega. Para Zubiri, no es una simple marcha de la inteligencia de la persona a la divinidad, sino una entrega total del hombre a Dios, no ya como religación, sino en la forma concreta de religión. En el fondo, el problema de la verdad de una religión va a remitir a una experiencia racional aunque no por ello racionalista, que va a incluir, como dimensiones intrínsecas, la entrega a Dios, a los demás y a la relación interpersonal.
El hombre está constitutivamente ligado religado al poder de lo real, y es llevado religadamente a la intelección de la realidad absolutamente absoluta que, como señalé entonces, tenía tres caracteres: es personal, es una y es trascendente. A esta realidad personal que aparece en el fondo de toda realidad y, más perceptiblemente, en el fondo de la persona humana, se entrega el hombre. Y la entrega a una realidad personal en tanto verdadera es justamente lo que temática y formalmente llamamos fe.52
En todo caso, vemos que Zubiri está, en cierto modo, siguiendo la propuesta de religión vital ofrecida por su maestro José Ortega y Gasset . En un ensayo titulado De la religión de la vida a la religión personal 53, Jesús Conil-Sancho pone de manifiesto cómo es que la teoría ortegeana acerca de una concepción vitalista de la religión se verá plasmada subsecuentemente en la teoría de la religión personal propuesta por Zubiri. Ahora bien, según Ortega, el elemento vital básico en el que se alimentará la cultura será la emoción religiosa. Dicha emoción emergerá del hombre respetuoso que piense en el mudo como un problema, una incógnita que precisa de resolución. El hombre respetuoso se va a caracterizar por tomar la vida como cosa seria, es un hombre que se encuentra íntimamente religado. Quienes, según Ortega, se toman la vida con frivolidad y le faltan al respeto a aquello que se encuentra a su luda y encima de él, serán los verdaderos faltos de religión.54
Ortega admite que la religión tiene que ver con el cuidado de la vida. Para él, el hombre siente y reconoce que no está sólo, que existen realidades superiores a él con las cuales no podría ser. Zubiri, por su parte, va a retomar la concepción ortegeana sobre la religión al exaltarla como una sensibilidad ante las cosas y como una confianza en la elevación moral del hombre, además de asumir a la vida como proyecto y vocación personal, como lo manifestaba su maestro Ortega. Zubiri va a seguir, hasta cierto punto, la orientación vitalista de su maestro, no obstante, hará su propio despegue filosófico que lo llevará a su teoría de la religión personal. Como ya vimos, la vida del ser humano es personal y sólo en ella se actualizará formalmente la religación, la cual consistirá en el reconocimiento de un fundamento que posibilite la realización de la realidad humana como sustantividad personal.
Sin duda Zubiri es un filósofo con una amplia formación teológica-cristiana, por tanto, no es de extrañar que sus preocupaciones filosóficas tengan una marcada preocupación religiosa. Lo importante de su obra es entender cómo es que logra hacer la conexión entre ambas disciplinas. Es verdad que nuestro autor preferirá la filosofía ante todo, pero también es cierto que su filosofía madura va a inclinarse por varios conceptos teológicos, abriendo un nuevo horizonte de pensamiento en el que la teología pueda tener un lugar digno dentro del estudio filosófico, al menos como problema.
El desarraigo de la inteligencia actual no es sino un aspecto del desarraigo de la existencia entera. Solo lo que vuelva a hacer arraigar nuevamente a la existencia en su primigenia raíz puede establecer con plenitud el noble ejercicio de la vida intelectual. Des antiguo, este arraigo de la existencia tiene un nombre preciso: Se llama religación o religión.56
NOTAS
1. HEIDEGGER, Martin. El ser y el tiempo. FCE. México, 2003
2. NHD 429
3. NHD 430
4. NHD 356
5. NHD 428
6. NHD 411
7. NHD 429
8. GRACIA, Diego. Religión y Religación en Xavier Zubiri. En Luis Farre: Filosofía de la religión. Losada. Buenos Aires, 1969.
9. GARCÍA, Juan José. Poder de lo real y Kairos en la filosofía de Xavier Zubiri. Universidad de Montevideo. Montevideo, Uruguay. En The Xavier Zubiri Review, Vol. 5, 2003, pp. 107-115
10. HD 86
11. NHD 411
12. HD 129
13. HD 109
14. GRACIA, Diego. Religión y Religación en Xavier Zubiri. En Luis Farre: Filosofía de la religión. Losada. Buenos Aires, 1969.
15. HD 149
16. PFHR 52
17. GONZÁLEZ, Antonio. La vía cósmica hacia Dios según Xavier Zubiri. Madrid, España. En The Xavier Zubiri Review, Vol. 7, 2005, pp. 91-107. Pág. 94.
18. HD 371
19. GRACIA, Diego. Zubiri y la experiencia teologal: La difícil tarea de pensar a Dios y la religión a la altura del siglo XX . En: Patricio Brickle: La filosofía como Pasión, Homenaje a Jorge Eduardo Rivera Cruchaga en su 75 cumpleaños. Trotta, Madrid, 2003, pp. 249-263.
20. MELERO MARTINEZ, José María. Tesis doctoral: El problema teologal del Hombre en Xavier Zubiri. Universidad de Murcia, 2008. Pág. 173
21. GONZÁLEZ, Antonio. Aproximaciones a la filosofía zubiriana de la religión. BP 265-282
22. VELASZO, Juan Martin. Fenomenología de la religión. En la edición de Manuel Fraijó, Filosofía de la Religión. Trotta. 1994. Pág. 67-87
23. Ídem Pág. 71
24. NHD 14
25. FARRE, LUIS. Filosofía de la religión. Losada S.A. 1969. Pág. 43
26. PFHR 191
27. FRAIJÓ, MANUEL. Filosofía de la Religión. Trotta. 1994. Pág. 87
28. PFHR 430
29. HD 307
30. Hacer mi Yo es constituir mi realidad en la figura de mi ser, esto es, hacer que mi realidad sea realitas in essendo.
31. SAVIGNANO, Armando. La dimensión teologal del hombre en Xavier Zubiri. Universidad de Trieste. Trieste, Italia. En The Xavier Zubiri Review, Vol. 8, 2006, pp. 5-16
32. HD 134
33. HD 363
34. HD 376-377
35. PFHR 85
36. PFHR 365
37. PFHR 87-88
38. PFHR113
39. PFHR 57
40. PFHR 91-92
41. PFHR89
42. PFHR 124
43. Lingüísticamente es más acertado buscar el significado de religión en re-legere que en re-ligare el vocablo del vocablo latino correspondiente religio. –Atendiendo a su etimología, religión significa un constante re-volver-se, un cuidadoso y concienzudo considerar algo. Aquello en torno a lo cual gira la consideración debe merecer este esmero, y aun exigirlo, conforme a su dignidad. Cual sea este ser, podría indicarlo la otra interpretación del término religión. BRUGGERS, Walter. Diccionario de filosofía. Herder. Barcelona. 1995. Pág. 475
44. GUDIEL GARCIA, Hugo Caín. La fe según Zubiri: Una aproximación al tema desde la perspectiva del problema teologal del hombre. Pontificia Universita Gregoriana. Serie 136. Roma 2006. Pág. 188
45. OTTO, Rudolph. Lo Santo. Revista de Occidente. Madrid, 1965.
46. Ídem. Pág. 54
47. ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Paidós. Barcelona, 1998.
48. PFHR 28
49. HD 377
50. PFHR 168
51. BARROSO FERNÁNDEZ, ÓSCAR. Reconstrucción genético-estructural de la antropología de Xavier Zubiri. Revista de Filosofía UI, publicación 112. 2005. Pág. 111
52. PFHR 85
53. CONIL-SANCHO, Jesús. De la religión de la vida a la religión personal. Universidad de Valencia. Valencia, España. En The Xavier Zubiri Review, Vol. 8, 2006, pp. 93-101.
54. Inspirado en cierta etimología, Ortega interpreta este sentido religioso del respeto como cuidado. Religio, según Ortega, no viene de religare, de estar atado, pues sería el adjetivo el que conserva la significación original: religiosus quiere decir escrupuloso, el que no se comporta a la ligera, sino cuidadosamente.
55. NHD 50
CONCLUSIONES
Nos vemos instados a repensar las problemáticas occidentales marcadas por las relaciones entre la voluntad, la racionalidad y la libertad. El tratamiento filosófico que le demos requiere el seguimiento de una línea que tome en cuenta las tensiones históricas entre la inteligencia y la sensibilidad, y al mismo tiempo supere esta cuestión. A raíz de esto, se justifica la importancia de la mostración del sistema zubiriano como un estudio de la estructura de la realidad en cuanto tal que, inexorablemente, nos remite a la estructura de la realidad humana y su inseparable concepto de religación. Como pudimos observar, la inserción de dicho concepto en la filosofía de Zubiri responde a la necesidad de fundamentar el carácter de la realidad humana como intrínseca búsqueda de su realización personal que viene forzada por la existencia de un poder de la realidad que le impele e inquieta a dicha realización. Tenemos, entonces, que la realidad es un hecho experiencial que nos permite elegir entre múltiples posibilidades de realización, además de presentarse como un enigma en la búsqueda del hombre por su fundamentación. De este modo, la religación, al mostrarse como poder de la realidad, también se presenta como un hecho de carácter experiencial e indudable, pues cada hombre experimenta así mismo el poder de lo real al no tener más remedio que vivir en la realidad.
Las valiosas aportaciones zubirianas tienen que ver con los principales problemas de la metafísica occidental como Dios, hombre y mundo. Sus reflexiones nos acercan, en primera instancia, a una valoración histórica de dichos problemas para luego enfrentarlos en un dialogo con la actualidad. De tal forma que la teoría zubiriana de la dimensión teologal del hombre se plantea como un problema actual, pues nos sumerge de manera directa o indirecta al problema de Dios como respuesta de la búsqueda que el hombre ha lleva a cabo mediante la inexorable tendencia hacia su realización.
Las posibilidades de la realización personal pueden, o no, llevar a una creencia positiva, sin embargo, queda abierta la posibilidad de establecer un estudio en la relación del hombre con su realidad y con la realidad de Dios, además de ser capaces de mantener un diálogo de tolerancia entre las todas las religiones al encontrar en la religación un punto de unión y apertura.1 Al plasmar la religión a través de la religación Zubiri intenta explicar la existencia de las religiones al concluir que Dios resulta una realidad de carácter fundante, ultimo e impelente.
Hablamos entonces de la religación como la estructura de la función trascendental de la realidad personal la cual hace hincapié en el complejo proceso que la personalidad del humano debe llevar a cabo para obtener lo que de suyo la liga a una maduración y realización de su personeidad. La personalidad lleva a cabo la actualización que es menester de la función trascendental. Se es persona en la medida en que se vive, la personalidad es la máxima simplicidad que para Zubiri se conquista a través de la complicación de la vida. Es decir, cada persona tiene que alcanzar su modo de realización y, a partir de aquella serie evolutiva, tanto en la dimensión exterior como interior de maduración, se irá configurando metafísicamente.
De este modo, al caracterizar la religación zubiriana como un poder de la realidad que fuerza al hombre a su plena realización personal, el hombre se encuentra religado a la realidad del mundo, realidad donde acontece, formalmente, el problema de Dios. Es decir, religados al problema teologal. Pero ¿dónde queda la libertad en esta realidad religante?
La libertad,2 para Zubiri, va más allá de la mera arbitrariedad de los actos u opciones del hombre en el mundo. Consiste, más bien, en cómo es que determinamos y hacemos nuestra la atracción de la realidad. El hombre es libre en la realidad en cuanto tal. Podemos hablar entonces de una libertad de y una libertad para. La libertad es, en un primer sentido, libertad de y su raíz no se encuentra en el intelecto o en la voluntad, sino en su carácter de inconclusa, en donde el hombre queda libre para poder seguir existiendo y realizándose en sí mismo e indeterminado frente a los demás.
El hombre puede ser libre de determinadas coacciones, de determinados impulsos, del peso de una atracción que no es reflexiva sino recibida rutinariamente, etc. Liberarse de esto en una o en otra medida es lo propio de un aspecto de la libertad, que es la libertad de.2
Ahora bien, la libertad en sentido de liberación de algo que oprime al hombre nos lleva a la reflexión zubiriana de que existir implica liberarnos de las cosas, distanciarnos para después lograr un entendimiento de ellas y poder cambiarlas, hablamos de libertad para. El hombre está libre para ser una forma de realidad frente a otra realidad, ser sí mismo. De este modo, para Zubiri, la experiencia de ser libre en la realidad se encuentra en la experiencia radical de Dios. En la religación subsiste la experiencia de la propia filiación divina. El hombre existe por la religación y es ella quien le confiere libertad, libertad interior de la vida que se implanta y constituye al hombre en el ser como persona. De esta manera, el fundamento de la libertad descansa, para Zubiri, en Dios y la religación. Gracias a ello el hombre constituye su persona propia, su propio ser. La libertad no solamente es divina porque es una propiedad de Dios, sino porque además es el modo de hacerse a sí mismo divinamente.3
El hombre queda posibilitado y con total libertad de dar cuenta de la realidad, dar sentido, contenido y explicar lo que la realidad realmente es. Sin religación, más aún, sin una personeidad que la posea, no hay libertad, pues si no perteneciéramos al poder de lo real, aquello que nos fuerza a hacer nuestro ser, entonces no tendría sentido hablar de libertad. Sería una libertad contenida en la nada. La vigencia de la teoría zubiriana de la religación radica en los estudios de la libertad del hombre como hecho, y no como simple teoría, en la realización personal que implica la importancia de la aprehensión de la realidad mediante una inteligencia sentiente. El problema de la realidad, entonces, va a quedar delimitado en la relación de la apertura del hombre con las cosas reales.
La libertad será, pues, libertad-de-la-ejecución-de un acto en el cual el hombre se posee a sí mismo siendo libre frente a la acción de Dios. La realidad libre es una libertad querida que implica un acto de volición y una apropiación de posibilidades. Este acto libre tenderá siempre a la completud de aquello que se quiere alcanzar, lo que nos notifica de una tendencia del hombre hacia la búsqueda del bien y la felicidad. El hombre, al formar la figura de realidad que desea, tiene como meta la felicidad y el amor como momentos de voluntad. La fruición será entones, para Zubiri, la unidad de los tres actos de la voluntad como el amor, determinarse a y la prolongación del amor en el tiempo. Cada acto humano es darse a la realidad y apropiarse de ella y según el compromiso que cada hombre tenga con ella la fruición será mayor y, por lo tanto, la figura de su realidad más exitosa. Es así como se entiende una libertad gradual, no única, que va a depender de las posibilidades con las que el hombre se vea enfrentado en su día a día. La apropiación de posibilidades va a depender de los ámbitos en los que el hombre se encuentre, y según cada ámbito de realidad elevada, que se consiga por el esfuerzo y la habitualidad, el hombre logrará una mayor libertad de amplitud en el campo de posibilidades. Es decir, el hombre será más libre en cuanto más posibilidades tenga dentro de su constitución de estar abierto a sí mismo.
También, en el ámbito ético, hablamos de una libertad para qué en donde se justifican los actos de la libertad. Aquí se plantea el problema de si se avanza o retrocede en el ámbito de las posibilidades. Cada acto de libertad le proporcionará mayor libertad al hombre. La cuestión es si él mismo va a proyectar su figura de realidad entre grandes ámbitos de la realidad o si sólo los dejará dentro de pequeños niveles de libertad. Es por ello que la posesión de un proyecto en el que el hombre se encuentre inserto puede hacer que e sea fructífero, que se mantenga en un modo elevado de la vida y, por ende, con mayor libertad.
El hombre es dueño de sí mismo y entre más lo sea, mayores posibilidades tiene de actuar en la realidad. Por ello, es importante destacar la necesaria presencia de la verdad en el carácter de la realidad humana pues, el hombre, al tener un phylium, es decir, al poseer una estructura genética que lo condiciona a la realización de su persona, se verá enfrentado a las cosas, por medio de la inteligencia sentiente, para juzgar su propia realización. La moral, pues, será un problema para la razón humana puesto que los deberes van a surgir de la propia realidad del hombre. Para Zubiri, la concreción de la moral será la apropiación racional de las posibilidades del hombre en la búsqueda de su felicidad, en donde penden los deberes y la índole misma de su realidad. Si bien, para nuestro autor, ningún contenido moral podrá agotar las posibilidades de realización del ser humano, no por ello existirá un relativismo en la verdad de las justificaciones de tales actos, pues, así como existe una realidad que va a dar razón a lo alcanzado por el hombre, por medio de la inteligencia sentiente, también ésta va a dar razón de la bondad de una acción humana que posibilite una verdadera justificación de actos.
.
NOTAS
1.- A propósito de esto, véase KÜNG, Hans. Hacia una Ética mundial. Trotta. Madrid, 1994. La propuesta de Küng se concentra en la búsqueda de un cambio de mentalidad al buscar fundamentos mínimos que compartan diferentes religiones, personas y sociedades. Va a proponer una nueva ética, del Siglo XXI, los puntos convergentes entre las diferencias.
3.- HD, 329
4.- PTHC, 251
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
- ARISTÓTELES. Metafísica; edición trilingüe por Valentin Garcia Yebra. Gredos. Madrid, 1970.
- CAPELLE, Wilheim. Historia de la filosofía griega/ versión española de -Emilio Lledó. Gredos. Madrid, 1992.
- GAVILÁN, Juan. El legado de Ortega. Sarría. Málaga, 1998.
- HEIDEGGER, Martin. Introducción a la fenomenología de la religión. FCE. MÉXICO, 2006.
- HUSSERL, Edmund. Invitación a la fenomenología. Paídos. Barcelona, 1992.
- HUSSERL, Edmund. Problemas fundamentales de la fenomenología. Alianza Editorial. Madrid, 1994.
LEEUW, Gerardus van der. Fenomenología de la religión. FCE. México, 1964
- MARGUERZA, Javier. Del sentido a la realidad: estudio sobre la filosofía de Zubiri/ pról. De Diego Gracia. Trotta. Madrid, 1995.
- MARÍAS, Julián. Historia de la filosofía; pról. De Xavier Zubiri; Epílogo de José Ortega y Gasset. Alianza. Madrid, 1998.
- MUÑOZ ORTIZ, Diego. Mientras vivamos podemos esperar: pensando dede Xavier Zubiri. Edit. Torres Asociados. México, 2005.
- ORTEGA Y GASSET, José. ¿Qué es filosofía? Revista de Occidente en Alianza Editorial. Madrid, 1998.
- QUILES, Ismael. Filosofía de la religión. Espasa- Calpe Argentina. Bs As- México, 19—
- SÁDABA, Javier. Lecciones de la filosofía de la religión. Monadori. España, 1989.
- SAN MARTÍN, Javier. Fenomenología y cultura en Ortega: ensayos de interpretación. Técnos. Madrid, 1998.
- WEINBERG, Julius Rudolf. Breve historia de la filosofía medieval. Cátedra. Madrid, 1987.
DICCIONARIOS
- BUNGE, Mario Augusto. Diccionario de Filosofía. Siglo XXI. México, 2001.
- CENTROS DE ESTUDIOS FILOSÓFICOS DE GALLARTE. Diccionario de filósofos. Eds. Riodunuero. Madrid, 1986.
- HERDER, Diccionario virtual de Filosofía.
- FERRATER MORA, José. Diccionario de Filosofía. Ariel. Barcelona, 1999.
- FERRATER MORA, José. Diccionario de grandes filósofos. Alianza Editorial. Madrid, 1986.
- REAL ACADEMÍA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua castellana. Imprenta de don Manuel Rivadeneyra. Madrid, 1869.
SITIOS DE INTERNET
- Fundación Zubiri: http://www.zubiri.net/
- Zubiri en América: http://www.adimen.com.ar/
- The Xavier Zubiri Fundation of North America: http://www.zubiri.org/
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